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POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA1 / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

ÉPALE266-PICHONES 3El plato emblemático del Beirut (disculpe la reiteración en el cuadrito de los precios y los horarios) tiene —contiene— una ración precisa y generosa de carne cruda y preparada, rociada con aceite de oliva y media docena de hojitas de menta (¿o yerbabuena?); un platito lleno de cuartos de limón, cuartos de cebolla y un ají dulce, inocente y sonrosado le guarecía, asegurándose que combinara —como combinan los vientres cuando golpetean y no te importa; como armonizan las miradas cuando se descruzan, literalmente, en la iglesia antes de ir por vez primera, porque siempre hay una primera vez— con la ÉPALE266-PICHONES 1crema de garbanzos y el tabule, llenando de colorido la mesa segura (porque si usted quiere estar segura de que la comida va a ser sabrosa, pues es seguro irse hasta el Bar Restaurant Beirut) de comida sabrosa…

Estoy escribiendo enredado. No voy a aclarar porque ya sabemos lo que pasa.

ÉPALE266-PICHONES 2Otro intento:

Rafael Chehade se encarga del lugar y piensa en voz alta, recostado de la barra: “Voy a hacer un quesillo”. Minutos antes, me hablaba orgulloso de un delicioso postre de nueces: el mamul. “No están las fotos, pero se ve el polvo de azúcar cayendo sobre el mamul”. Chehade se refiere a la galería de fotos profesionales y provocativas que se recorre mientras se sube por las brevísimas escaleras. “¿Tienes una foto del dulce por dentro?”. Y casi que mientras negaba, Enrique fotografiaba y así, de este modo, usted tiene algo parecido a una exclusiva: el divino interior del mamul de nueces; tal vez empiecen a aparecer exclusivas en la edición de los viernes del diario Ciudad CCS. ÉPALE266-PICHONES 4“Mira, ya salió una bandeja”. Lo dijo con sorpresa, porque el restaurante, ese mediodía, tenía menos comensales que de costumbre. El Beirut es uno de esos sitios que han resistido, manteniendo el buen humor, el buen ambiente y la buena comida. “Te reto a que consigas una comida de igual calidad y con mejor precio (se queda pensando un rato) ¡en toda Caracas!”. Por supuesto que hablaba de comida libanesa. Chehade, me da la impresión, extraña aquellos tiempos de creación en una pastelería que ya no existe. La guerra económica también ha herido a la gente que se encarga de la gastronomía caraqueña, que es la libanesa,ÉPALE266-PICHONES 6 la portuguesa (sigue resistiendo, Salvador), la coherente (Artesanos en la casa), la solidaria, la achocolatada (épale Domingo: con cariño), la sifrina, la rústica, la literaria y, en general, la ecléctica gastronomía caraqueña que es todo eso y más y que se reinventa (¿ya comieron en El Congreso?) cada día para no tropezar con el “tanto nadar para morir en la orilla”que anda acechando en cada tropiezo que nos damos.

Hay que curar, también, a esas heridas.

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