En busca de el dorado

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

No se sabe si fue por desesperación o por supervivencia que surge en el imaginario histórico el mito de una ciudad totalmente cubierta de oro y llena de riquezas. Lo que es cierto, es que esa gran mentira les permitió a los indígenas burlar así fuera por un rato las ambiciones desmedidas de los invasores.

El cine y la literatura se han encargado de retratar esta historia. Por ejemplo, en la novela  Cándido, o el optimismo, de Voltaire, relatan cómo el protagonista y su comitiva llegan a El Dorado para convertirse en esclavos de los indígenas. La película Fitzcarraldo, de Werner Herzog también ilustra los delirios de riqueza de un europeo en la Amazonía peruana.

Se dice que la leyenda de El Dorado tuvo lugar en Colombia. Juan Rodríguez Freyle, fue el primero en hacer reseña de sus hallazgos en el libro: Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. Resulta que descubrió a la nación Muisca, cuya tradición espiritual consistía en rendirle honores al cacique mayor bañándolo de polvo de oro por todo su cuerpo, y luego limpiarlo en un lago. Los Muiscas eran pródigos en elaborar toda clase de estatuillas e imágenes de oro para fines ceremoniales.

La verdad es que el cuento de El Dorado sigue siendo un misterio. La época de la conquista fue masivamente mortífera, y desde esta esquina queremos creer que nuestros ancestros les jugaron una broma pesada al apetito salvaje de los colonos para que se perdieran en la selva. La sed de oro, piedras preciosas y otros metales y materiales desencadenó una masacre que no ha cesado desde 1492.

Avanza el tiempo, y la historia continúa repitiéndose una y otra vez. El Dorado era aparentemente una ciudad dorada en medio de la selva de “nunca jamás”. Pese a que no encontraron la ciudad, encontraron muchas otras riquezas, y el afán por apropiarse de todo arrasó con millones de vidas y culturas
ancestrales.

El Dorado sigue existiendo. Hoy en día no son colonos, sino trasnacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Grupo de los 8 y todo aquel que quiere seguir socavando las bases del corazón del planeta, sin llegar aún a la gallinita de los huevos de oro.

Se dice que El Dorado existe, pero en los corazones de las mujeres y los hombres que hemos venido levantando nuestras patrias con voluntad, conciencia y pasión. Por fortuna, esa ciudad recóndita jamás la encontrarán los colonos, así nos bloqueen y pretendan invadirnos.

ÉPALE 405

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