Ilustraciòn-Recetario-153POR MALÚ RENGIFO/@MALURENGIFO

Por cosas de la salud, una mujer pelabola, necesitada de calcio, se preguntaba qué hacer para conseguir las pepas que le había recetado su doctor. Era un reto a la paciencia y al bolsillo. Inaccesible, costoso e impagable, todo eso junto a la vez, por no hablar de lo difícil de encontrar, pero ella no se angustiaba. En lugar de eso, estudiaba las posibles soluciones soberanas al problema, consultando con su novio, gurú de la sensatez, los pros y los contras de cada estratagema.

—Si me voy al Cementerio General del Sur y me traigo unos huesitos y los lavo, y si luego los rallo y los paso por el mortero, y si los hago polvito, y si con ese polvito preparo unas arepitas miniatura, de tamaño pastillita, ¿me servirá? —dijo, y en respuesta hubo un silencio más sepulcral que el cementerio mentado.

—Bueno, está bien. Y si yo hago todos los días una crema de espinacas con perejil y berro, que tienen calcio bastante, y la sirvo en el almuerzo por el resto de la vida, ¿me apoyarías y la comerías conmigo? —consultó. Y aquel hombre comenzó a transparentarse, ante los ojos de aquella mujer con necesidad de minerales. El problema era genuino, la obsesión era importante, la lesión en la columna ameritaba soluciones inmediatas: había que conseguir un trabajo que pagara suficiente para conseguir el mentado suplemento de calcio a como diera lugar. Más de 9.000 bolívares costaba el frasquito de 250 pastillas.

Era momento de tomar las riendas del asunto.

—Amor, y si yo me prostituyo, ¿te pones bravo?

Luego de aquella pregunta, amor perdió la paciencia. Tomó las llaves, dijo “ya vuelvo” y se fue. La pelabola se quedó sentadita en el sofá como pajarito en grama, temiéndose lo peor. Pocas horitas más tarde, y contra todo pronóstico, el compañero volvió con una solución tan fácil, barata y buena, que dejó a la pelabola impresionada. El calcio que tanto necesitaba estaba en el lugar que menos se le hubiera imaginado: el huevo.

LA RECETA DE MARINA

Mua, mua, mua. Besito, besito, besito. “¿Comiste?, ¿conseguiste las pastillas?, ¡pensé que no volverías nunca!, ¡casi me muero!”, le decía la pelabola. El pelabola solamente sonreía y, al fin, cuando pudo hablar, le respondió:

—Sí, comí. Fui a casa de Balbi y Marina. Ella había comentado hacía algún tiempo sobre una receta natural que se estaba preparando para endurecer los huesos. Mira lo que vas a hacer: cuando preparemos huevo, guardas las cáscaras bien lavadas, pero sin quitarles la membranita interior. Luego las hierves para que queden bien limpias y las pones a secar. Cuando estén secas, las trituras, y todos los días tomarás media cucharada de ese polvo en una taza con el jugo de un limón recién cortado. La mezcla hará espuma efervescente, la dejarás reposar por media horita y te la tomarás.

La solución sirvió a la perfección. La salud de los huesitos pelabola mejoró y no hubo necesidad de exhumar ningún cadáver.

ÉPALE 153

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