En caso de emergencia, rompa el vidrio

Por María Eugenia Acero Colomine @andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

A veces pareciera que la raza humana tiene tendencia suicida. No sólo depreda a mansalva los recursos naturales y ha tardado miles de años en mostrar sensatez y sentido común consigo y con su entorno, sino que en el imaginario de ficción se ha ideado de muchas maneras cómo va a desaparecer. El sector militar tiene rato preparado para acabar el mundo con bombas atómicas, y la desintegración paulatina de la capa de ozono se está encargando de hacer realidad la extinción de muchas especies.

Hay quienes no sólo se han imaginado cómo desaparecerá la raza humana, sino que dieron un paso más allá y apuestan a la esperanza de la preservación de la especie. Así, tenemos que en varias partes del mundo existen reservorios de semillas almacenadas, con miles de muestras, para sembrar en caso de que se suscite una hecatombe en el planeta y toque empezar de nuevo. Algunos de estos almacenes de semillas se encuentran en Australia, Londres, India, Arizona, Iowa, Taiwán, Camino Verde (Perú) y, finalmente, en Noruega, donde está el mayor depósito de semillas del planeta. Este espacio se le conoce con un par de nombres dignos de una película de ciencia ficción: Bóveda del Fin del Mundo y Arca de Noé.

Se trata de un búnker de más de 1.000 m2, repartidos en tres almacenes que contienen más de 1 millón de especies  de semillas de todo el mundo. El proyecto arrancó en 2008 y fue creado por el Gobierno noruego, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y el Banco Genético Nórdico. El sitio está protegido contra terremotos, volcanes, radiación solar y bombardeos, además de estar herméticamente cerrado y celosamente vigilado. Esta cámara también resguarda a las semillas de los efectos del paso del tiempo, ya que sus cajas de aluminio, a -18 oC, pueden mantenerlas intactas durante siglos. De esta manera se garantiza la provisión de nutrientes elementales en caso de que se produzca, por ejemplo, una gran epidemia agrícola o un cambio climático que destruya las fuentes de alimentos existentes en el planeta.

En Venezuela también tenemos un reservorio de semillas que se encuentra en Mérida; además, diversas comunidades están armando depósitos de semillas con el apoyo de la Fundación de Capacitación e Innovación para el Desarrollo Rural (Ciara).

Esperemos que nunca haga falta hacer uso de estas reservas de supervivencia, y que la humanidad alguna vez madure y deje de atentar contra sí misma y contra el planeta.

ÉPALE 383

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