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LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

El grupo francés Vox Internacional, quien hace unos meses llevó a escena Trance internacional, está de nuevo en Venezuela. En esta oportunidad está haciendo teatro invisible, a la manera como lo propuso hace unas décadas Augusto Boal.

En una de estas presentaciones, en el Metro, un actor finge vender Doritos y utiliza la jerigonza a la que estamos acostumbrados: “Buenas tardes, la educación por delante…” y toda la parafernalia verbal que sabemos de memoria.

El actor que hacía de vendedor fue abordado y llevado contra una pared por una gente que le pedía la autorización para vender en las instalaciones. Por supuesto que quienes sometían al actor no eran personal del Metro ni pertenecían al elenco. Cuando otros actores intervinieron uno de los sometedores dijo que era “abogado”, pero no dio ninguna señal, ni documental ni en el gestus, que corroborara tal afirmación. Lo que sí quedó claro es que el “abogado” no actuaba por iniciativa propia. Era evidente que accionaba en nombre de un grupo que opera en el Metro y que decide quién pide, quién vende y quién no. Como dijo una señora: “La propia mafia”.

El grupo de comediantes puso en evidencia una situación ilegal con grandes contenidos dramáticos. Resulta que teatro, miseria y delincuencia funcionan en el Metro desde hace años. Los usuarios se encuentran diariamente con una troupe de vendedores y pedigüeños cuyos parlamentos, formas de decir, de hacer se aprenden y se ensayan. Poseen características y atributos particulares, deformidades, colostomías, ofertas, situaciones clímax que obedecen a un guión, a una puesta en escena permanente.

Podemos imaginar un lugar en el que se realiza el casting, un comité que desecha deformidades y miserias para privilegiar otras. Un escritor que compone monólogos, un director que va adecuando las voces, los matices, los giros. Habrá un vestuarista, un encargado de efectos especiales. Este tinglado, a la larga, debe generar un star system que en vez de medirse por la capacidad de vender entradas, se mida por la capacidad de recaudar fondos. Habrá actores fracasados y otros que convierten en oro cualquier infortunio.

Nadie se presenta por cuenta propia, dado que el laissez faire, laissez passer afecta gravemente el negocio. Así, en el escenario andante hay quien cuida la industria de la mendicidad. Estos “abogados” subterráneos actúan con más ascendencia que la voz amplificada de las cornetas del sistema Metro. La duda es: el actor fue atacado por competir en la venta de baratijas y miserias, o se sintieron amenazados en el campo teatral.

ÉPALE 203

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