POR FREDDY FERNÁNDEZ @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE246-FILO Y BORDEEn Venezuela no, pero en el resto de mundo la contabilidad precisa de kilovatios, litros y BTU. Son esenciales para que la mayoría de las familias puedan sobrevivir en condiciones adecuadas.

La electricidad, el agua, la calefacción, el trasporte y los servicios de telefonía son las cargas más importantes a considerar en la planificación de cualquier presupuesto. Dependiendo del nivel de ingresos del nucleo familiar, en la mayoría de los casos representan más de 60 % del total percibido, pero puede ser más.

Si, por casualidad, hay que agregar el pago de una hipoteca o de un alquiler, entonces las limitaciones se hacen mucho más contundentes.

Si uno tiene más de 30 años de edad y logra verlos en sus casas, podrá recordar cosas de la infancia que había olvidado por completo. Eso de no dejar la nevera abierta porque se consume más electricidad, el regaño por tener la llave abierta porque va a venir más cara la factura del agua, de apagar la luz en las habitaciones donde no hay nadie.

Es un contexto en el cual una navidad maracucha, de casas disfrazadas de casinos de Las Vegas, es sencillamente inimaginable. Menos aún los cinco tobos de agua o la manguera para lavar el piso de la cocina o el cemento del patio. Imposible agarrar el carro para ir al supermercado que queda a 500 metros de la casa. Uno los ve en un esfuerzo permanente por mantenerse dentro de un presupuesto equilibrado. La mayoría trata de comprar solo en períodos de rebajas. Indagan en los papeles de compra para acumular cupones que prometen que podrán comprar algún producto por debajo de su precio, si y solo si compra en la fecha fijada y por encima de un monto también fijado. Van con sus propias bolsas al supermercado porque allí no las regalan, tendrán que comprarlas.

Su aprendizaje de compras tiene que incluir, necesariamente, algún mecanismo que le ayude a evadir las trampas, porque uno entra a un supermercado y ve un producto que se anuncia en 1,30 con letras y números grandes. Si se comete el error de no leer las letras y los números más pequeños, puede ocurrir que al llegar a la caja le cobren 1,90. Probablemente no leyó que ese precio era si se llevaba dos, porque allí decía, mucho más pequeño, que uno salía por el 1,90 que le están cobrando. Igual ocurre con casi todos los contratos. La letra pequeña es la que contiene la parte de dolor, mientras que todo lo que está en letra grande promete placer y servicio. Muchos no saben hasta que les ocurre, que el contrato les prohíbe pagar el total de la deuda de su tarjeta de crédito en un solo mes. El banco se asegura que, obligatoriamente, el tarjetahabiente tendrá que pagar intereses.

Lo único bueno de descubrir todo esto es ver que el viejo truco de las cuentas de vidrio y los espejitos no solo fue aplicado contra nosotros. También se lo aplican, y con fuerza, entre ellos mismos.

ÉPALE 246

Artículos Relacionados