En la casa del dragón en Catia

Una crónica escrita con salsa agridulce para comérsela  como una lumpia

Por Francisco Aguana Martinez • fcoaguana@gmail.com / Fotografías Archivo

En el complejo mundo simbólico de la cultura china, el dragón ocupa la cúspide de esa nación por ser el padre de todos los chinos. Esa mezcla de nueve animales que lo constituyen representan el poder, la sabiduría y las fuerzas de la naturaleza que cada chino, como sus descendientes se ha encargado de promover por el mundo desde que a principios del siglo XIX comenzó la diáspora china. A Venezuela comenzaron a llegar, a partir de 1847, desde Cantón y Guandong. Pero su establecimiento en estas tierras no fue nada fácil por cuanto a partir de 1912 comenzó a regir una legislación, de corte positivista que lo dificultó hasta los años 40. En ella se prohibía la entrada de “individuos que no sean de raza blanca y mayores de 70 años”. Esa restricción se reitera en sucesivas leyes: 1913, 1918, 1923, 1932, y 1937. El 25 de septiembre de 1929 se prohíbe la entrada a chinos, con absoluto desprecio “ya que de cierta época a la fecha viene en aumento progresivo una fuerte corriente de inmigración de chinos al país que tienen acaparado, casi en su totalidad, el comercio de pulperías, botiquines y restaurantes en las principales ciudades de la República y como la venida de tales sujetos en alta escala constituye un peligro, no solamente para el comercio, sino para la sociedad” (Memoria y Cuenta de la Gobernación del Distrito Federal 1930). Esas medidas se extendieron hacia árabes y negros. Estos últimos, si ya habitaban en el país, debían pedir permiso para ir de un sitio a otro. El ricachón H. L. Boulton dirigió carta al ministro del Interior, preocupadísimo, para saber cuál era la nacionalidad de los negros a los que se refería el decreto. Finalmente en 1942, en pleno fragor de la Segunda Guerra Mundial se indica, en la Ley de Actividades de Extranjeros que podrán crearse campos de concentración para internar en masa a los extranjeros que se consideren peligrosos. No obstante tales prohibiciones esa corriente migratoria no cesó y hasta se convirtió, con el tiempo, en un provechoso negocio para los tratantes de personas. Cómo fue de grave el asunto que establecidas las relaciones diplomáticas entre Venezuela y China se acusa al encargado de negocios, en diciembre de 1947, de cobrar “vacuna” mensualmente a sus connacionales, bajo amenaza para asegurarles su permanencia. Durante el resto del siglo XX fueron frecuentes los titulares de prensa que revelaban el tráfico de chinos. “Asesina a chinos que iban a ser introducidos ilegalmente en Venezuela”, decía uno de 1951; “Se incrementó ingreso ilegal de chinos al país”, decía otro en 1998.

Pese al descarado racismo la comunidad china había logrado organizarse y en 1936 creó el Club Unión China, presidido por Armando Hung, León Chang, Jorge Hung y Julio Guillermo Fung. La sede de esa organización fue allanada en julio de 1966, por la policía. En 1944 la inquina institucional se había reducido al punto de inaugurar la Legación China que se convirtió oficialmente, en embajada el 28 de junio de 1974. En octubre del 56 un funcionario de esa embajada le dio muerte a un niño al arrollarlo con su auto. En 1948 se establecen negociaciones, entra ambos países, para intercambiar petróleo por inmigrantes y productos industriales.

Cuentos de chinos

Los chinos de mi infancia se caracterizaban por su circunspección y aislamiento social. A diferencia de los “musiúes” y los “jabibis” que se mezclaban en el bochinche, la sobadera y las ruidosas celebraciones de los “criollos”. Encerrados en sus negocios, grandes y pequeños, ese aislamiento producía toda suerte de comentarios: jocosos unos y otros francamente malintencionados que consolidaban esa aura misteriosa que existía sobre ellos y creaba habladurías sobre sus desconocidas costumbres: que si se comían los gatos; que si a los difuntos los convertían en lumpias o costillitas; que si le colocaban los nombres a sus hijos luego de tirar una lata por una escalera, en fin: esas características percibidas como extrañas, así como sus actividades, dieron para la elaboración de frases que aún tienen vigencia, como por ejemplo: CUENTOS CHINOS: con esto se referían a una mentira estrambótica y disparatada: “¡Me vas a vení con ese cuento chino ah?” equivalente a “¿me vas a caé a muelas?” o “semerendo mojón” o al “senda lírica” de hoy; TORTURA Y PACIENCIA CHINA: Hacían alusión ambas frases, a la crueldad y el sadismo que el cine de Hollywood le atribuía a los chinos que, según ellos, veían pacientemente a sus víctimas consumirse en el dolor. Paciencia esta que aplicaban, impertérritos, a otras situaciones de la vida y que, en realidad, se refiere a esa capacidad de los chinos por no forzar los acontecimientos. “Eres peor que una tortura china” y “¡carajo dame paciencia china¡”. Nuestras abuelas y madres y sus amigas solían decir elevando sus manos al cielo: “¡Señor dame paciencia y en el culo resistencia¡”; SI NO HAY LIAL NO HAY LOPA: es decir: si no me pagas antes no hay mercancía. Esa frase proviene de la primera actividad que desarrollaron los chinos en el país: la tintorería o las lavanderías. De esa frase deriva otra: MÁS CALIENTE QUE PLANCHA E’ CHINO utilizada para demostrar que se tiene una rabia o ira descomunal: incontrolable. Pero en muchas ocasiones se le daba un contenido sexual al decir: “¡Mamasiitaa, me tienes más caliente que plancha e chino¡” o “ te voy a poné más caliente que plancha e chino”. Este uso erótico de la frase puede relacionarse con el famoso mentol chino de efecto retardante en la eyaculación masculina y dolor de cabeza de las prostitutas. SE FUMÓ UNA LUMPIA: El ingenio del habla popular elabora con esto una metáfora de la desmesura, del ridículo y hasta la locura repentina porque “fumarse una lumpia es hacer algo no sólo inadecuado, sino ridículo, incoherente e inoportuno. Quién sabe porque esa comparación pero la lumpia fue uno de los platos más consumido por los catienses cuando existían muchos restaurantes chinos: ahora están cerrados todos aunque hay más chinos. Y fue también uno de los primeros platos que expendían en el primer restaurante de comida china de Caracas El Shop Suey que, según Eleazar López, funcionó en el pasaje Capitolio y fue creado por Joaquin Hang con cuatro de sus sobrinos en 1928. A la mala fama que algunos atribuían a la comida china contribuyeron unos chinos y unos italianos que en enero de 1959 trataron de vender carne de un animal no identificado y a que, en enero de 1974, atraparon un chino en Barquisimeto que mató a un paisano por una cebolla. NO SOY UN FLORERO CHINO: Significa que no se es un inútil, que no estás pintado en la pared. Aunque hay que decir que es en esa elaboración artística y artesanal donde los chinos más destacan por sus temáticas y policromías de compleja elaboración. CHINITO EN PELOTAS: Frase a la que encontré sentido cuando me enteré que el martes 14 de diciembre de 1948 el chino León Chang, habitante de Pérez Bonalde, fue denunciado por su esposa ante la Jefatura Civil, porque cada vez que se disgustaba o calentaba más que una plancha e chino le daba por desnudarse dentro y fuera de la casa y así, cuchillo en mano, ponía en zozobra a la denunciante esposa y a sus hijos.

Más caliente que plancha e’ chino, otras de las frases del ingenio popular

Más raro que entierro e’ chino

Los rituales fúnebres de los chinos suelen ser muy reservados de allí que hayan despertado las sospechas y maledicencias de la gente que ya hemos reseñado. De la única muerte de chino que sabemos es por la invitación al funeral, en la capilla El Carmen, de la avenida Sucre, de Juan Enrique Fong Sin Lang el 29 de marzo de 1976. TE CAE LA MADRE CADA VEZ QUE RESPIRE UN CHINO: Es una imprecación que toma en cuenta el aspecto demográfico de la China que siempre ha tenido una alta población. Un matemático de la UCV quiso darle expresión matemática al asunto donde: MM x PCh / Rv = MMV (mentadas de madre por población china entre respiración de la víctima es igual a la cantidad de las mentadas de madre a la víctima).

Cuando los chinos se pusieron de moda

Cuando llega la década de los 60 la China pobre y atrasada secularmente va dando paso, bajo la égida del “gran timonel” Mao Tse Tung, a un país que bajo el comunismo comenzaba a asomarse como el gigante tecnológico-económico y cultural que es hoy. Recogida en su tradicional timidez, la nación china no escapaba a la curiosidad mundial. Tal era su importancia geopolítica que Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, tomo la iniciativa de visitarla en 1972. Conocedor de la inventiva y del espíritu guerrero y emprendedor de los chinos, quienes poseían, desde 1964, la bomba nuclear y el Ejército más numeroso del planeta se acercó para ahondar las diferencias entre China y su vecino ruso y para impedir el respaldo que ésta le daba al pueblo vietnamita, como lo había hecho con Corea del Norte de la cual los gringos salieron derrotados como saldrían también de Vietnam. Aquí, en Venezuela los jóvenes daban brincos desaforados bailando ritmos yeyè a gogò enfundados en un traje “mao” y las mujeres utilizaban blusas con mangas acampanadas y en telas chinas que combinaban con minifaldas, un peinado estilo torta y hasta un parche “dayanesco” en un ojo imitando al general israelí Moshé Dayán, verdugo del pueblo árabe. Años después un niño mirando el álbum de fotografías de la abuela le preguntó: “¿Abuelita y de qué estabas disfrazada tú allí?”. Hubo un tipo de perro pekinés que fue la mascota preferida de muchos venezolanos en esa década mucho antes del chow chow. Lin Yutang viene al país en enero de 1962 y afirma: “La gente desea ser respetada y tener suficiente para comer”. En 1965 se realizó un homenaje a la República China en la Asociación de Escritores de Venezuela. Hasta una epidemia de gripe fue bautizada, en 1969, como la “Hong Kong”. Agréguese que en el conflicto guerrillero en Venezuela una de las tendencias reconocidas era la maoísta o la de la guerra popular prolongada. “La china” y “el chino” son sobrenombres familiares con los que se bautiza a algún miembro de la familia o a otra persona con los ojos rasgados. Francisco Hung excelente pintor venezolano es conocido por ese apodo como lo fue el único que quedó preso de los acusados por el horrible caso del asesinato del niño Vegas Pérez: “El Chino” Cano. El único, por cierto, que fue inculpado por el escándalo del gigantesco fraude de Recadi, en 1983, fue Ho Fuk Wing conocido luego como “El Chinito” de Recadi. Después, en 1989, aparecen otros dos responsables: también chinos. Al humor —o jodedera— del venezolano le dio por inventar la conjugación del verbo “amar a Mao” en tiempo presente, que comenzaba: “Yo amo a Mao, tú…”, siga usted lector, lectora.

El implacable Dragón Chino haciéndo de las suyas

Chinito tilal coñiazos

En la década de los 60 era ultrapopular la lucha libre y eran célebres los combates entre El Dragón Chino y Bassil Batah. El Dragón Chino era un chileno de nombre Carlos Wilson Presing, paisano de otro felino: El Tigrito del Ring que vivía en Altavista. Otros gladiadores con nombres chinos eran Ling Sung y Fumanchú. Nombre tomado del personaje que creó Sax Romer en 1913: un chino malvado que odiaba a Occidente y que dio origen a las películas seriales Fu Manchú y de la que aquí en Catia, se presentó en 1951, en el teatro Venezuela, Los tambores de Fu Manchú, y luego otras hasta 1968 que se proyectaron en el teatro Pérez Bonalde: El rostro de Fu Manchú y Las 13 novias de Fu Manchú. Además del misterio y la maldad el cine gringo proyectó otra faceta de los chinos: el tiracoñazo marcial o karateca. Así fue en los teatros de Catia, desde que, en 1937, en el teatro Bolívar proyectaron Charli Chang en la ópera hasta que se desató la fiebre de Bruce Lee y sus imitadores, en los años 70 y puso a niños y a adultos a gritar, tirar patadas y pegarse con unos lunchacos desplazando así a los barrigones de la lucha libre. Para reafirmar esta fiebre se popularizó de 1972 a 1975, la serie Kung fu, en donde David Carradine hacia el papel del shaolín Kwai Chang Caine y que recordaba a la inmigración china que en 1860 construyó la red ferroviaria de los Estados Unidos antes de irse a construir el Canal de Panamá. El 2 de febrero de 1932, en el teatro Bolívar, de la avenida Sucre, el misterio que rodeaba a los chinos quedó patentizado con la presentación, en vivo, del acto de evasión y decapitación de Li Ho Chang y en marzo de 1942, en ese mismo teatro, se presenta otro mago Chang con su compañía de estampas, magia y leyendas de China.

Bruce Lee, el rey de las artes marciales china en Hollywood

La china de hoy

Con mucha paciencia, China es hoy una de las principales potencias económicas, políticas y tecnológicas del mundo que la ha convertido en una auténtica tortura para los Estados Unidos. Desde la llegada del presidente Hugo Chávez las relaciones comerciales y culturales aumentaron notablemente. De la misma forma ha aumentado la población china y su descendencia en Catia. De los discretos abastos y quincallas ahora tienen bajo su control casi todo el comercio de alimentos en grandes supermercados y distribuidoras situados en toda la parroquia pero, principalmente, en el sector Nueva Caracas donde incluso han desplazado de la calle Colombia a la colonia árabe, quienes tradicionalmente la habían ocupado toda con sus tiendas de electrodomésticos, sus panaderías, cafés, restaurantes y locales para arreglar zapatos. En la actual situación son muchos los parroquianos que se quejan de la ahora nada discreta presencia de chinos responsabilizándolos del alto costo de los alimentos. Por otra parte aunque menos discretos, y pese a la numerosa descendencia que han creado las anteriores generaciones de chinos siguen ensimismados en sus costumbres y su insistencia en no mezclarse, como los otros extranjeros, con el resto de la población.

ÉPALE 397

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