“En Marín fue que empezó la cosa”

Publicado en Épale N°321 el 28 de abril de 2019

Los herederos del código postal 1015 afirman con vehemencia que fue en sus fueros, y no en Caricuao, donde nació la salsa. Consideran su comunidad como la mejor del mundo y anteponen la cultura a cualquier vicisitud cotidiana. conozcamos parte de la parroquia que tiene madera fina

Por María Eugenia Acero • @andesenfrungen / Fotografías Michael Mata

Lo bonito de la misión que tenemos en la revista Épale CCS de difundir la personalidad de las 22 parroquias que conforman la inmensidad del Distrito Capital es que, al aproximarnos a cada comunidad, nos queda la profunda sensación de que Caracas no es Caracas. Esto es: Caracas no es una sola ciudad, sino múltiples ciudades que cohabitan dentro de un mismo imaginario. Así, acercarnos a La Pastora, por ejemplo, nos deja con la sensación de que en cualquier momento se nos aparecerá José Gregorio Hernández buscando el dichoso medicamento que se lo llevó a la eternidad. En el caso de San Agustín se abre ese mismo portal espacio-temporal, y basta nomás traspasar la pasarela que conecta a la comunidad con Parque Central para sentir que te encuentras en los años 60 o 70 y que en cualquier momento te vas a topar con una comparsa. Llegamos a la Avenida Principal de San Agustín y ahí nos recibieron vecinos jugando dominó y bebiendo cocuy al son de Ismael Rivera. Una venta ambulante de verduras, un quiosco-quincalla y un puesto para remendar zapatos complementaban la escena, haciéndonos olvidar, por segundos, que nos encontrábamos en Caracas, en el año 2019. Hacia el costado sur de la gran montaña, que inicia con el Jardín Botánico y que termina con El Helicoide, la dinámica cotidiana desacelera el paso y despliega un tumbao en su andar.

“Tengo 56 años. Llevo toda mi vida viviendo aquí y puedo asegurar que la inseguridad en la zona ha desaparecido casi totalmente desde que llegó Dios al sector. También por la presencia de FAES y de la PNB, que no dejan de custodiar las calles. Yo abro mi negocio todas mañanas a las 5 am y cierro a las 10 pm. La única vez que me atacaron fue cuando las guarimbas, que le dispararon al negocio. De resto, aquí se respira paz. A los lectores les recomiendo que vengan a conocer San Agustín. Que visiten las canchas de La Charneca y la cancha de básquet”. Así abrió el pastor José Luis Pérez quien, aparte de predicar el evangelio, repara todo tipo de calzado en plena Avenida Principal. Seguimos caminando y conversamos con Lila Campomar, comerciante informal de 33 años. De entrada, irrumpió: “Con el chavismo aquí no hay nada bueno. Pero ya que me preguntas sobre San Agustín como comunidad, sí debo decirte que somos el mejor barrio del mundo. Aquí todo el mundo es solidario. Si algo te sucede, los vecinos de inmediato acuden a auxiliarte. Aparte, aquí todos somos muy rumberos, así que la música siempre está sonando en la comunidad.” Cuando se le preguntó a la joven en materia de seguridad y otros servicios básicos en la zona, no expuso quejas. Solo nos recomendó: “Lléguense a la tasquita de Longa para que pasen un rato diferente. Siempre serán bienvenidos a San Agustín”, concluyó.

Nos paseamos por sus calles principales y las casas aún mantienen parte de la arquitectura original de la comunidad. Esta parroquia fue creada hace 143 años, cuando adquirió su estilo arquitectónico de la mano de Antonio Guzmán Blanco, en 1876. Algunas de las localidades más emblemáticas de la parroquia San Agustín son los sectores San Agustín del Norte, San Agustín del Sur, El Conde y barrios o zonas populares como Hornos de Cal, La Charneca, El Mamón, El Manguito, Marín, Televisora, La Ceiba, El Dorado, Roca Tarpeya, entre otros; y los nuevos urbanismos que están a lo largo de la avenida Bolívar.

“Su construcción se hizo desde lo alto de las montañas hacia abajo. En esos primeros tiempos el río Guaire no estaba canalizado, y cuando crecía ocupaba toda la zona baja de la parroquia”, es la razón fundamental por la que se construyó así, contó uno de sus historiadores, el señor José Agapito Hernández, quien junto a otros compañeros decidió rescatar la memoria histórica del lugar que los vio nacer y crecer.

En 2010 la comunidad dio un vuelco a su cotidianidad y ritmo de vida con la inauguración del Metrocable, el primero en toda Venezuela, con cinco estaciones: Parque Central, Hornos de Cal, La Ceiba, El Manguito y San Agustín. Esta innovación social mejoró cuánticamente la calidad de vida de sus habitantes, quienes, además, cuentan con el urbanismo Brisas del Alba, un Centro de Diagnóstico Integral y una sede de Mercal.

Se han recibido algunas denuncias de vandalismo perpetrado por jóvenes DJ de la zona contra esta infraestructura de transporte, pero los funcionarios del sistema Metro de Caracas nos aseguraron que estaban activos en solventar estas desavenencias.

Caminando por el paseo principal de la comunidad llegamos hasta el teatro Alameda: una leyenda para la historia musical de San Agustín. Se dice que Daniel Santos, La Lupe y numerosas orquestas y músicos llenaron la ciudad, en los años 60 y 70, de sabor y ritmo latino desde estos predios. El profesor de teoría y solfeo Alexis Pacheco nos recibe: “Trabajo aquí desde 2004 y mi labor es formar a niños en teoría y solfeo. También trabajo con adultos mayores de la comunidad. De aquí, mis estudiantes salen preparados para profundizar en sus conocimientos musicales. De hecho, muchos de nuestros Nacional de Orquestas. Aquí, en el teatro Alameda, también damos clases de danza, percusión afrovenezolana, percusión caribeña, guitarra, cuatro, iniciación a la teoría y solfeo y cantos populares”. Mientras el profesor Pacheco nos relataba, con orgullo, la labor social y cultural que están desarrollando con los niños y jóvenes de la comunidad nos dio un paseo por la galería – cias históricas y crónicas de hace más de 40 años en materia de música, arte y poesía. Alexis Pacheco se despide de nosotros con más nuestras actividades culturales. Nosotros hacemos prevención con la cultura. Los invitamos a venir”. Le preguntamos por los famosos bongós Pan con Queso, pero nos indicó que ya no se están manufacturando. El profesor Pacheco aprovechó para presentarnos a José Alberto Francia, mejor conocido en la zona como Caraotica. Francia recuerda cómo Ángel Méndez lo reseñó en una crónica, que aún conserva en su casa, y aprovechó para hacer la denuncia de que a músicos como él no los toman en cuenta ni para eventos del tipo Suena Caracas ni para la radio. “Yo tengo cinco discos en mi haber. Toqué con Daniel Santos y ‘Canelita’ Medina, pertenecí Jiménez, así como a las orquestas de Cheo García y Memo Morales. Me gustaría que nostomaran en cuenta, pero estoy resignado. Así como yo hay muchos otros aquí, en El Valle y La Pastora con el mismo sentir. Respecto a la comunidad, estoy conforme: somos unidos y nosrespetamos, pero en la parte cultural nos están dejando de lado, y eso es grave”. José Alberto Francia aprovecha para escoltarnos rumbo a La Tasquita, un bar cuya entrada no se divisa desde el bulevar pero que nos recibe con una cancha de bolas criollas y grupos jugando dominó, bailando y disfrutando de la partida. En este recinto conocimos a un nutrido grupo de músicos que compartieron sus testimonios.

Tuvimos el honor de conocer a Pedro Guapachá, hijo del gran cultor cubano y director de la biblioteca La Ceiba. “Me formé de niño con mi papá y en familia levantamos la identidad musical de la zona

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“La identidad musical de San Agustín viene por la gran oleada de negros que llegamos desde Barlovento y los Valles del Tuy. Fue esa masa migratoria la que, originalmente, moldeó a los habitantes del sector. Luego vinieron más influencias musicales desde La Victoria, y con esta llegada se desarrollaron cultos religiosos como el de San Juan Bautista”, nos explica Evelio Palacios, alias Sarabanda. Afirma haber sido parte de los docentes que formaron y moldearon el grupo Madera, ícono por excelencia de la identidad salsera de la zona. “Yo, originalmente, vivo en Cotiza, pero la vida la hago aquí. Son muchas décadas de trabajo y militancia. He formado cientos de muchachos. Pasa que una vez que crecen, se olvidan de uno. Esa ingratitud me duele, pero yo sigo con mis chamos y con mis grupos musicales”.

Carlos González, director de Ensamble Latino, lo interrumpe para hablar de su proyecto. “Mi banda nació aquí en La Tasquita. Una vez me escucharon cantando y me empezaron a proponer para participar en diversas bandas. Desde entonces no he parado. Y todo esto gracias a la comunidad”. Nos despedimos del animado grupo de embajadores musicales, mientras veíamos cómo el equipo local de Los Zumbaos les daban paliza al equipo visitante en bolas criollas. Para interesados en conocer este espacio, les informamos que la botella de cocuy está en Bs. 5.000. Sin embargo, nos advirtieron que ese espacio no era muy bendito, así que recomendamos que vayan en grupo y temprano, por si las dudas.

Llegamos a la tasquita de Longa (recomendación de la joven que entrevistamos) y ahí tuvimos la oportunidad de conocer a Carlín Rodríguez (hijo). Rodríguez sigue el legado de su padre, Carlín Rodríguez, como presidente de El Anque de Marín. “La cultura de San Agustín es tan amplia que no nos toman en cuenta. Aún así, y con las uñas, mantenemos la tradición y la vida de El Anque. No crean en el país de las maravillas. Crean en lo que nosotros estamos haciendo con nuestro esfuerzo. Carlín Rodríguez (hijo) nos extendió la invitación a llegarnos en mayo, cuando se conmemoran siete años de la partida física de su padre. “Habrá música hasta el amanecer, no se la pueden perder”. Finalmente, tuvimos el honor de conocer a Pedro Guapachá, hijo del gran cultor cubano y director de la biblioteca La Ceiba. “Me formé de niño con mi papá y en familia levantamos la identidad musical de la zona. Fue en Marín que empezó la salsa. Aquí venían La Lupe, Daniel Santos, ‘Nené’ Quintero y muchos más. El grupo Madera que formamos, y el que sobrevive, hace una labor social importante. Mi mensaje es que, como cultores, debemos tener conciencia del trabajo social».

ÉPALE 382