Reportaje para la Revista Epale CCS nº245

LLEVAN SEIS AÑOS METIÉNDOLE EL PECHO A LA PRODUCCIÓN ECOSUSTENTABLE Y LUCHAN, POR IGUAL, CONTRA LA ESPECULACIÓN Y LOS PREJUICIOS. SON UNOS PELÚOS CONSCIENTES, SIN LÍMITES DE EDAD, CON LA MIRADA PUESTA EN EL ARADO Y CON GANAS DE SUMAR MÁS MILITANTES, SIEMPRE QUE SE DESLINDEN DE LAS AMBICIONES CAPITALISTAS Y ENTIENDANQUE AQUÍ GANAN TODOS POR IGUAL     

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS  MICHAEL MATA

“A mí no me gustan esos carajitos. Pa’ mí que son una pandilla ’e marihuaneros que se agarraron ese terreno pa’ fumá y jodé”, dice Irma, una amiga que es vecina de lo que alguna vez se conoció como Parque Auristela Rondón, que ni fue parque ni fue nada nunca sino un terreno abandonado donde llegaban los conductores a lavar sus carros a orillas de un laguito agónico, que también fue propicio para los rituales de santeros y espiritistas y para más de una trastada del hampa, antes de que se convirtiera en escenario de exteriores de algunas de las películas más recientes de la factoría Villa del Cine (como Miranda regresa y Taita Boves) y lacónico asentamiento del movimiento Scouts de Venezuela.

Manaure clava su pequeña pala de huerta en la explanada donde los muchachos arman la base del compost. Son inmensas pilas de restos vegetales de todo tipo, que bajo un manto de calor terminan convertidos en abono natural regurgitado por las lombrices. Manaure clava seriamente su pala y avisa, con cada picotazo, que ya está listo. Con su mochila en ristre y aspecto duro es todo un agricultor de 3 años lo mismo que colabora en las faenas de la parcela, junto a su padre El Chino, de igual forma se escapa del regazo de su madre a pedalear su bicicleta hasta acercarse peligrosamente a la avenida principal.

Reportaje para la Revista Epale CCS nº245

Mauro es quien orienta a los muchachos

Mauro es gestor ambiental, tiene 74 años y habla con las matas. Es un hombre tallado en granito, bañado en sudor y alegría contagiosa que ni está loco ni senil: “Las plantas oyen”, asegura. Nos abre las puertas de su inmensa casa de cultivo, de 800 m2, donde le sobran 527 maticas para conversar. Ahorita tiene tomates y pimentón, pero eso da para 5.000 plántulas en un recinto cubierto, que si te descuidas te sancocha bajo los 50 °C de sopor guatireño a 45 minutos al este de Caracas, pocos kilómetros al sur del estado Vargas y una impresionante fachada de la cara norte del Waraira Repano, capaz de imprimir tonos verdeazulados a la alfombra gris de los incontables edificios y casas de la urbanización Valle Arriba, tan cerca del Paraíso y tan lejos de la compasión.

mapa miradas 1709“Conozco a estos muchachos desde que empezaron aquí, a sanear el terreno. Esto era un antro hasta que llegaron ellos, y hago la salvedad de que les ha sido duro pero han tenido un temple extraordinario: se abocaron contra viento y marea a esta labor”, afirma Mauro.

EL LENTE DEL PREJUICIO

Mientras nos hartamos de jobos recién desterrados de las fauces de un árbol, probablemente centenario, nos cuesta convencernos de que apenas diez personas sostienen la productividad y pervivencia de las más de 7 hectáreas que constituyen el núcleo endógeno socioproductivo Territorio Caribe, una experiencia de agricultura urbana y ecosustentable que alberga, en ocho galpones levantados por la Misión Saber y Trabajo y la autoconstrucción, una carpintería, un módulo para la elaboración de productos cosméticos, un estudio de ensayo y grabación, un vivero, la casa de cultivo, centro de difusión, lumbricario, gallinero, además de generar talleres, charlas y actividades con la comunidad vecina y los asentamientos rurales que se cuelgan, como motas florales, de las montañas que circundan el valle.

Hace seis años, cuando una nutrida logia de chamos y chamas que andaban en la nota de los deportes extremos, el hip hop, el grafiti y el circo, seducidos por el discurso vindicador de Chávez, decidió asomarse por los alrededores del parque abandonado y constituyeron un ejército de más de 30 militantes dispuestos a todo. Eso era monte y culebra, depósito de basura, carros desvalijados y epicentro de ceremonias “religiosas” que el grupo fue zanjando lentamente y con mucho esfuerzo. Comenzaron limpiando y recuperando, montaron una carpa, se dedicaron a la siembra urbana y, cuando menos lo esperaban, estaban constituidos en una Empresa de Producción Social (EPS).

Así lo cuenta Joana Puerta que, como buena madre empoderada, le da teta a Murachí (el hermano menor de Manaure), contesta el teléfono y responde a nuestras preguntas, todo a la vez y sin perder el hilo de la conversación.

Quedan pendientes la instalación de una radio comunitaria y una estación de televisión, como proyectaba el diseño original de la propuesta, pero eso es una inversión que está en veremos.

Recuerda que fue Deivi Guerrero, uno de los pioneros de la iniciativa, quien le imprimió fortaleza técnica al proyecto para alcanzar los recursos económicos necesarios que le dieron forma definitiva al espacio, con financiamiento millonario del Estado venezolano. Pero a la par de los recursos llegan los infortunios del malandraje. Así fue como, en diciembre del año pasado, apenas tres meses después de haber recibido una importante dotación de recursos del Ministerio de Agricultura Urbana, sufrieron la embestida de un grupo de encapuchados, quienes en medio de la noche sometieron a mujeres, niños y hombres dedicados a las faenas de siembra, con la específica tarea de hallar las llaves de un camión Súper Duty que, finalmente, se llevaron entre las sombras. Un duro golpe que, sumado a las amenazas de secuestro a alguna integrante europea de la camada, obligó a la estampida de varios miembros del grupo, incluyendo a Deivi.

En 2014 ya habían sufrido un ataque armado en medio de la violencia guarimbera, por la razón obvia de ser chavistas, sin más consecuencias que no fueran más de 30 impactos de bala estampados, como rosetones ennegrecidos, sobre distintas superficies de la infraestructura.

Ya en 2013 la mirada prejuiciada hacia el grupo de chusma, turba, lumpen, monos, malandros, zarrapastrosos, borrachos, vagos y flojos, como canta Gino González, había tomado terreno cuando la foto de una actividad vecinal de los integrantes de Territorio Caribe fue anexada por la agencia noticiosa francesa AFP a un boletín titulado: “Delincuentes venezolanos se resisten al desarme”, y rebotada por varios medios de circulación nacional, garantizando la difusión de sus rostros, no solo en todo el país, sino en el resto del planeta.

Reportaje para la Revista Epale CCS nº245

Cada sábado ofrecen su producción a precios “humanos”

NI FEOS NI PENDEJOS

Son activistas de la Feria Conuquera que se adueña, cada principio de mes, del parque Los Caobos, donde ofrecen su producción agrícola y artículos de cosmetología, además de integrar el corredor Zamora a través de los consejos comunales del asentamiento agrario Santa Cruz de Pacairigua, justo en las laderas montañosas colindantes.

“Somos feos, pero no pendejos”, dice un letrero que da acceso a una zanja de retiro donde los “cariberos” tienen una especie de cocina multiuso, bajo una churuata que da al borde del río (el Pacairigua). Leonor Runza, que ni es fea ni pendeja, nos muestra un ramillete de Bella a las Once, de las que siembran y ofrecen a Bs 2.500 en su porrón de plástico reciclado. A un lado, la pila de envases que recogen (o les donan); del otro, una pequeña reserva de samanes que está pidiendo siembra.

Leonor viene de una de las comunidades más deprimidas de la región, franqueada por la delincuencia. Un día se acercó, atraída por una actividad cultural, hasta que hace mes y medio se instaló a trabajar en Territorio Caribe, en el módulo de cosmética, donde hace jabón con técnica al frío, jabón multiuso,

desodorantes, además de entrarle a lo de las plantas aromáticas y medicinales como la menta, yerbabuena, estevia, toronjil, sábila y boldo paraguayo (que llaman acetaminofén).

“Estamos planificando producir para garantizar las hallacas de diciembre, proyectando la siembra de maíz y onoto”, anuncia. Su esposo la acompaña de vez en cuando para apoyar en el desmalezamiento. “Cuando vimos que la cosa se ponía más aguda nos vinimos para acá, para asegurarnos lo que no se consigue en el supermercado. Y no me resultó solo a mí: ya mis vecinos se están beneficiando a través del trueque, porque yo les ofrezco los productos y ellos me ofrecen todos los envases desechables que colectan en el barrio”.

Reportaje para la Revista Epale CCS nº245

En el estudio Tin domina el bajo

PREDICANDO CON ACCIÓN

Joan Rondón (Tin o El Maestro) no tiene ni tamaño ni carne para soportar la mata de pelos que emerge de su filosa testa. Será por eso que la acomoda como podía en un gorrito rastafari mientras ayuda en los trabajos de secado de plantas y deshidratado, que es su especialidad. Pero cuando se adueña del estudio de grabación se suelta los dreadlocks mientras hace una demostración de sus habilidades como bajista de la agrupación Kultura Santa, que suena tipo Cypress Hill o Rage Against The Machine, eso que llaman rap metal, que contienen letras con contenido social. “Estos son espacios de formación: aquí tienes que dejar futuro, nueva generación, y nosotros tenemos que garantizar eso para no dejar a cualquier loco”, refiere con la seriedad de un predicador.

Los sábados se acomodan en la entrada de Territorio Caribe, al lado de una oficina local del Ministerio del Ambiente en Guatire, donde despachan sus productos durante toda la mañana. Venden jabón, detergente, desodorante, deshidratados, plantas, semillas, humus líquido, pañales ecológicos. Allí se juntan con Lourdes Goncalves Pereira, su esposo, sus hijos, su nieta. Ella apoya, junto a otros comuneros del asentamiento agrario Santa Cruz de Pacairigua, en la distribución de frutas, verduras, mermeladas, salsas, pan de auyama.

Llega una pareja en moto buscando papa. No hay, pero Lourdes les recomienda que la pueden sustituir por lechosa verde, que sirve para casi cualquier cosa. La pareja se ríe: “¿Tú eres loca?”, le dicen nerviosos y arrancan, como huyéndole a una propuesta indecente.

“A LOS LUGARES DONDE VAMOS, DONDE DICTAMOS LOS TALLERES, INVITAMOS A LAS PERSONAS A QUE VENGAN, SE INTEGREN, PARTICIPEN, PORQUE ESTO ES UN PROYECTO GRANDE QUE AMERITA DE MUCHA GENTE. LA INTENCIÓN DE ESTE ESPACIO, INICIALMENTE, ES QUE SEA COLECTIVO Y QUE VAYA EN BENEFICIO DE TODOS…”

Lourdes fue una de las promotoras de avalar a Territorio Caribe, a través de su consejo comunal, para constituir la EPS. Con la comunidad de Valle Arriba, una fresca urbanización de eso que algunos insisten en denominar “clase media” y donde se asienta el proyecto, ha sido imposible. “La mayoría de las personas que viven alrededor de nosotros piensan distinto. Para nosotros ha sido una lucha bastante fuerte permanecer con la comunidad que tenemos alrededor. No quieren que estemos aquí”, comenta Joana.

Sin embargo, han albergado a delegaciones extranjeras: chilenos, colombianos, argentinos quienes, incluso, han anidado en el terreno para apropiarse de la experiencia y multiplicarla en sus países de origen.

“A los lugares donde vamos, donde dictamos los talleres, invitamos a las personas a que vengan, se integren, participen, porque esto es un proyecto grande que amerita de mucha gente. La intención de este espacio, inicialmente, es que sea colectivo y que vaya en beneficio de todos. No nos vamos a hacer millonarios con esto, queremos vivir para este proyecto. Cuando las personas vienen y ven estos galpones piensan que van a montar una empresa, con el discurso capitalista… cuando les decimos que este es un espacio de utilidad social, donde tiene que ganar desde el primero hasta el último, entonces ya no les gusta y se abren”.

Lourdes, profesora de gastronomía y licenciada en cultura, es activista “caribera” desde hace un año y está segura de que lo primordial es unirse para confrontar el bachaquismo y la especulación. “Antes no dependíamos ni de la pasta ni del arroz ni nada de eso… Hay que sembrar, donde sea, esas son nuestras raíces; hay que aprender a vivir de lo que nos brinda la naturaleza, con esperanza”.

ÉPALE 245

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