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LA RESISTENCIA CARIBE DEL CARAQUEÑO NO SOLO SE MANIFIESTA EN LA CREATIVIDAD TITÁNICA QUE TIENE PARA RESOLVER LOS ENTUERTOS MÁS ENREVESADOS DEL DÍA A DÍA. EL DON DE LA PALABRA PUDIERA ERIGIRSE EN EL PRINCIPAL ATRIBUTO DE SU PERSONALIDAD, Y LA CONDICIÓN GUERRERA DE SU GENTE SUELE MOSTRAR LOS DIENTES EN SON DE JODA, NADA EN SERIO

POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN

ÉPALE297-IDIOMA 5Es curioso que las obras lingüísticas que más aportes concretos han hecho a la consolidación del castellano en el mundo provengan, precisamente, de una ciudad donde la sociedad se ha tomado la licencia histórica, desde los tiempos de María Castaño, para hacer y deshacer del idioma a gusto y conveniencia de sus grupos sociales. Así, tenemos en la biblioteca de los saberes léxicos del español libros fundamentales como la Gramática de Andrés Bello y los cinco tomos del estudio que Alexis Márquez Rodríguez desarrolló sobre el correcto uso de registro gramatical y lexical del castellano a partir de su famosa columna “Con la lengua”, que publicara por varias décadas en el diario El Nacional y, luego, en los tabloides Tal Cual y Últimas Noticias.

Aun así, estos acercamientos hacia la sistematización del correcto expresarse son en realidad un saludo a la bandera si nos trasladamos al día a día en la ciudad. Esta característica no es nueva ni es una consecuencia de las dinámicas globalizadas de los millenials 2.0. Sin embargo, cabría afirmar que a partir del siglo XX la personalidad del español caraqueño ha venido tomando, con mayor fuerza y velocidad, una voz propia y cada vez más distintiva. Podemos afirmar que son numerosos los factores que han influido en el crecimiento y desarrollo del dialecto de la capital: tenemos así que la masiva migración de fuerza laboral desde las regiones, la llegada de migrantes extranjeros a Venezuela, los eventos políticos de la historia patria, la publicidad y los medios, así como las anécdotas del día a día, fueron creando el habla caraqueña. Sin embargo, pudiera afirmarse, con mucha certeza, que el principal factor generador de vocablos y frases caraqueñas es el humor.

Teniendo en cuenta que la sorna no solo es una constante sino el deber ser en la dinámica social de Caracas, no es de extrañar que sea precisamente a partir del famoso “chalequeo” (o señalamiento humorístico, rayando en la burla) que hayan florecido muchas de las palabras y sintagmas que nos distinguen no solo del maracucho, el andino y el oriental, sino del español de otros países de la región. Francisco de Miranda nos inmortalizó con la célebre frase “bochinche y más bochinche”, refiriéndose con frustración al desnalgue que ya se veía venir en la Caracas colonial.

Tomemos, por ejemplo, esquinas célebres del municipio Libertador. La esquina de Ánimas tomó este lúgubre nombre por ser un espacio donde las beatas se dedicaban a rezarles a sus difuntos, e incluso a hacer procesiones a altas horas de la noche. Nomás imaginar a un tumulto de doñas llorar y rezar de madrugada en la Caracas de neblina y faroles, difícil no ha de haber sido imaginarse un espanto. La esquina de Angelitos lleva este celestial nombre no por ser un espacio para querubines. Según la leyenda, José Antonio Páez tenía una moza casada por esos predios, y cuando iba a visitarla se hacía acompañar por un cortejo de escoltas que le cantaban la zona en caso de que llegara el infortunado cornudo de vuelta a casa: sus “angelitos”.

Cuando el auto era un lujo inalcanzable salió de principios del siglo XX la famosa expresión “bájate de la mula”, para referirse al momento en que se debe pagar por un servicio. En aquellos tiempos la mula hacía de taxi o de transporte público caritativo, y el aventón costaba lo suyo. Se gozaba “un lochero” o “un puyero”, cuando la locha y la puya (las monedas de Bs. 0,125 y 0,05, respectivamente) estaban vigentes y valían mucho. Todos los extranjeros desde principios de siglo XX fueron rebautizados como “musiús”, tomando el préstamo del francés “monsieur”.

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ÉPALE297-IDIOMA 3Los hermanos Nazoa, así como el humorista Otrova Gomas, fueron muy prolíficos en retratar los caraqueñismos en sus obras, y Caracas siempre era Caracas en clave de risa. Aníbal Nazoa hizo de la creatividad verbal un seriado radial legendario, y posterior libro, titulado La palabra hoy, donde explicaba, medio en broma medio en serio, las definiciones de los vocablos inventados o prestados por los caraqueños.

Del seriado La palabra de hoy veamos, por ejemplo, la crónica de Aníbal Nazoa sobre la palabra energúmeno.

ENERGÚMENO. ¿Quieren oír una palabra bien impresionante, de esas que nos ponen los pelos de punta? Pues aquí tienen la de hoy: energúmeno. El significado de este vocablo es mucho más espeluznante que cualquiera de los que les damos habitualmente, porque un energúmeno es, según consta en el diccionario, ni más ni menos que una persona poseída del demonio (…). En verdad, la clase de vida que se lleva hoy día, lo extremadamente difícil que ha venido a ser la simple convivencia entre los integrantes de la comunidad, hace que cualquier ciudadano normal, pacífico y bien educado, de pronto se convierta en un energúmeno capaz de agredir hasta a su propia familia. Recordando la famosa obra de
H. G. Wells, El hombre y la bestia, podemos decir que por nuestras calles circulan diariamente millones de doctores Jekill, cada uno con su míster Hyde, vale decir, su energúmeno por dentro y a punto de saltar”.

Avanzando en el tiempo, los referentes sociales y especialmente anecdóticos han constituido el caldo de cultivo para la creación de frases, y la gramática muy poco tiene qué ver. Dentro de los códigos comunicativos jocosos la picardía y el doble sentido juegan un papel preponderante, y no hay misericordia de Dios que perdone al incauto a quien se le escape un “chinazo” en “horario infantil” (antes de la media noche). Así, es preferible no preguntar por qué le dicen a una que “se le quemó el arroz” (lleva los pantalones demasiado ajustados y se le marca el trasero) o que “tiene la bodega abierta” (lleva el cierre del pantalón abajo). El arte del cortejo para el caraqueño es asunto de cacería, así que quien ataca a una damisela “le está cayendo”. Y si les cae a todas, será famoso por ser un “baygón” o un “palo de agua”. Por otra parte, si usted se atreve a pedir en una panadería un “negro grande y fuerte”, no se extrañe de que el resto de la cola y el dependiente se rían en su cara cuando usted, inocentemente, solo pide un café sin leche.

Le echan más leña al fuego de nuestra habla las alusiones animales, el beisbol; los códigos carcelarios, del hampa, de las drogas y del barrio en general. El periodista Fausto Masó solía decir que la jerga caraqueña proviene de los códigos malandros convertidos en habla general. Tenemos, entonces, una fauna en la selva de concreto, donde un “becerro” y un “chigüire” son “sendos gallos” (es decir, unos tontos). Si escucha el grito de “¡agua!” no tiene qué ver con que reactivaron el servicio, sino que hay que estar alertas porque viene la policía. Y si en una fiesta te dicen “ruédala”, se referirán a que compartas el trago, el cigarrillo o el sucedáneo que estés consumiendo en ese momento.

La identidad verbal caraqueña no pretende pasar por alto las normas convencionales de la Real Academia. Más bien hace uso de las mismas para trascenderlas y así generar una complicidad social que castiga los abusos e ingenuidades con la risa. Es esa camaradería la que se refleja en modismos insólitos, con relatos dignos de recopilarse. Teniendo en cuenta esta interpretación, estamos seguros de que Andrés Bello no se estará revolcando en su tumba con nuestra lírica intensa, sino que capaz y gozaría un puyero sistematizando los frutos de nuestra jerga.

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ÉPALE 297 EDICIÓN 6º ANIVERSARIO

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