ÉPALE317-LIBREMENTE

POR MIGUEL POSAN • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Mientras el terror se da cuando el miedo supera los controles de la conciencia, convirtiéndose en pánico, parálisis o fuga irracional, el horror es una impresión intensamente desagradable, provocada por un elemento pavoroso, espeluznante, que va más allá del miedo y se mezcla con el disgusto, la desazón y el desagrado.

Siempre, leyendo la historia de las guerras e invasiones, me ha producido curiosidad cómo vivían esas personas en la cotidianidad: los ciudadanos sitiados por las Cruzadas, las ciudades romanas ante las embestidas de los bárbaros o los pueblos sirio, libio, iraquí y afgano ante la violencia indiscriminada producida por el imperialismo yanqui y los países títeres de Europa. Pero nunca imaginé vivir la misma situación. Y ahora, poco a poco, nos damos cuenta que desde hace años se ha ido tejiendo un cerco virtual, relacional, económico, político y militar sobre nuestra realidad de todos los días, la cual se ha venido empobreciendo y enrareciendo. Realidad que se ha depauperado progresivamente y que no tiene un límite de llegada al fondo.

Así como en las historias de los castillos medievales cercados por enemigos, estamos viviendo prácticamente lo mismo que por los siglos la humanidad (los seres humanos) ha vivido cuando está en peligro: el sentido de incertidumbre se eleva a niveles insospechados, pasamos de la ansiedad al pánico para luego caer en estados de somnolencia, desánimo y anestesia. ¡Claro!, estamos en una guerra psicológica de inmensas proporciones, y a esto se agrega la amenaza de un conflicto armado para el cual no hay preparación psicológica que valga. Porque nada te puede preparar para el gran horror que significa una guerra, no importa cuánto dure ni de qué lado estés.

Cuando veo los dos imaginarios que cohabitan en nuestro país llenarse de imágenes de preparación para la violencia, para el horror y el terror, me doy cuenta que estamos en un punto ciego de locura colectiva, de irracionalidad contagiosa; situación que no augura nada positivo, todo lo contrario. Esto pareciera inevitable por el actor externo interesado en apoderarse de todo lo que tenemos.

Y así, como en los cuentos, estamos como los paisanos dentro de un castillo medieval: tratando de resguardarnos, esperando la embestida de los bárbaros, tratando de mantener algo de nuestra cotidianidad y nuestra cordura; entre prever qué comer esta semana y ejercitarnos constantemente en “tratar de pensar en positivo” o “ser positivos”, mientras la pesadilla avanza y descubrimos que no podemos despertar.

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