Entre risas y bailes hablamos de sexualidad

Por Niedlinger Briceño@colectivatejedora / Ilustración Sol Roccocuchi • @ocseneba

Una de las necesidades que más expresan las promotoras comunales en la Comuna 5 de Marzo Comandante Eterno de El Valle es la falta de herramientas para hablar de sexualidad a lxs niñxs. No se sienten tan seguras para introducir este tema en ninguna edad, pero al darse cuenta qué tan importante es, decidieron exponerlo para buscar una solución.

Ese día hablamos de cómo la pornografía va atrayendo a los chamos, más que todo, a una forma de vivir parte de la sexualidad de una manera banal e inconsciente, donde además, todo el placer y la satisfacción concentrada en el hombre y la mujer queda en un segundo plano como instrumento para llegar al coito.

Nos montamos en la tarea de planificar actividades lúdicas con niñxs entre cinco y doce años, donde hablamos de sexualidad en su amplio concepto y sobre todo con la idea de atender y prevenir alguna violencia sexual que esté ocurriendo en el entorno.

Entren que caben cien

La puerta de la Casa Comunal En Clave de Mujer estaba abierta desde temprano. Se llegaron todxs perfumadxs y con sus mejores pintas para la ocasión, además no solo asistieron de las edades comprendidas, sino que llevaron a una hermanita de tres años que no podían dejar sola en casa.

Empecé hablando de anatomía del cuerpo de una niña y de un niño. Algunas niñas no me miraban a la cara por vergüenza y los niños si querían hablar hasta por los codos, aquí se hizo evidente que la sexualidad nos la secuestraron a nosotras para tener el privilegio de sentirnos “sumisas y calladitas”.

Vamos con vocabulario llano

En un papelógrafo fui colocando las partes del sexo biológico y su nombre correcto, además surgieron otras formas de llamar a cada una de esas partes. A la vulva le dijeron “cosita”, “poncha”, “cuchara” y “cuca”, muchxs desconocían lo que es el clítoris, pero algunas más grandecitas ya se lo habían palpado, esto me permitió presenciar las risas nerviosas y las miradas con ojos inquietos que querían conocer más de sus cuerpos.

Las más pequeñitas empezaron a describir los cuerpos de las mamás y es que la referencia más cercana del cuerpo de una mujer es el de nuestras madres. La más chiquitita aún toma teta y la ternura con la que describió el cuerpo de mamá fue tanta que sus ojitos le
brillaban de felicidad cuando nombraba a su “tetis”.

Los niños se expresaban con más soltura hablando de penes y testículos. Se podrán imaginar todas las palabras que salieron para nombrar estas partes masculinas: “paloma”, “machete”, “guevo”, “piripicho”, “bolas” y pare de contar, pero cuando les hablé de vellos púbicos la cara de asco de todxs no fue nada normal.

Interacción sexual en la infancia

Salieron a flote juegos entre hermanxs como por ejemplo “papá y mamá”, ¿quién no jugó esto en su infancia? Yo sí y me alegra saber que mis primxs estaban en la misma sintonía que mis hermanas y yo pues nunca existió abuso y siempre hubo manifestación del sentir de una forma espontánea y sincera.

Cuando somos chicxs se van despertando algunas inquietudes por sensaciones y sentires en nuestras zonas erógenas y es algo muy normal que puedan compartirlo con otrxs niñxs contemporáneos con ellxs y con el mismo interés ingenuo de experimentar el sentir. Los besos siempre han sido una curiosidad para lxs niñxs y dentro de esa curiosidad constante es posible que hayan adultxs con malas intensiones que estén atentxs a lo que ocurre para poder intervenir con engaños y manipulación.

Respeto a los cuerpos propios y ajenos

Para cerrar la jornada les propuse bailar reguetón, un género que tiene tomada las mentes de chicxs y grandes reproduciendo conductas misóginas y violentas en la sexualidad pero que moviliza al mundo entero. La idea en esta clausura era poder escuchar con atención qué dice la letra de la canción y traducirla a ellxs para tener conciencia de lo que estamos bailando y perreando.

Además, sirvió para explicarles a las niñas que nada, absolutamente nada las hace culpable de un abuso sexual; ni porque bailen reguetón, ni porque usen faldas cortas, pintura de labios, medias pantis y tacones. Y a los niños que nada les da derecho de abusar del cuerpo de otra persona por aceptar bailar o jugar con ellos.

Definir el cuerpo como territorio nos sirvió en este encuentro para hablar de autocuidado, de defensa, de sembrar y cultivar amor propio donde dejamos de acribillar nuestras marcas e imperfecciones para amarlo y respetarlo.

No es un territorio que debería estar en disputa, ni un objeto que solo funciona para ofrecer placer, mucho menos una máquina reproductora de carajitxs, es el espacio desde donde podemos ser, sentir, pensar y expresar todo lo que queramos compartiendo espacios con otrxs e intercambiando consensuadamente parte de lo que cultivamos en ese territorio autoconquistado.

ÉPALE 424