“Entrega total”

Es el propio bolero del enamoramiento extremo. Sí, así como suena. Es como lanzarse en un kayak río abajo o tirarse al vacío en un paracaídas. Es como cuando llegamos al llegadero del frenesí, a esa divina sensación de ser sólo, solito de la muchacha esa, en las condiciones que le dé la gana. Lo más aproximado que conozco es cuando el doctor Cristóbal Maciá le decía a su bella Morela: “Yo soy la alfombra roja que tu pisas”, que tan buenos resultados me dio durante un par de años, cuando se lo dije al gran amor de mi vida. Pero de ahí a: Esta vez ya no soporto la terrible soledad. / Yo no te pongo condición, / harás conmigo lo que quieras, bien o mal —¡qué vaina tan buena!—. / Llévame, de ser posible, hasta la misma eternidad, / donde perdure nuestro amor / porque tú eres toda mi felicidad. ¡Ayayayay!
Es la propia entrega total, o aquel sabio decir: “Mátame guayabo que el amor no pudo”; la merma, pues, de las declaraciones de amor: Llévame, si quieres, hasta el fondo del dolor. / Hazlo como quieras, por maldad o por amor. O aquel “cógeme que voy sin jockey”, que funcionó hasta que descubrieron que me copiaba de Héctor Lavoe. Otra manera de llorar abrazado a una rocola mientras cantaba a Daniel Santos en el bar El Jardín de la Nueva Granada: Pero esta vez quiero entregarme a ti en una forma total, / no con un beso nada más. / Quiero ser tuyo, sea por bien o sea por mal. / Llévame, si quieres, hasta el fondo del dolor. / Hazlo como quieras, por maldad o por amor. ¡Recojan los vidrios!
Disculpen la emoción. Hay que decir que “Entrega total” es un bolero ranchero de Abelardo Pulido Buenrostro y popularizado por Javier Solís en la película Campeón del barrio, de 1964; hasta Mario Moreno “Cantinflas” lo cantó en su película Entrega inmediata. Sin dejar por fuera a Flor Silvestre en El tragabalas, filmada en 1964. ¡Llevátela Gouveia!