ÉPALE310-TRANSPORTE

EL CAOS SE AMONTONA EN LAS ESQUINAS. LOS COLECTORES SON LOS AMOS Y SEÑORES DEL ASFALTO. UN GREMIO VARIOPINTO QUE SE SUSTENTA EN EL MALTRATO A MANSALVA. LOS CHOFERES ESTÁN EN UN OLIMPO CASI LEGENDARIO, POR ENCIMA DE DIOS Y DEL DIABLO, CON UN PODER ABSOLUTO A LO LARGO DE MEDIO SIGLO. UNA DINÁMICA SOCIAL QUE PARECE TRAMADA POR UN ENEMIGO OMNISCIENTE, UNA ESPECIE DE GRAN HERMANO QUE LO CONTROLA TODO SOLO PARA EL MAL, PARA QUE POCO O NADA FUNCIONE. UN MISTERIO DE LA VIDA: ¿EN CUÁNTO ESTARÁ EL PASAJE MAÑANA?

                                        POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO                                          FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ – ARCHIVOS

Hay misterios inescrutables: ¿cuál es el sexo de los ángeles?, ¿cómo surgió el universo?, ¿fue primero el huevo o la gallina?… ¿cuánto costará el pasaje mañana?

Aunque parezcan inquietudes necias, nos someten a grandes disquisiciones, y más si resides en uno de esos ramales periféricos de la capital que conforman el imaginario geopolítico llamado Gran Caracas, que se alimenta de pequeñas urbes satélites como Guarenas, Guatire, Los Teques, San Antonio de los Altos, Charallave, Cúa, etcétera; localidades que gotean población flotante a la ciudad, incrementando sus 4 millones censados a, por lo menos, 7 millones de lunes a viernes, en horario de oficina.

ÉPALE310-TRANSPORTE 1En las redes se viraliza, para el morbo planetario, una postal postapocalíptica: hombres, niños, mujeres y ancianos ascienden a empujones, arreados por un señor con un palito que va orientando la procesión, a las novísimas “perreras”, ese inenarrable sistema de transporte “alternativo” que impuso el azar para que la gente llegara a su destino.

Se dirigen a Ciudad Belén, un desarrollo habitacional que nació en las estribaciones montañosas de Guarenas en el marco de la propuesta de ciudades socialistas, a 30 kilómetros de Caracas. De aquella idea germinal solo quedan vestigios de un urbanismo atenazado por la delincuencia, detenido por los precios y la ausencia frente al colapso del servicio de transporte público.

La gente pasa horas sentada sobre las aceras, se reparte una teta o dos (el helado, no la otra), vaga sobre un círculo imaginario o mata el tiempo jugando piedra, papel o tijera mientras San Cristóbal (patrono de los conductores) interviene con actitud piadosa y manda el autobús, la perrera o lo que salga.

“Te recomiendo el mototaxi, pana, más caro pero más seguro. Lo demás es atrinca: si llega un autobús tienes que caerte a coñazos. Si te vas en las perreras es a tu riesgo”, me advierte el perrocalentero de la esquina que, como buen comerciante callejero, maneja las claves más intrincadas de la información y resulta el más ilustrado cronista urbano.

Es solo una estampa de todas las imaginables en esa ciudad fundada en 1621, donde moran no más de 250.000 seres humanos, muchos dependientes de una viciosa correlación laboral-estudiantil con Caracas. Allí convergen también, en inexplicables remedos de terminales de transporte, rutas hacia algunas otras comunidades barriales (Clavellinas, Zumba, Vuelta La Hoya), hacia la cercana Guatire (a menos de 10 kilómetros), hacia diversas poblaciones de Barlovento y, cómo no, hacia Petare y Caracas.

Cinco bolívares soberanos a través del también novedoso TransMiranda. 300, o lo que les apetezca, a La California y Caracas, las clásicas rutas suburbanas desde el célebre terminal de transporte de Trapichito (donde hizo combustión el Caracazo). De 200 a 300 soberanos los mototaxis a Ciudad Belén, por si acaso.

La Gaceta Oficial número 6.412, con fecha lunes 12 de noviembre de 2018, que establece oficialmente la tarifa máxima para las rutas interurbanas y suburbanas en todo el territorio nacional, jura que el pasaje entre Guarenas-Caracas cuesta 15 soberanos. Pero no es lo más extravagante: afirma que para las personas de la tercera edad y con discapacidad habrá un descuento de hasta 50%, al igual que para estudiantes, pero ningún chofer cumple con dicha norma porque, a según, Maduro mandó a decir que a todos les toca pagar igual.

La cola para subir a la ciudad socialista, a las 10:30 de la mañana, ya resulta imposible. Por todo el frente un carro pasa, muy despacito, por la avenida, es un Mercedes Benz biplaza color amarillo eléctrico, con un tipo en su interior hablando por celular con aspecto de magnate ucraniano.

El misterio de los contrastes de un país maniatado por los extremos.

En los terminales suburbanos esperar el transporte es un acto de fe

En los terminales suburbanos esperar el transporte es un acto de fe

¿SE MONTA O SE QUEDA?: LA PREGUNTA-TRAMPA

El pasaje es, en definitiva, un temible azar: “Qué va, compinche, supuestamente el pasaje oficial para Caracas debería ser 15 bolos o algo así, pero en el autobús te cobran lo que ellos decidan cada lunes; nadie controla eso y siempre aumentan”, me cuenta un pana que se sitúa a un lado de la cola cazando güire para adelantarse, o lo que salga.

Su versión es la “optimista”. La ecuación malandra la calcula Patricia, sonriente al final de la cola, cuando le consulto precios para llegar a su destino: “Cuando no hay autobús, casi siempre, por una carrera de taxi de Guarenas a Caracas te pueden pedir más o menos un riñón, un por-puesto cualquier otro órgano, el autobús va a depender del humor con que amanezca el maldito chofer, y creo que siempre amanece molesto”.

Esta situación ha llegado a extremos insospechados. En algunos urbanismos, que luego de un gran esfuerzo de organización lograron generar sus pequeñas líneas internas que finalmente mutaron también en pequeños tiranos del asfalto, la anarquía es similar, bajo el antipático grito de guerra de conductores y colectores que se ha puesto de moda, cual tema del reguetonero Ozuna: “¿Se monta o se quedaaaaaaaa?”.

A veces, en medio del colapso, un fiscal de los que te requisa para detectar si vas armado en la puerta del autobús, termina convirtiéndose en un ser entrañable, pues finalmente es un tipo que te da un abrazo, te acaricia, te toca; mientras que el resto de la gente se muestra arisca, incapaz de evidenciar ningún tipo de empatía frente a tantas dificultades para una operación tan básica y doméstica como lo es trasladarse de un sitio a otro en la ciudad.

DE 6 A 7: LA HORA MALDITA

Bien en la mañana, bien al atardecer, puede clasificarse esta franja horaria como el período del día en que el pueblo vive la expiación de sus culpas en el Purgatorio de la Divina Comedia: es la temible hora pico, expresión que conceptualizaba antiguamente la aglomeración urbana por el incremento de población y transporte en las avenidas dirigiéndose o regresando de sus faenas diarias. Hoy, sencillamente define el episodio atómico en que la gente debe ingeniarse las peripecias más sórdidas para llegar.

Un autobús adscrito a cualquiera de las malevas líneas de transporte privadas (o públicas, es lo mismo), a eso de las 6 de la tarde, puede describirse como un ruinoso amasijo de metal oxidado que alberga en su interior un embutido de piel sudada, en un solo churro que se desborda por las ventanas y por la puerta principal, donde cuelgan, como banderines ondeando, entre ocho y 12 piernas a la deriva que se van dejando fustigar por el riesgo de caer sobre el asfalto caliente.

Pero la inventiva popular, frente a la paralización de más de 90% de la flota de vehículos interurbanos por la crisis de repuestos, según los datos del Comando Intergremial de Transporte, ha obrado el milagro de la solidaridad en medio del sálvese quien pueda. Han surgido nuevas modalidades de transporte particular, más seguras y un pelo más económicas, a partir de particulares que han dispuesto de sus carros para rebuscarse la quincena.

Para otros, caminar se ha vuelto la solución. Grupos de trabajadores tomaron la decisión de reunirse en grupitos prófugos del pesimismo para recorrer el trecho de varios kilómetros entre origen y destino. La compañía es vital en términos de seguridad, se pasa el rato más distendido y hasta significa una posibilidad de ejercicio físico. Solo al final, entra en debate la gran pregunta: ¿y con qué agua nos bañamos cuando lleguemos bien sudados a casa?

Y A LA HORA DEL PERREO

Parió la abuela. De pronto, como una exhalación de diablo, se posicionó en el imaginario del peatón apurado un concepto de candente actualidad: la “perrera”, un recurso sobrevenido y estimulado por la necesidad, la respuesta peligrosamente astuta ante la inercia, una improvisación mágica y con posibilidad de hacerse eterna en medio de las circunstancias que ya sabemos, donde confluyen la ineficiencia burocrática y el ensañamiento de la guerra económica que impide reponer inventario de repuestos al sector automotriz, lo que, a su vez, sirve de muletilla para excusarlo todo.

No han de ser, necesariamente, un monumento a la desidia, pero sí la evidencia del fracaso del sistema de transporte público que históricamente ha sido caótico, desde que las líneas privadas asumieron el liderazgo de la atención a la movilidad urbana y suburbana en un país donde se desplaza, al menos, 70% de la población gracias a este mecanismo.

Empezando por su nombre popular, la entonación sesgada pasa por interpretar este tipo de servicio como una degradación general e inhumana, perruna pues, cuando bien instrumentalizada podría convertirse en un mecanismo útil, rápido y efectivo para trasladar a los contingentes humanos obligados a movilizarse de un sitio a otro en el ajetreo de la cotidianidad.

La “perrera”, una opción sobrevenida

La “perrera”, una opción sobrevenida

MÁS ALLÁ DE LA SEMÁNTICA, LA “PERRERA” SALVA

El Gobierno, por su parte, intenta ofrecer algunas salidas como jornadas de dotación de cauchos, baterías y aceite que se distribuyen entre transportistas organizados de todos los ejes territoriales, pero sin llegar a cubrir las expectativas frente a la avasallante paralización del servicio.

La buena noticia es que el gobierno regional de Miranda instaló, desde el 20 de junio pasado, la ruta Guarenas-Los Dos Caminos del servicio TransMiranda. También se presta el servicio en algunas rutas internas con costos que no exceden el 10% del ingreso familiar.

En total, el Gobierno Nacional aprobó el 19 de junio de 2018 la inversión de más de 6 billones de bolívares para un programa de reparación y activación de 1.500 nuevas unidades de transporte para TransMiranda en toda la entidad, anunciado por el propio presiente Maduro.

Por otro lado, y gracias a la organización comunal a través de las Mesas Técnicas de Transporte, esta semana se incorporaron unidades a la línea de transporte Caribe para beneficiar a más de 6.000 pasajeros de la ruta La Yaguara-El Junquito, reino inexplorado de las mafias del transporte y pasto seco para el fuego de las “perreras”.

Sin mejores opciones, y mientas tanto, la gente improvisa salvando la posibilidad de llegar (no digamos a tiempo) al trabajo, a clases, a buscar al hijo al colegio, a casa a lavar la ropa porque hoy es el único día que llega el agua al barrio, y así.

Transporte Caribe llegó a salvar

Transporte Caribe llegó a salvar

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