ÉPALE301-RECETARIO

POR MALÚ RENGIFO @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Uno puede ser muy optimista, pero vamos a estar claros: no existe ser humano en esta tierra que salga ileso de la zaparapanda emocional que simboliza, por estos días, una visita al mercado.

La rutina es más o menos la misma para todo pobre iluso que decide hacer la compra sin haberse preparado para ignorar los exorbitantes precios actuales de la comida, y seguir siendo feliz: uno camina contento, creyendo que los 700 soberanos que tiene en toda la vida le alcanzarán para un modesto mercadito que le dure una semana, y entra al establecimiento comercial sin saber lo que le espera.

Primero piensa en agarrar una cestica, pero para asegurarse de que no le falte espacio se apertrecha detrás de un carrito, y comienza su viacrucis: empuja y camina lentamente a través de los pasillos viendo precios, mientras su ingenua sonrisa se va tornando en una mueca de terror, como si en el compartimiento de cargar niñitos que tienen los carritos de mercado estuviese sentado, echándole cuentos, nada más y nada menos que Chucky, el muñeco asesino.

El aguacate cuesta más de 230 el kilo, el pollo y la carne no existen; en su defecto, cualquier pescado cuesta más de 400 soberanos por kilo. El pimentón está a 720, y eso ya es más de lo que usted tiene en la vida; y lo que hasta hace unos días era barato, si es que cabe, ya hoy figura como artículo de lujo.

En vista de la ignominia, adolorido el bolsillo por los altos precios, pero también ansioso por nutrirse y comer algo sabrosito, usted deja el carrito en todo el medio del pasillo y se va hacia la zona de las verduras, donde agarra, humildemente, un pimentón chiquitiiico, una cebolla, una papa, un tomate, una berenjena, un calabacín y con eso se va a su casa.

Al llegar prende el horno a 180 °C, y mientras este se calienta usted va lavando los ingredientes y colocándolos sobre un papel de aluminio que, a su vez, se encuentra encima de una bandeja resistente al calor. Los rocía todos con sal, pimienta, orégano, aceite y/o cualquier cosa parecida a una especia, y los pone a hornear por el lapso de una hora.

Al terminar la cocción retira las semillas del pimentón y la cáscara de la berenjena. Pica los vegetales a su gusto, los rocía con otro poquito de aceite y, si es de su agrado, alguito de vinagre. Ese plato se llama “escalivada” y tiene su origen en la Guerra Civil Española, cuando la hambruna era seria y la gente pelaba bola de la de verdad-verdad.

Puede comerse solo y es muy rico, pero aprovechando que en las cajitas del CLAP suele haber bastante arroz, les invito a acompañarlo de un buen plato de arrocito bieeen sabroso.

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