POR MALÚ RENGIFO/@MALURENGIFO

RECETARIO 158Hasta no hace mucho uno decía que estaba pelando bola cuando almorzaba espaguetis con queso, caraotas o sardinas. Si hubiéramos tenido una máquina del tiempo con la cual averiguar que para finales de 2015 conseguir espaguetis en el mercado sería más difícil que encontrar a Nemo, las cosas serían peores: los primeros afortunados en usar la máquina del tiempo le pasarían el pitazo a sus familiares y amigos y todos ellos hubiesen viajado al pasado para comprar todisísimas las provisiones de espaguetis existentes desde 2013 hasta hoy, y así conformar una mafia para vendernos carísimos todo lo que fuera pasta porque, tú sabes, “eso va a escasear”.

Así que menos mal que no hubo máquina del tiempo ni un coño y que la comedera de pasta fue buena mientras duró. Eso sí, hoy nos vemos enfrentados al síndrome de abstinencia espaguetil o, lo que es lo mismo, un soponcio que nos da a todos aquellos que adorábamos abrir la despensa y ver nuestras provisiones de espaguetis disponibles, porque nos encanta la comedera de masa, o porque los espaguetis se cocinan rapidito, llenan bastante y saben bien con casi cualquier guarandinga.

TRES FORMAS DE CONSEGUIR PASTA

Pero a ver, no exageremos, tampoco es que los espaguetis están completamente desaparecidos de la faz de Venezuela. Empezando porque usted va para cualquier comedero callejero de toda calaña posible y en el menú nunca falta un plato ’e pasta (a 500 bolos por plato, como muy barato), continuando porque en más de un abasto cuchitriloso he visto que venden pasta (siempre de marcas importadas, a más de 900 bolívares el medio kilo de espaguetis largos, sospechosamente iguales a los nacionales regulados) y terminando porque la harina de trigo está más fácil de conseguir y la harina “todo uso” es lo mismo que un paquete de espaguetis, pero en polvo. A esa tercera forma de conseguir pasta es que yo quería llegar.

Hacer espaguetis caseros no es, para nada, difícil. El primer paso es agarrar medio kilo de harina de trigo, dos huevos, una cucharadita de sal y un chorrito pequeño de agua, mezclar locamente todo eso, amasando y amasando hasta que quede una masa bien, pero bien homogénea, elástica, simpática ella.

Luego hay que dejarla reposar por media horita para que reflexione y se vuelva más flexible todavía.

Pasado ese tiempo (que puede haber sido aprovechado para poner a hervir el agua) hay que agarrar un rodillo, espolvorear de harina un mesón limpio y estirar ahí la masa con paciencia hasta que quede suficientemente planita y suficientemente delgada.

Esa telita-masa se espolvorea de harina nuevamente por arriba y se enrolla como un pergamino. Luego, se corta en trocitos como de tres milímetros de grosos y cada trocito de esos, al estirarse, será un espagueti. Se cocinan igualito que la pasta normal, en agua hirviendo con sal, hasta que tengan la consistencia deseada.

ÉPALE 158

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