Esta es una receta para no hacer ningún té

Por Gustavo Mérida /  Ilustración Daniel Pérez

La excusa es, o era, el tema del agua; pero de entrada, le da un tono quejumbroso que, a estas alturas de este partido, es ridículo: en esta ciudad llovió lo suficiente como para agarrarla y, en el peor de los casos, bajar la poceta. Agüita para hacer té se puede conseguir.

Basta ir a la montaña, por ejemplo; cumplir con un horario y llevar su envase o pipote, dependiendo de sus capacidades. En todo caso, estos son tiempos de guardar agua siempre que salga del grifo.

Pero antes (y miren que “el tema del agua” se las trae: me ha ayudado, de maneras insospechadas, a ir en la dirección correcta para hallar el té para caminar juntos, que es el más difícil), repito: antes, y corrijo; pero después, el tema de la gasolina, o mejor dicho, el tema de cómo se comunica lo de la gasolina, impidió, felizmente, que llegara la hora del té.

En Caracas, la llegada del combustible iraní normalizó (o viralizó, en las mal llamadas redes sociales) la frustración de hacer muchas horas de cola y llegar cerquita de la entrada, muy cerca, y escuchar la frase “se acabó la gasolina”.

Es una sensación que, al principio, es muy, muy, muy mala. Antes de la llegada de los buques, en colas de 14 o 17 horas, escuché decir a un conductor que acababa de apagar su vehículo, luego de saber que era el número 190 y antes que transcurrieran todas esas horas: “Olvídense de echar gasolina hoy: no llegamos”. No hablaba desde la queja, sino desde la experiencia… y desde la esperanza.

Pero nada de esto justifica que no tenga una receta.

Cargando agua en un pipote grande, entre dos, descubrí que para hallar el tan anhelado té para caminar juntos, hay que empezar por caminar juntos cargando agua en un pipote grande; los pasos, rápidos, precisos, deben tener esa cadencia que da el esfuerzo, ese ritmo que dan los descansos, esa otra humedad que da el sudor.

“Voy bien”, pensé. “Vamos bien”, corregí de inmediato, y la miré mientras seguía su paso. Caminábamos juntos, a la distancia del pipote; llegamos y encendí las noticias.

“De 5 de la mañana a 5 de la tarde”, dijo el ministro.

Entonces lo supe: no iba a hacer ninguna receta de té nada un coño. Como si todas las gandolas con todo el combustible pudiesen estar a una hora determinada en todas las bombas determinadas. Yo lo escuché, y también quienes le creyeron, que seguro no lo hacen más.

ÉPALE 376

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