Este 25N la Articulación Feminista no se quedó en casa

En un contexto de pandemia mundial y en semana de cuarentena radical salimos a las calles al encuentro por nuestros derechos

Por Niedlinger Briceño PerdomoColectiva Tejiéndonos Mujeres  / Fotografía Michael Mata

En Emergencia Feminista volvimos a las calles caraqueñas este 25 de noviembre en el marco del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer para alzar nuestras voces y exigir que se garanticen nuestros derechos como sujetas sociales que sostienen el proceso revolucionario que se da desde las bases populares en Venezuela.

Mucho tiempo había pasado que no nos sentíamos con ese fuego que nos une cuando calentamos las calles caraqueñas, esta vez con tapabocas y sin un tantito de distanciamiento, las miradas nos conectaban con esa misma lucha, nuestros pañuelos verdes y violetas giraban de un lado a otro y nuestra energía se manifestaba en el canto de sentirnos las nietas de las brujas que nunca pudieron quemar, de las indígenas que nunca pudieron matar y de las negras que nunca pudieron esclavizar.

El reconocimiento de sabernos en lucha activa y constante nos dio la libertad de gritar: “No me cuida la policía, me cuidan mis amigas”, porque realmente nos sentimos desprotegidas y vulnerables con el sistema policial que hoy anda en las calles matraqueando y velando por sus propios intereses.

Con un sol inclemente, nos concentramos en el Ministerio de Interior y Justicia (MIJ) por nuestras hermanas víctimas de femicidio, seguimos gritando Justicia para todas las Mujeres y que el retardo procesal no siga ocasionando que no estemos todas. En lo que va de año van más de 200 mujeres asesinadas, según reporte de Utopix, a cargo de la compañera Aimé Zambrano y ni hablar de cómo se ha venido incrementando de violencia sexual por quedarse en casa son sus propios maltratadores en confinamiento.

Leímos un comunicado donde expresamos todas y cada una de nuestras exigencias junto a los puntos que proponemos como articulación, éste fue entregado a la viceministra Alana Zuloaga, la cual nos recibió en las instalaciones del MIJ en un interés de escucha y profundización de nuestras exigencias y propuestas porque el poder popular apuesta a la transformación real de un Estado que anda corrompido y divorciado de las necesidades de las comunes, las despojadas, las de a pie.

Entre esas propuestas, lo sustancial está en la sensibilización y formación profunda de todo el sistema jurídico y legislativo, este creemos que es el camino para lograr la despatriarcalización del Estado, el mismo que se declara feminista en su discurso pero que es incoherente al materializar la protección de las que sostenemos la Revolución.

En un comunicado entregado al MIJ expresamos nuestras exigencias y propuestas

Quizá esta transformación no la veremos nosotras en vida, ni siquiera nuestras hijas, pero seguiremos empujando para que algunas puedan vivirlo y gozarlo. Con la plena seguridad que no vamos a ceder ni un poquito todo lo que hemos alcanzado históricamente en la lucha por un vivir dignamente, y “que la dignidad se haga costumbre”.

Y nos seguimos preguntado ¿cómo generar políticas públicas para erradicar la violencia contra las mujeres si no existen cifras oficiales que validen la cantidad de víctimas por cada violencia tipificada en la Ley? ¿Cómo saber cuáles son las precariedades en la pésima ejecución de las leyes y de qué forma actúa el sistema patriarcal para sostener al sistema capitalista y viceversa?

Una de nuestras herramientas más poderosas para expresarnos es a través del performance, como siempre, nuestra arma cultural, Velos invisibles, interpretado con la Brigada Feminista Latinoamericana, expresó esas violencias que se han normalizado en nuestra sociedad y otras, que aunque sean evidentes, pasan coladas por nuestro sistema jurídico. Por esto y por mucho más mantuvimos en mano nuestra Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Transeúntes iban y venían, algunas se acercaban y nos contaban sus historias de violencia, otrxs nos miraban como locas, “las forma peos”, y otras más se incluían en el canto que también las convocaba, sin saber por qué, sin hacerlo conscientes se les erizaba la piel y se iban en llanto. Nunca lo hablan, el silencio las mantiene ahogadas en un dolor profundo. El semáforo se ponía en rojo y tomábamos la avenida Urdaneta, sonábamos más fuerte que las cornetas de los autos apurados e indiferentes pero aún así logramos tomar el espacio público sin problema.

Nos juntamos en una sola voz coreando el tema “Canción sin miedo” de Vivir Quintana, una cantautora mexicana que conectó a toda Latinoamérica con esta interpretación que nos mueve a cada una de nosotras. Por supuesto, la venezolanizamos a nuestra realidad y así fue que nos escuchamos:

Que tiemble el Estado, los cielos, las calles
que tiemblen los jueces y los oficiales.
Hoy a las mujeres nos quitan la calma,
nos sembraron miedo, nos crecieron alas.
A cada minuto de cada semana,
nos roban amigas, nos matan hermanas,
destruyen sus cuerpos, los desaparecen.
No olvide sus nombres por favor, señor Presidente.

Por todas las compas marchando en Caracas,
por las que acompañan mujeres violadas,
por las comuneras que luchan la tierra,
por todas las madres en triple jornada.

Cantamos sin miedo, pedimos justicias,
gritamos por cada desaparecida,
que resuene fuerte ¡Nos queremos vivas!,
que caiga con fuerza el feminicida.

Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo,
si un día algún fulano te apaga los ojos,
ya nada de falta, ya todo me sobra,
si tocan a una respondemos todas.

Soy Adriana, soy Mayell y soy Brenda,
soy Angela, Maigualida y soy Sheila,
soy la niña que subiste por la fuerza,
soy la madre que ahora llora por sus muertas,
y soy esa que te hará pagar las cuentas.
¡Justicia, justicia, justicia, justicia!.

ÉPALE 392