Exigimos justicia para para Vannesa Rosales y #QueSeaLey

                             Por Niedlinger Briceño Perdomo@colectivatejedora                                  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Este artículo no está escrito para lectorxs moralistas ni pacatxs, mucho menos para quienes ignoran una grave realidad haciéndose llamar “próvidas”, tampoco está escrito para convencer sino más bien para conmover, pero si lo lees y no pasa nada, tranquilx, puede que nunca hayas pasado o acompañado un aborto clandestino, a escondidas, doloroso, culposo, desgarrador y peligrosísimo, tanto que pone en riesgo la vida de quienes deciden realizarse esa práctica que también llamamos, interrupción voluntaria de un embarazo para que no sea tan violento el término, pero si la práctica es violenta por ser ilegal, ¿cuál es el peo que hablemos de aborto?

Hace par de años leí el texto de Las Comadres Púrpuras llamado Gancho, canela y sangre, una compilación de testimonios anónimos de mujeres que han transitado por abortos clandestinos, venezolanas que “decidieron no callar” y adentrarse una vez más en ese camino. Unas acompañadas y amadas, otras solas, desesperadas y señaladas. Este texto que hizo erizar mi piel un montón de veces, el que me hizo llorar una y otra vez, ese mismo texto fue el que releí el 31 de diciembre por la mañana, luego de ver vídeos y fotos de las pibas gritando de alegría y celebrando el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina. Sí que valieron la pena tantos años de lucha, compañeras.

“La abortista en el cuerpo de una asesina”

“Así fue. Javier y yo llegamos al hospital, me hicieron pasar a la sala de partos sola, y él se quedó afuera. Desde ese momento comenzó el infierno, el infierno de la abortista, el infierno de la asesina, el infierno de la mala madre. Me atendió una doctora joven que tendría mi edad en este momento, maracucha, la recuerdo perfectamente, su cara, su expresión y lo que me dijo: ‘Móntate aquí’, refiriéndose al potro de ginecología. ‘Abre bien las piernas’, y buscó un espéculo. La escuché decir: ‘Este es muy grande, ay, pero qué importa’, y sin decir palabra me lo metió durísimo por la vagina, lo abrió y lo retorció, aseverando: ‘Sí, esto es un aborto, hay que hacerte un legrado’. ‘Llévenla a hospitalización, esta niña se queda’. Yo, aunque tenía 20 años parecía una niñita, lo cual les dio motivo para tratarme peor”.

Ese es uno de los relatos, ella sólo adquirió cuatro pastillas y tomó una oralmente y las otras dos las introdujo en su vagina, procedimiento que no fue efectivo y tuvo que parar en un hospital donde la trataron como a un animal, nah… ni a un animal se le trata así. Por eso exigimos “aborto legal en el hospital”. Historias similares y con final de sepultura, hay infinitos, resultado de una práctica que es penada en Venezuela y en varios lugares del mundo, es por eso que todos los días mueren mujeres, perforando sus úteros con ganchos, tomando malta caliente, canela y guarapos para expulsar las células que se unen sin deseo del cuerpo que las mantiene vivas.

Vannesa Rosales somos todas

La necesidad de una red de mujeres que lucha por los derechos de todas, se ha evidenciado en el movimiento popular y precisamente de esta lucha que encarnamos con dolor, rabia, pero también con la alegría de saber que “si tocan a una respondemos todas”. Y es que hace tres meses tocaron a una, se trata de Vannesa Rosales, una defensora de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres que vive en Mérida y que fue acusada por acompañar un proceso de aborto a una niña de 13 años que fue violada. ¿Y el violador? Bien gracias, un depredador anda suelto mientras nuestra compañera es juzgada por el Estado venezolano. Convencidas que “un Estado ausente es un Estado feminicida”.

No vamos a descansar hasta que a Vannesa Rosales sea liberada totalmente, no vamos a descansar hasta que se discuta el aborto en la Asamblea Nacional porque cuando exigimos justicia, estamos exigiendo que se haga ley, que las mujeres están muriendo por no querer tomar medidas en las políticas públicas para disminuir esta causa. Que les guste o no, los abortos ocurren todos los días y que sea clandestino empeora la situación de las más pobres; que debe asumir el acceso a una educación sexual responsable, sana y también placentera; que debe garantizar el acceso a la variedad de anticonceptivos de forma gratuita y todo esto acompañado de la legalización del aborto para no morir en el intento. “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.

#BastaDeInjusticiaPatriarcal

“La maternidad será deseada o no será” y es por eso que una gran marea verde va recorriendo América Latina, lo lograron las pibas y lo siguen exigiendo las cabras en Chile, nosotras vamos a seguir caminando con nuestros pañuelos verdes y violetas hasta que sea ley.

Cuando la Asamblea Nacional Constituyente estaba activa en su ejercicio, la articulación feminista iba todos los 28 de cada mes frente a la esquina Las Mojas a exigir que se discuta este tema en plenaria, nos recibía la presidenta de lo que era la Comisión de Mujer e Igualdad de Género, María León y sí, nos escuchaba, quizá para que le bajemos dos a nuestra euforia y evitar quemarlo todo, lo logró porque aún no hemos quemado nada.

Exigimos un país laico donde las decisiones que den pie a las políticas que se generen no pasen por filtros dogmáticos ni religiosos, exigimos que “saquen sus rosarios de nuestros ovarios, saquen sus doctrinas de nuestras vaginas”. Tienen gran deuda con las mujeres venezolanas y no podrán seguir ignorando nuestras voces, no podrán seguir ocultando que “las adineradas viven para contarlo y las pobres mueren en el intento”. La lucha por el derecho al aborto legal, gratuito y seguro es una lucha principalmente de clase y les decimos que no descansaremos hasta que la dignidad se haga costumbre en las comunes.

ÉPALE 397