POR TATUN GOIS • LASHADAS1974@GMAIL.COM / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE255-SOBERANÍAS SEXUALESImaginen que, tras una semana ardua de trabajo, un grupo de amigos, conocidos y hasta compañeros de labores deciden celebrar la feliz coincidencia del viernes con la quincena tomándose unos tragos en la casa de alguien; y entre el alivio de las deudas controladas, el fin de semana que hace su entrada y el entusiasmo del nutrido grupo uno decide sumarse al bochinche y termina haciendo la pregunta de rigor: “Y… ¿cuánto hay que poner por cabeza?”, seguida, por supuesto, de la pregunta de todo ser humano común con el instinto despierto: “Pana, ¿y uno se puede quedar si se hace muy tarde?”. De más está decir que cuando esa pregunta tiene una respuesta afirmativa, las ganas de vacilar se incrementan. Del mismo modo que si el pana siempre buena vibra dice con paternalismo: “Tranquila, que yo te llevo pa tu casa…”.

Así, con el inevitable sabor a expectativas, te lanzas por esa bajada y comienza la tertulia con gente querida y agradable que, por fortuna, todos tenemos en la vida. Y llegan la música, la jodedera, la risa descontrolada, la bailadita, el trago derramado, los “pasapalos”, la tomadera y los cuentos… ¡oh, por Dios!, los cuentos…

La verdad es que no sé si será la “falta de”, las insatisfacciones, los complejos pendejos a flor de piel o una búsqueda sincera de luz y consuelo entre iguales, pero casi siempre las conversaciones de los adultos terminan en temas sexuales, así hayamos comenzado hablando de beisbol… No importa, siempre algún astuto la sabe cruzar y, ¡zuas!, todos caemos riendo y todo porque jugando la mete el perro, dicen…

Ahora bien, sigamos con el ejercicio de imaginar e imaginen que, de pronto, una conocida de esas que sabemos casadas y que son más serias que un revólver, tras la sexta cerveza y la segunda copa de vino, revela así, sin más, que tiene un “amigo” que cierto día de la semana la secuestra y en menos de cuatro horas la hace suya nueve veces seguidas, la guinda de la lámpara y otras acrobacias. Uno abre los ojos como luna llena, con la cerveza derramándose por la boca y el nueve… nueve queda retumbando en la cabeza de una haciendo patente la subnormalidad que se nos prende adentro, porque a nadie más parece sorprender la confidencia. Es más, se inicia el festival, porque enseguida otra de las bebientes dice que su novio lo menos que dura es hora y media en uno solo (¡válgame Dios!). Y para no quedar atrás —supongo— algún caballero asegura que a él sus amantes lo llaman el perchero, pues en estado de erección se puede colgar ahí una toalla grande, mojada y todo. Imaginen entonces, rodeada de superhumanos la velada que pintaba bien, divertida y relajante termina más bien siendo una fuente de complejos y depresión. ¿Será verdad todo lo que dicen? ¡Vérsiale!

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