¿Fantasía o neurastenia?

Por María Eugenia Acero Colomine @andesenfrungen / Ilustración Justo Blanco

“Anda mami, vamos a intentarlo con otra chica. Compláceme, ¿sí?”. Esa petición fue la causal de despido de Mimí a su peor-es-nada. No sólo se había calado que el galán fuera un pelabolas y que siempre llegara tarde a sus encuentros. Que el pana se las lanzara de galán porno de radio fue el colmo. Conversando con sus amigas terminó sintiéndose una pacata. Resulta que a su comadre le estimula imaginarse la esclava sexual de una jauría de machos desaforados, en tanto que su mejor amiga sí estaría dispuesta a incursionar en el lesbianismo, pero sin la presencia de un hombre. Tanta creatividad en la imaginación dejó a nuestra protagonista trastornada, por no poseer en su imaginación películas que quisiera hacer realidad con su pareja. Para Mimí su única fantasía es el matrimonio, y esa ensoñación, más bien, espanta a cualquiera.

Según explica la terapeuta sexual Wendy Maltz, en su libro El mundo íntimo de las fantasías sexuales femeninas, las mujeres comienzan a fantasear en la infancia con ideas más románticas o sensuales, evolucionando con el paso del tiempo a ideas más sexuales.

El desarrollo de las fantasías parece estar muy relacionado con el desarrollo sexual y, a su vez, con las experiencias que se dan, la cultura y las informaciones que se recaban con respecto a la sexualidad a lo largo de la vida.

Tal y como explica Maltz, las fantasías sexuales se pueden clasificar en fantasías noveladas y fantasías no noveladas. En las fantasías noveladas la protagonista vive una película con personajes y puesta en escena, mientras que las fantasías no noveladas son más simples y van directo al grano. La imaginación puede recorrer desde escenas románticas e idílicas hasta imágenes de violencia.

Ahora bien, ¿es normal o natural experimentar este tipo de ilusiones? De acuerdo con los especialistas, sí. Tal parece que querer creerse Barbarella y ser sujeto de múltiples experimentaciones no solo es normal, sino que asumir estas fantasías contribuye con la salud sexual.

¿La imaginación creó el porno o el porno creó la imaginación? Si bien el Marqués de Sade y el Kamasutra se les adelantaron en materia de placer e inventiva, la industria más lucrativa del planeta después de la armamentista tiene más de 40 años reinventándose sobre la base de encuentros furtivos de parejas y grupos. La película Emmanuelle, por ejemplo, quedó inmortalizada por la escena en que la protagonista introduce en su vagina un cigarrillo. Experimentos por el estilo se han posicionado en el imaginario popular como dinámicas normales en una pareja. Adicionalmente, las tiendas de artículos sexuales incitan a la gente a que se suelte el moño y se desate usando toda clase de peroles. Sin embargo, este conglomerado de productos eróticos poco tiene que ver con la intimidad. Existen personas enfermas con las películas pornográficas, y son más los hombres solos quienes consumen estos productos. Desde hace más de 40 años, con la creación de las revistas Playboy y otras, pareciera que se está obligando al adulto promedio a comportarse como en las películas y las revistas. Que el erotismo se esté forzando a ser vulgar pudiera entrar entre los muchos condicionamientos del capitalismo al ciudadano promedio: debes volverte loco y seguir mis directrices o, también, “convierte tu intimidad en un objeto”.

Ahora bien, una cosa es tener fantasías y otra cosa es hacerlas realidad. Los portales de sexología advierten que es muy sano tener un bagaje rico en imágenes sensoriales, pero no siempre resulta bien llevar estos sueños al plano real, ya que puede traer como consecuencias problemas en la pareja como los celos, infidelidad y desilusión.

Las fantasías lujuriosas no siempre tienen que ser sexuales. De acuerdo con el Baghavad Gita, el libro sagrado de los devotos de Krishna, la dimensión de la lujuria, más bien, refiere a la ambición desmedida: el deseo de poseer bienes materiales y éxito. Esto concuerda con la reflexión acerca de que la cosificación del sexo es consecuencia del capitalismo. Siendo así, más de una porái es presa del anhelo por ganarse el loto florida, por ser reconocida profesionalmente o por ser la más bella. Hoy en día hay uno que tiene una fantasía loca de ser presidente interino y está tratando, por todos los medios, de hacerla realidad. Y ese sí que está peor que el novio de Mimí.

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