ÉPALE 228 ANTI PERFIL 1

LA DERECHA APELA A LA HISTORIA DE LA II GUERRA MUNDIAL PARA PRETENDER SER ANTAGÓNICOS, PERO MÁS BIEN EL FASCISMO ES UNA EXPRESIÓN PARTICULARMENTE PERVERSA DEL CAPITALISMO, UN ANTICUERPO QUE SURGIÓ COMO RESPUESTA A LOS MOVIMIENTOS POPULARES Y A LA REVOLUCIÓN RUSA. SIEMPRE ALIMENTADO POR EL MIEDO DE LAS CLASES MEDIAS, HOY ES UNA AMENAZA MÁS REAL QUE NUNCA

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN DANIEL DUQUE

Tome usted los siguientes elementos: elitismo, racismo, clasismo, misoginia, homofobia, violencia, persecución del adversario, histrionismo, falsa religiosidad… mézclelos con mucho cuidado (el resultado, naturalmente, es un producto muy tóxico, radiactivo, virulento, explosivo, venenoso) y tendrá esencia de fascismo.

La receta ha sido descrita muchas veces. Hay fórmulas con acento académico, fruto de profundas investigaciones históricas y de reflexiones filosóficas. Otras tienen un tono político, en ocasiones panfletario. Una de las descripciones más claras que pueden encontrarse sin mucho esfuerzo y que resulta accesible a cualquier nivel intelectual es la que escribió el maestro Luis Britto García. Es tan completa y precisa que provoca valerse de dos juegos de comillas, y fusilársela de punta a punta. Como eso sería muy descarado, glosémosla un poco. Y quien quiera leer completo el trabajo, puede verlo en: http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2013/05/fascismo.html.

Britto García explica, en primer lugar, que el fascismo es “la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado”, y advierte que “donde los intereses del gran capital pasan a ser los de la política, anda cerca el fascismo”.

Este punto es medular para saber de qué se está hablando cuando se habla de fascismo, pues parte del juego de la derecha, desde que este fenómeno emergió en la historia, ha sido tratar de fingir que capitalismo y fascismo son antagónicos. Para ello se utiliza como demostración el enfrentamiento que Estados Unidos y Europa Occidental sostuvieron con las dos potencias fascistas (Alemania e Italia) en la II Guerra Mundial. Pero solo una visión superficial de esa conflagración bélica puede hacer pensar que existe ese antagonismo.

Un análisis riguroso determinará, según lo expresa Britto García, que el fascismo no surge en contra del capitalismo que se imponía luego de la I Guerra Mundial, con Estados Unidos y Gran Bretaña a la cabeza, sino que aparece como una respuesta ultracapitalista a la Revolución Rusa, que había dado origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Otro intelectual venezolano, Néstor Francia, coincide en este punto de vista. Indica que, tras el triunfo bolchevique en la empobrecida Rusia, los partidos comunistas, así como los sindicatos y otras organizaciones populares, venían germinando en otros países de Europa, lo que dio origen a esta especie de anticuerpo reforzado del sistema capitalista. En buena medida, esa respuesta se induce a través del miedo implantado a las clases medias, incluso a ciertos sectores populares. Se les hace ver que vendrá una revolución comunista que afectará sus intereses y se logra que hagan prácticamente cualquier cosa. “El fascismo, forma de gobierno surgida en la época de la intensa concentración de capitales que llevó a la conformación del gran capital monopolista, no necesita el triunfo de ‘revoluciones antisistema capaces de superar la degradación capitalista’ —explica Francia—, basta con el temor de que algo así ocurra o se avecine, ante el avance de las fuerzas populares. En Alemania e Italia, en los años 30 del siglo pasado, venían creciendo tanto los sindicatos obreros con sus programas de lucha como los partidos comunistas de esos países”.

 

YA A FINALES DEL SIGLO XX, ESA CRIATURA MONSTRUOSA, EL FASCISMO NEOLIBERAL, SE DISPONÍA A REINAR SIN OBSTÁCULOS, PERO TROPEZÓ CON MOVIMIENTOS COMO LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, EN VENEZUELA, Y OTROS SIMILARES EN BOLIVIA, BRASIL, ARGENTINA, ECUADOR Y PARAGUAY

Como forma radical de derecha y de capitalismo (en lo político y en lo económico), el fascismo cambio de máscara luego de su supuesta derrota en la II Guerra Mundial. A lo largo de los años de la Guerra Fría, las expresiones fascistas afloraron de manera natural en el anticomunismo que dio lugar a la paranoia macartista en Estados Unidos y a una oleada de dictaduras de diverso género en América Latina, África y Asia. También se hizo patente en las democracias representativas de nuestros países, tan represoras y aliadas del gran capital como lo fueron las autocracias y los gobiernos militaristas.

Más recientemente, el fascismo ha encontrado nuevas y muy acabadas expresiones en la ideología neoliberal, surgida con especial fuerza tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991, pero que ya había tenido manifestaciones precursoras en la genocida dictadura de Augusto Pinochet, en Chile, y en los gobiernos neoconservadores de Ronald Reagan, en Estados Unidos, y de Margaret Thatcher, en Gran Bretaña. En teoría pura, el fascismo debería ser opuesto a las ideas liberales, sean estas viejas o nuevas, pero en la práctica, cuando el neoliberalismo llega al gobierno cristaliza
—volviendo a la definición de Britto García— “la complicidad absoluta entre el gran capital y el Estado”.

Ya a finales del siglo XX, esa criatura monstruosa, el fascismo neoliberal, se disponía a reinar sin obstáculos, pero tropezó con movimientos como la Revolución Bolivariana, en Venezuela, y otros similares en Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador y Paraguay. No es por casualidad que las expresiones más virulentas de esa manera de estar en el mundo se hayan visto, en lo que va del siglo XXI, en estos países latinoamericanos. En varias de estas naciones han logrado —a punta de miedo y de manipulación de las clases medias— revertir los procesos de avance social.

DESCOMPONIENDO LA FÓRMULA

En el artículo antes referido, Britto García explica que el fascismo procura convertirse en un movimiento de masas, pero es elitista. “Corteja y sirve a las aristocracias, sus dirigencias vienen de las clases altas e instauran sistemas jerárquicos y autoritarios”. El intelectual caraqueño cita cifras según las cuales hasta 75% de los militantes del partido de Mussolini procedían de las clases media y media baja.

El racismo de los fascistas es evidente. No solo cuando se expresa de manera abierta, como ocurrió en la Alemania nazi, sino también en sus gestos actuales, de los cuales los venezolanos de 2017 no necesitamos muchos ejemplos.

Además de racistas, los movimientos fascistas se han destacado por segregar a personas por muchas otras causas: orientación sexual, creencias religiosas, posturas políticas, nacionalidad. La fama como víctimas de Hitler la capitalizaron (nunca mejor dicho) los sionistas, tomando como base el genocidio del pueblo judío; pero la Alemania nazi exterminó también a millones de seres humanos no judíos porque eran de otras “razas inferiores”, o bien homosexuales o comunistas. Mussolini, por su lado, barrió del mapa a libios y abisinios.

Tomemos textualmente otro trozo del trabajo de Britto García para explicar por qué el fascismo es misógino. “La misión de las mujeres se resume en kirche, kuchen, kinder, vale decir, iglesia, cocina, niños. Hitler las encerró en granjas de crianza para parir arios; Mussolini les asignó el papel de vientres para incrementar la demografía italiana; Franco y Pinochet las confinaron en la iglesia y la sala de partos”.

Tanto en Europa como en América Latina el fascismo ha tenido la desfachatez de proclamarse religioso. Para ello ha contado con el respaldo de cúpulas eclesiásticas alcahuetas y cómplices. Mussolini bombardeaba con la bendición papal; Franco tuvo el respaldo de muchos monseñores, algunos de los cuales ahora son parte del santoral; y las dictaduras del Cono Sur siempre tuvieron a su lado a obispos y cardenales. Los fascistas que han luchado, en lo que va de centuria, contra los gobiernos populares latinoamericanos lo han hecho en el nombre de Dios.

Otra característica del fascismo es su elevada dosis de histrionismo, que le permite mimetizarse con movimientos sociales dignos. El partido nazi se robó el nombre del socialismo, el color rojo de sus banderas y hasta la cruz gamada, que era un símbolo milenario y benigno de culturas asiáticas. En Venezuela los fascistas se apropiaron de la bandera nacional, rescatada por la Revolución.

La poeta Daniela Saidman, otra admiradora del bisturí intelectual de Britto García, habla del fascismo a propósito de un niño que ha sido inducido por sus padres a maldecir al adversario político, a desearle la muerte. “¿Qué sociedad nos espera cuando ese niño sea un adulto? Sabemos cuándo y cómo se origina el fascismo más puro, la más terrible forma humana del desprecio al otro, que piensa y siente distinto, pero no sabemos dónde acabará. ¿Harán falta los 30.000 desaparecidos de Argentina durante la dictadura, los otros miles de exiliados y asesinados del franquismo, los 800.000 tutsis víctimas del más cruel genocidio en Ruanda, los millones de desplazados de Colombia para darnos cuenta que estamos al borde de un precipicio que probablemente no tiene fondo? Y entonces pregunto, me pregunto, ¿somos capaces de lanzar a nuestros hijos a ese abismo?”.

 

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