Feminazis

Por Ketsy Medina / Ilustración Erasmo Sánchez

Y Madre debía ser delicada, sumisa, obediente y complaciente al hablar; debía cruzar las piernas al sentarse, mantener un tono de voz moderado evitando exaltaciones, Madre debía cuidar del espacio doméstico, de los hijos, las hijas, los enfermos, debía tener la casa en orden, la ropa, los cuartos y el baño limpio, la comida recién hecha.

Aún sin haber parido, Madre debía ser madre, por eso ser dulce y tierna con los demás era más importante que satisfacer curiosidades, deseos o aspiraciones personales; lo primero era siempre garantizar la estabilidad y el equilibrio familiar.

Madre debía trabajar para ser considerada independiente, debía estudiar y compartir sus horas entre la calle y el hogar. Madre se cuestionaba la vida y sabía que las horas no le pertenecían, porque su tiempo se distribuía en y para los demás. Madre se cuestionaba otras cosas, por eso decidió criar sola.

Una madrugada de esas, mientras preparaba el almuerzo y todo lo necesario para salir a trabajar escuchó un grito acompañado de un silencio sepulcral. En ese momento Madre supo que algo no estaba bien, que algo había pasado y nada bueno podía esperar; decidió colar café y sentarse a meditar.

Salió el Sol a calentar las calles con murmullos, cada vez más fuertes contaban que Marido, la pareja de Mujer, la había golpeado tanto, que perdió la vida. Madre lloró, recordó golpes pasados, recordó a su vecina contarle sobre la violencia, recordó decirle: denuncia.

Madre salió a caminar por el callejón, entre llantos y frases difusas escuchó: pobrecita, la mató por puta, lo quería dejar, ella se lo buscó, Marido es muy violento, las mujeres reproducen el machismo. Buscaba las bocas que pronunciaban aquellas frases, identificó los rostros; eran vecinas, vecinos, policías.

Llegaron los medios de comunicación, micrófonos, cámaras y acción, dijeron: Mujer perdió la vida presuntamente en manos de Marido. Madre quiso retener las lágrimas pero no pudo, su nudo en la garganta le estimuló el lagrimal, no quiso ser delicada, quiso ser salvaje, y entonces gritó:

Mujer no perdió la vida, la asesinaron.

Basta de femicidios. Basta de impunidad.

Volvió el silencio, un dedo señaló a Madre y disparó directo a su pecho.

Feminazi, dijo la voz

A Madre se le retorcieron las tripas, tomó aire y con más fuerza gritó:

No perdió la vida, la asesinaron. Justicia para todas las mujeres.

ÉPALE 363