Feminismos, en plural

No hay un feminismo en singular: son muchos y defienden tantas causas como sean necesarias en un mundo que las excluye, no solo por ser mujeres, sino también por negras, pobres, del barrio, indias, etcétera. En Venezuela la variedad es la norma y están más activas que nunca. Hoy definen lo políticamente correcto   

Por Marlon Zambrano @marlonzambrano

No hay un solo feminismo. Existen varios feminismos a partir del hecho de que las luchas por los derechos fundamentales de las mujeres se mueven entre distintos territorios: indígena, afrodescendiente, académico, institucional, popular.

La mujer negra, por ejemplo, es triplemente discriminada: por ser mujer, por el tono de su piel y por ser pobre, pues, en la mayoría de los casos, existe una estrecha relación entre el fenotipo y el acceso a la educación y a las fuentes de trabajo.

Así de injusto y apretado anda el mundo, más si eres mujer. Muchas dan por descontada la igualdad, y se conforman con aparecer sin relucir en un mundo dominado por varones. Son las que acompañan, las que soportan los distintos niveles de opresión y dicen saber justificar su lugar en el ámbito de la familia, el hogar, el trabajo.

Otras, al contrario, se rebelan: insurrectas, cimarronas, deslenguadas, chocantes, desafiantes. “Ni Dios, ni patrón, ni marido”, decía el lema de cabecera del periódico argentino La voz de la mujer a finales del siglo XIX; que luego repetirían, a viva voz, las anarquistas de la España republicana.

Sus derechos constituyen una lucha que atravesó todo el siglo XX y se ha posicionado, cada vez y con más fuerza, en el XXI. Hoy es difícil hablar en términos de segregación sin ser mal visto, y lo políticamente correcto es incluir con plenitud de derechos a la mujer en cualquier ámbito, desde el político hasta el laboral, desde la ocupación de espacios de Gobierno hasta sus reivindicaciones legales esenciales.

El feminismo venezolano está en pleno proceso de construcción. Foto Archivo

Un feminismo popular

En Venezuela, la Revolución Bolivariana ha tenido como bandera los derechos de las mujeres, como parte de sus propuestas de vindicación histórica de las clases populares.

El feminismo, en las últimas dos décadas, ha logrado posicionar en el imaginario colectivo la idea de igualdad de géneros. En lo concreto, se han logrado algunos avances institucionales como la creación del Instituto Nacional de la Mujer, en 1999, con María León a la cabeza; la Defensoría Nacional de los Derechos de la Mujer; el 0800-mujeres, para la recepción de denuncias de mujeres violentadas y brindarles asesoría; casas de abrigo para mujeres maltratadas con sus hijos; centros de atención y formación integral, etcétera; además de algunas disposiciones legales como la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007, más allá de su aplicabilidad en casos de la vida real.

Yolanda Saldarriaga sabe de estas luchas porque viene del campo de guerra, siempre en el ámbito del feminismo popular. “Cada período histórico asume banderas según las necesidades y las opresiones que vive la mujer”.

Para ella, en América Latina el acercamiento al feminismo se ha originado en las luchas sociales, a diferencia de otras realidades geográficas y políticas, donde las mujeres se acercan más desde la academia o desde ámbitos privados.

Yolanda Saldarriaga, desde el feminismo popular. Foto Jacobo Méndez

¿Feminismo de derechas?

Hay, según su apreciación, distintos feminismos, pero duda absolutamente de un feminismo de derechas. Lo considera una falacia: “El patriarcado, el capitalismo y el colonialismo son tres sistemas que se articulan y actúan de manera tan coordinada, que es difícil distinguir uno del otro. Así que es complicado decir que uno pueda ser feminista, estar en contra del machismo y defender los derechos de las mujeres cuando una apoya al capitalismo y la discriminación de clases”.

A su parecer, con el chavismo fue que esta distinción se hizo más clara: el feminismo de derechas se relacionó, cada vez más, con las agencias de cooperación internacional (ONG), al plantear la lucha de las mujeres como un mecanismo para acceder a recursos de esos organismos, que terminaron por convertirse en “empresas” que trabajan a costa del dolor de las mujeres.

Feminismo tercerizado

En el caso contrario, el feminismo de izquierda ha permitido masificar el tema, apalancado en un proceso histórico de acumulación de luchas y la irrupción de la globalización y de los medios de comunicación. Lo que permite multiplicar, al menos, las principales reivindicaciones de las mujeres, como la lucha contra la violencia o el parto humanizado.

Pero identifica una tensión existente entre el feminismo impulsado desde las estructuras de Gobierno y el feminismo de carácter autónomo, desde los movimientos sociales.

“Desde el Gobierno se ha planteado la importancia de la mujer desde el principio, pero hay algo que algunos han llamado la tercerización, es decir, usar a las mujeres para pelear por los derechos de todo el mundo, menos los propios”.

Sin embargo enfatiza, todas esas tensiones pasan a un segundo plano cada 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) y 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer), donde deben estar juntas todas, blandiendo las banderas de la reivindicación.

“Dejar de ser esa especie de élite que suele ser el feminismo en muchos países”.

 (Yolanda Saldarriaga)

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Saldarriaga viene de trabajar con organizaciones campesinas mixtas; luego, junto a la Escuela de Feminismo Popular; y, más recientemente, desde una experiencia más reducida llamada Malas Madres: un colectivo de mujeres que se apoyan en el proceso de crianza de hijos e hijas. Es colombiana con 15 años en Venezuela y tiene dos hijos.

También distingue el novísimo panorama en Venezuela del trabajo de “compañeras” como el feminismo lésbico, el feminismo negro, el feminismo académico y la propuesta de feminismo popular. Este último surgió hace siete u ocho años a raíz de la articulación de feministas venezolanas y argentinas, para construir un movimiento que desde el lenguaje, las prácticas y el reconocimiento de las realidades concretas de las mujeres del pueblo puedan “dejar de ser esa especie de élite que suele ser el feminismo en muchos países, una élite bastante académica y más clase media. Un feminismo de mujeres del pueblo, que viven realidades como ser madre soltera, con vida dura, en situación de guerra económica, sin nadie que les ayude a cuidar a sus niños y niñas; donde todos los servicios complejizan su cotidianidad, como la escuela, la salud, el transporte; o la realidad de la chama del barrio que no está viendo más posibilidades a futuro, sino parir muchachos. Un feminismo ahí, con la gente trabajando por las reivindicaciones del pueblo, pero también las específicas de las mujeres”.

Concluye que nuestro feminismo aún no es masivo, porque está en pleno proceso de construcción y fortalecimiento, con muchas resistencias propias y exógenas y la intransigencia natural del patriarcado enquistado, con todo su poder, en distintas instancias.

Los derechos sexuales y reproductivos, una de las luchas. Foto Archivo

Profundamente político

Gabriela Malaguera lo define con un juego de palabras: más que un movimiento de mujeres, en Venezuela existen mujeres en movimiento. Se ampara en las indagaciones de Gioconda Espina, una investigadora de altos quilates.

“Hay momentos en los cuales las mujeres de diversas organizaciones se unen para ciertas luchas. Hay otros momentos donde cada una defiende sus propias tendencias y visiones, lo cual no es malo porque posiciona la diversidad de los feminismos. No hay un solo feminismo, en general, y eso es positivo que ocurra porque desde el punto de vista generacional, del conocimiento, la militancia política, la diversidad por origen étnico, etcétera, cada quien aporta su mirada”.

Asegura que hay temas que convocan a todos los movimientos, a pesar de las distintas tendencias de cada grupo: uno es la visibilización del asesinato de mujeres, también denominado femicidio, que ha estimulado la convocatoria de las mayorías porque está en juego lo más esencial, que es la propia vida.

“Otro tema muy sensible es el de los derechos sexuales y reproductivos, específicamente la interrupción de embarazos. Nos ha convocado también. Por supuesto, no todas las feministas están de acuerdo, eso forma parte de la diversidad. Sin embargo, son luchas pendientes, que nos invitan a la mayoría a la hora de plantar cara a un derecho que está siendo exigido”.

Para Malaguera los partidismos están dividiendo al feminismo venezolano. Foto Enrique Hernández

Feminismos “partidizados”

La gran diferencia entre los feminismos, a su parecer, es la polarización política partidista. “Desde cualquiera de sus ópticas, el feminismo es profundamente político, en tanto vindica los derechos de las mujeres y posiciona la idea de que las mujeres no son un objeto, sino seres humanos con igualdad de derechos e igualdad de condiciones, es decir, la equidad”.

“Yo creo que la gran zanja que divide al feminismo es el tema partidista en Venezuela, en este momento. Ahí hay una cuenta pendiente del feminismo consigo mismo, y tiene que ver con el tema del patriarcado. Porque para nadie es un secreto que en lo político-partidista, en su mayoría, los liderazgos más visibles son masculinos, y no precisamente profeministas”, establece.

“Desde cualquiera de sus ópticas, el feminismo es profundamente político”.

(Gabriela Malaguera)

Psicóloga y mágister en Estudios de la Mujer de la UCV, Gabriela Malaguera González es integrante de la organización Mujeres por los Derechos (Muderes) y experta técnica de Venezuela ante el mecanismo de seguimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, mejor conocida como la Convención de Belem do Pará.

Advierte que las feministas deben ser conscientes de que esa situación origina desunión, que es contraproducente para el feminismo. “Aunque tengamos nuestra posición político-partidista, debemos estar muy conscientes de que eso tiene un contenido patriarcal, de obediencia a una línea particular de acción, de obediencia al partido, de obediencia a lo que el líder máximo, varón, diga. Lo que le hace daño a las demandas feministas a la hora de aglutinarnos para exigir cualquier derecho”.

La violencia de género es la mayor causa común de los feminismos. Foto Archivo

 

ÉPALE 363