TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO •@MAGODEMONTREUIL

ÉPALE310-TRÁS EL DISCURSOEs harto sabido el poder de penetración en las masas que posee el cine y su facultad para edificar imaginarios colectivos. En este sentido, el cine histórico y el biopic funcionan como efectivos falseadores de la realidad. Forrest Gump (EEUU, 1994) es un filme que, mediante una supuesta ingenuidad y un sarcasmo que pudiera mover a la hilaridad, nos ofrece una imagen en extremo edulcorada de la historia estadounidense de la segunda mitad del siglo XX y, por supuesto, de la dinámica el sistema capitalista. Forrest es un hombre con un coeficiente intelectual por debajo del promedio que posee un corazón enorme: incapaz de sentir odio y excesivamente escrupuloso. Y es esa excelsa humanidad lo que le hace triunfar en la vida, desde la consecución de un título universitario hasta desarrollar un emprendimiento y terminar como multimillonario: toda una antítesis de la máxima que reza “detrás de toda gran fortuna existe un crimen”. La nobleza de la propuesta resulta toda una entelequia en el ambiente de feroz competencia inherente al liberalismo económico. Por otra parte, Forrest, como personaje central de la trama, en su constante peregrinar (“Corre, Forrest, corre”) y con un par de estribillos que devienen en ostinatos (“Tonto es el que hace tonterías” y “Es todo lo que tengo que decir sobre eso”) edifica la metáfora de la sociedad norteamericana con respecto a su devenir histórico: un ciudadano en perenne evasión; el avestruz que, al enterrar su cabeza en la tierra, se niega a observar su entorno. La pretensión de mirada ingenua que pueda, incluso, decantarse en fina ironía no arriba a buen puerto, puesto que se abordan elementos históricos que necesariamente precisan de una revisión aguda dado la gravedad de los mismos: la guerra de Vietnam y el escándalo de Watergate, por citar solo dos ejemplos. Por supuesto, el hecho de que un ser intelectualmente limitado pueda alcanzar lo que se proponga, más por suerte y por un rosario de inverosímiles casualidades que por la fuerza de su propia voluntad, también representa un disparo a quemarropa contra la soberbia norteamericana. Curiosamente, y como la ficción supera, con creces, a la realidad, siete años después del estreno del filme, entre 2001 y 2009, un tipo con un coeficiente intelectual más bien deficiente presidiría la nación con el arsenal nuclear más grande de la historia: George W. Bush.

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