FILVEN 2020 | Permiso para el optimismo

La feria del libro de Venezuela nos permite comprobar, una vez más, que la alegría es inagotable en suelo venezolano. La fiesta de la Torre de Babel convoca a México, sus escritores, y a varios aliados del mundo que nos vienen a abrazar –con distanciamiento social- en medio de la pandemia.

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano | Fotografías: Archivo

¿Acaso no es una feria internacional del libro, la oportunidad del encuentro en la cumbre de la torre de Babel? Aunque todos hablan lenguas distintas en el relato del Génesis bíblico, siempre existe la oportunidad de un idioma común: en este caso, el libro, por otro lado, el optimismo.

Decía Gabriel García Márquez, en un bello texto que le regaló a Pablo Milanés para santificar un disco compilatorio entre amigos, llamado Pablo Querido: “Este disco es una casa sin puertas ni ventanas que Pablito Milanés lleva consigo a cualquier lugar en que se encuentre, sólo para que sus amigos del mundo entero se reúnan a cantar; es una casa ambulante abierta a los amigos del mundo entero y de lenguas diversas, en las que solo se habla una lengua común, la música”. Con su distancia, así es la FILVEN.

La palabra, en la Feria, no solo es el lugar común, es una aproximación, para quienes la utilizan con la noción estética y práctica del mensaje con destino en una época cargada de extravío.
¿No es acaso, la palabra, el territorio posible en medio del terror impreso en el inconsciente colectivo a partir de la pandemia? Es, en el juego malabar de las plataformas telemáticas, el techado del encuentro digital para el diálogo cultural, pero también para el flirteo, el roce virtual, el enamoramiento.

Etéreo y corpóreo

En medio de la guerra que nos acontece -la conflagración signada por el bloqueo-, la Feria Internacional del Libro de Venezuela convoca a México como invitado de honor, un aliado insustituible amenazado por las fuerzas imperiales desde los tiempos de la doctrina Monroe, con su exegeta postmoderno Donald Trump y sin demasiadas esperanzas en la era Biden, desde que la izquierda posó sus angustias de la mano López Obrador en el destino de los pueblos al sur del Río Bravo.

Un libro lo expresa: Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI, presentado el jueves pasado en el marco del encuentro editorial bajo la factoría de Amilcar Figueroa de la Editorial Trinchera, Mariale Aguirre, Reinaldo Iturriza y Taroa Zúñiga Silva, autor@s de una edición que ha recorrido parte de la región durante un año difícil, gracias a sellos editoriales solidarios con el pueblo de Venezuela.

El Fondo de Cultura Económica acompaña con su poderoso brazo editorial.

Debido a la convocatoria internacional, se pasean por los pasillos de la XVI Feria Internacional del Libro de Venezuela autores que siguen los pasos memoriosos del Inca Garcilaso de la Vega y de Sor Juana Inés de la Cruz; de Fray Bernardino de Sahagún y de Sergio Pittol. Es una seguidilla que se encuentra en lo etéreo de los bites y en la realidad palmaria de la semana flexible hasta el 22 de noviembre.

Zel Cabrera, Armando Bartra, Ricardo Chávez Castañeda, Estefanie Izquierdo, Julia Piastro, Rafael Barajas, Enma Yánez Rizo, Ana Romero, Valeria Gallo y tantos otros por México, están citados en Caracas. Pero además, lo están Karla Suárez y Giselle Navarro por Cuba; Raquel Robles y Nicolás Arata de Argentina; María Fedeeva de Rusia; Laura García de Lucas por España; Victoria Valenzuela de Chile; Daniel Acevedo de Colombia, y muchos más.

Desde Rusia María Fadeeva nos dice qué escriben los jóvenes del mundo.

Que estén, físicamente o no, no es problema. La FILVEN 2020 garantiza su participación a lo largo de un programa cultural que cuenta con conferencias, conversatorios, clases magistrales e intercambios entre escritores, incluyendo la intervención del Fondo de Cultura Económica (FCE) desde la magia de lo real-imaginario como la vida misma en nuestros pueblos de raza cósmica, según Vasconcelos.

Un espíritu provinciano

“Estos encuentros generan vínculos entre los escritores, que por una u otra razón, sea profesional o por afinidades estéticas, terminan haciendo proyectos comunes en el futuro” nos advierte el escritor Miguel Antonio Guevara (Venezuela, 1986).

Sociólogo, maestrando en filosofía, Guevara no duda en que en los encuentros feriales “siempre hay resultados, más de tipo cualitativo o de experiencias personales tal vez un poco aisladas, pero con resultados. Sin embargo, hay otro aspecto que creo debería tomar fuerza y es algo que no termina de cuajar. Me refiero concretamente a las mesas de contacto, negocio y agenciamiento editorial binacionales”.

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Recién presentada públicamente su más reciente novela, Los pájaros prisioneros solo comen alpiste, Guevara considera que “la gran debilidad de la literatura venezolana ha sido la poca o más bien inexistente internacionalización y agenciación de nuestros escritores. Cuando viene la feria, año tras año, ves que la cantidad de creadoras y creadores aumenta, sin embargo, la cantidad de publicaciones disminuye. Y eso, es una tarea que implica gestión cultural”.

Es un asunto de gestión propia, que debe mantenerse en el tiempo. Todo parece indicar que con bloqueo o sin bloqueo, la ilusión del texto impreso (o digital) es un ejercicio de paciencia.

“Tal vez es un aspecto que requiere mayor atención, específicamente en lo que te he comentado. En ese sentido, la feria todavía es un poco provinciana, que se deslumbra con lo que trae pero que parece no tener el ímpetu, la voluntad o el arrojo de proponer lo que Venezuela tiene en materia literaria y que no se expresa necesariamente en hacer o no hacer libros, sino que se muestra verdaderamente en la capacidad que podamos o no podamos tener para poner nuestra literatura en el campo literario internacional”.

Como señala Paco Taibo II en entrevista para Épale CCS a propósito de la FILVEN 2020: “La literatura juega en nuestros países un efecto muy benéfico, sanativo contra el aislamiento”.

“Te pongo un escenario, deberíamos tener la capacidad, para que en un esfuerzo como éste que resulta la feria (organizativo, logístico, económico) tú puedas conseguirle a un autor venezolano contemporáneo, una Sol Linares, por ejemplo, una reedición de sus mejores obras en otro u otros países o al menos la posibilidad de concretar los derechos de traducción de alguno de sus trabajos. En esta oportunidad en que México es el país invitado de honor, mínimo deberíamos tener a la autora mencionada en una edición próxima de la Feria de Guadalajara. Incluso, este mismo año, tras la feria anterior, deberíamos estar presentando la obra traducida al chino de un Luis Britto García” remata Guevara.

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Bajo el sino de los tiempos, La feria cuenta con variedad de títulos, algunos gratuitos, otros para la venta a nivel nacional e internacional, incluso con servicio delivery, como parecen recomendar las normas del confinamiento.

La feria cuenta con variedad de títulos, algunos gratuitos, otros para la venta a nivel nacional e internacional, incluso con servicio delivery

Tampoco encontraremos en las calles el festín de los acentos característico de estos encuentros internacionales. Pero reina entre nosotros el sopor de la alegría, esa sensación de fiesta caribeña inacabada que no nos ha logrado arrebatar ni el coronavirus, ni las medidas de presión económica de los Estados Unidos y sus aliados, ni la tristeza impuesta por el desánimo que intenta, sin lograrlo nunca, asesinar nuestra cosmogonía natural.

Que viva por siempre la fiesta del libro, la escritura y la lectura.

ÉPALE CCS