TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO @MAGODEMONTREUIL

 

ÉPALE 226 TRAS EL DISCURSOA 20 años de su estreno, el filme Titanic (EEUU, 1997) se antoja como último remanente de las superproducciones, del cine que busca entronizar al star system, pero solo consigue ser un reflejo de la decadencia de dos momentos signados por lo intersecular: principios del siglo XX como producto de una época (la Era Victoriana y la Revolución Industrial, con toda la carga de liberalismo económico que trajo consigo) y finales de siglo XX y principios del siglo XXI, donde los sísmicos reacomodos de la geopolítica mundial también vienen signados por el mismo ocaso del sistema imperante.

Es innegable que la película es una producción de alta factura técnica y estética, pero su guión deja mucho que desear; tiene como piedra angular un conflicto de clases que por su primitiva exposición (primera clase versus tercera clase) se asemeja más a una diatriba de telenovela mexicana que a la lucha de clases en su acepción más ortodoxamente marxista. Que una megaproducción de este calibre adolezca de un guión decente es una pata coja difícil de soslayar. Sin embargo, la belleza expositiva de la reconstrucción de la nave y la ambientación de época refuerzan el carácter de degeneración de una era, de la decrepitud de un ciclo cuya manifestación más flagrante, además del naufragio de la “insumergible” nao, sería la conflagración total que sufriría Europa dos años después.

Otros indicios sustentan el señalado declive. La situación de la mujer como elemento decorativo y no pensante la coloca en un estado tal de indefensión que su única salida es un matrimonio de conveniencia con algún acaudalado pretendiente; en el caso de Rose y su madre, un apellido venido a menos es la última y única carta que pueden jugar. En las sociedades industrializadas (verbigracia EEUU) aún hoy la mujer no ha logrado la igualdad de derechos: gana 25% menos que el hombre realizando el mismo trabajo. Por otra parte, la imponente imagen de la sala de máquinas del trasatlántico es fiel retrato del modelo de desarrollo y de avance científico-técnico que pregona el liberalismo. El barco se precipitaría al fondo del Atlántico el 14 de abril de 1912. Hace 105 años la herramienta móvil más grande hecha por el hombre hasta entonces sucumbió en medio del océano. En 2017 el sistema del cual era reflejo sufre un naufragio más pausado, más parsimonioso.

 

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