ÉPALE287-FRANCISCO AGUANA

AMA  A CARACAS POR SOBRE CASI TODO Y A CATIA POR SOBRE TODO LO DEMÁS. CRONISTA DE LA CALLE, VE EN LA URBE UN ACOPIO DE PASIONES EXTREMAS QUE VAN DESDE LO SUBLIME HASTA LO SINIESTRO. PARA TRANSFORMARLA RESUME PARA TODOS: “HAY QUE OÍR AL PUEBLO” 

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO ⁄ FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

“Caracas resume todo lo que es humano”, asegura Francisco Aguana, un cronista de la ciudad que se atrinchera en su Catia natal, pero con un pie puesto sobre la cartografía íntegra de esta urbe convulsa que le apasiona y le sorprende. No hace mucho esfuerzo para convencernos: sencillamente nos toma de la mano y nos lleva a peregrinar por su parroquia, donde las maravillas de lo sencillo afloran con cada guiño, desde la Plaza Pérez Bonalde hasta la calle Maury, entre un jabillo de la calle México al que cataloga como el más hermoso de todo Catia hasta la fachada de El Torero, donde posa para la foto y se lamenta, con suficiente razón, del desprecio que suelen mostrar gobernantes, planificadores y buena parte de la ciudadanía frente a la historia mínima, esa épica memoriosa que se disuelve por cada casona abandonada, por cada calle que pierde su follaje, por esa especie de suicido colectivo que es el olvido.

Tiene 61 años, ama el teatro y el cine, escribe una novela, estudió artes teatrales en México, es profesor jubilado y un narrador fascinante que nos atrapa frecuentemente con sus textos para Épale CCS y otras publicaciones, que no admite que le denominen “catiero” a su gentilicio como una vez se intentó en tono despectivo sino “catiense”, a mucha honra, y que mantiene viva una cruzada emocional y fáctica en torno a la recuperación del anecdotario urbano, el cual despliega en su espacio virtual, vía Facebook, a través del fanpage “Aquí, en Catia”.

“YO NO SÉ POR QUÉ CARAJO NADIE  SE PONE A HABLAR DEL HUMOR DE LA CIUDAD”, QUE NO HA PERDONADO, RELATA, NI AL MÁS FEROZ DICTADOR. “ESO HAY QUE RESCATARLO. QUE EN MEDIO DE TODAS ESTAS CIRCUNSTANCIAS LA GENTE NO DEJA DE INVENTAR VAINAS”

Aunque desentrama la historia de la ciudad en plural, y de Catia en singular, por sobre todas las cosas no cree en el espejismo nostálgico de que todo tiempo pasado fue mejor. Pero también se concentra en otro aspecto: “Yo no sé por qué carajo nadie se pone a hablar del humor de la ciudad”, que no ha perdonado, relata, ni al más feroz dictador. “Eso hay que rescatarlo. Que en medio de todas estas circunstancias la gente no deja de inventar vainas”.

—¿CARACAS ES UNA CIUDAD PARA QUERER?

Para mí sí. Por lo menos aquí (Catia) podemos situarnos para vivir en medio de dos extremos: por un lado, la parte cálida, cariñosa, nostálgica de la ciudad; y la otra parte, que es la de la hostilidad, de la contrariedad, de la agresión. Los seres humanos somos una mezcolanza de todas las emociones y eso se refleja en la convivencia que, a veces, se hace difícil.

—¿QUÉ DESTACA DEL SER CARAQUEÑO?

La grandilocuencia en todo sentido, hasta en nuestros gestos. A veces caemos en terrenos sociológicos y sacamos un conjunto de definiciones que no revelan el sentir de la gente. Pero, por ejemplo, aquí tienes un entorno muy bullicioso, donde te encuentras al borrachito, al predicador, al pregonero que vende mercancía, a la gente buena, al bachaquero, la complicidad del funcionario que se hace el loco; vivimos en una celebración permanente, pese a las circunstancias que nos han tocado vivir.

Las trochas de la urbe son elocuentes y paren maravillas. Con Aguana subimos por la calle Colombia, una convulsionada y babélica arteria de asfalto plagada de recovecos ocultos, y hallamos la iglesia evangélica Quichua Internacional Jesús del Buen Pastor donde dos motorizados avanzan gritando a los devotos “cuidado cotorros”, en un gesto racista y fugaz que termina siendo inofensivo. “En Altavista hay dos iglesias de culto ortodoxo que yo estoy loco porque las salven, pero ¿qué hago solo hablando? Yo me he propuesto como tarea eso: expresar lo mejor de Catia, como la comunidad a la que estoy apegado sentimentalmente… Ahí está una obra que aún no se ha terminado: La Casa del Obrero que inauguró el presidente (Chávez). Yo pienso que los periódicos tienen que servir para eso. Vengan que yo los llevo. Debemos hacer una serie de fotos de la Catia olvidada. Yo hice el inventario y esos son espacios que se están perdiendo y que a nadie les duele”.

Aguana destaca del ser caraqueño la grandilocuencia; “Hasta en nuestros gestos”

Este cronista destaca del ser caraqueño la grandilocuencia; “Hasta en nuestros gestos”

—¿HEMOS QUERIDO BIEN A LA CIUDAD?

En la mayoría de los casos no. Caracas tiene una característica, por aquello que hablaba Ángel Rama de la ciudad escritural, que se ha hecho sobre la base de un ordenamiento que nunca se ha cumplido, porque desde el año 1936 comienza ese auge urbanístico de Caracas y que después se expresa en planes como el Rotival y el Plan Monumental de Caracas, que llegó a acumular una enorme cantidad de ordenanzas urbanas para organizar la ciudad y que no se aplicaron. Muestra de ese abandono fue el exilio interior que miles de personas tuvieron que vivir, por ejemplo, en sectores como Catia, porque aquí había zonas que estaban absolutamente apartadas de la ciudad. Pero también hubo momentos en que esto se fue organizando bajo el criterio estético de la ciudad bosque y ahí te puedes encontrar tú a Propatria y La Nueva Caracas, que surge en el año 1925.

—¿SE HA IMPROVISADO CARACAS?  

No hay respeto ni continuidad y hay dispendio. Cuando la Plaza Sucre fue remodelada en el año 2008 yo me puse a recoger adoquines, increíble que se bote esa vaina. Hay un prurito estúpido de no respetar lo que hizo el otro, la ciudad no puede hacerse con la mezquindad de la discontinuidad. Tú no puedes tumbar lo que hizo Pérez Jiménez, por ejemplo. Falta cumplir con esos preceptos que son la columna vertebral de esta revolución: oír al pueblo, gobernar obedeciendo. Y mira que a mí no me gusta estar con la quejadera, pero se está perdiendo la memoria arquitectónica, se está horadando la piel.

Catia contaba con la mayor cantidad de teatros-cines de toda la ciudad. Había, legalmente, 15 establecimientos, pero hasta se llegó a descubrir un cine porno que funcionaba clandestinamente. Esa y otras historias las vierte Aguana en sus textos con ironía fina y una capacidad de acopio de información sorprendente, destreza que le viene de infancia, pues se crio en un hogar de adultos a quienes escuchaba con devoción y de quienes, en más de una ocasión, recibió alguna trompada por tratar de intervenir en conversaciones de mayores, como cuando le diagnosticó una endometriosis a una vecina que hablaba con su abuela, lo que devino una pela monumental. Por ahí lo plasma en algunas de sus crónicas: La rumbera del Ávila, La ciudad de los pechos rojos, La ciudad de la eterna singadera.

—¿QUIÉNES  LA HAN CRONICADO MEJOR?

Eso es como la cosa sifrina del top ten, pero hay muchos. Dependiendo de la época están Aníbal y Aquiles Nazoa, pero hay otros que nos han dejado esa Caracas de la cual ya no existe evidencia porque todo se lo han llevado. Actualmente, este movimiento de talleres de cronistas, donde hay que reconocer el trabajo de Antonio Trujillo. El problema es que ya no existen medios para proyectar esa narrativa de lo cotidiano.

Este cronista es un asiduo visitante de todos los espacios de la emblemática parroquia como la Plaza Pérez Bonalde

Aguana es un asiduo visitante de todos los espacios de la emblemática parroquia como la Plaza Pérez Bonalde

—¿SE HA CONTADO BIEN LA HISTORIA DE CARACAS?

Nooooo, porque falta contar la otra, con más intensidad. Ustedes lo intentaron el año pasado con una narrativa visual a través de las esquinas de Caracas, un aporte importante, pero la historia nunca se termina de contar. Yo tengo años contando la historia mínima de Catia y, sin embargo…, yo he hablado de los deportistas, las cárceles, los burdeles, los mercados.

SIEMPRE HAN EXISTIDO LAS ETERNAS CONTRADICCIONES EN LA QUE HEMOS VIVIDO: PARA PONER LA LUZ, PARA ASFALTAR LA CALLE, PARA QUE LLEGARA EL ASEO, ASÍ, INFINITAMENTE. “CARACAS SE HA DISTINGUIDO POR SER LA CIUDAD DE LA ETERNA COÑAZA”

Desde la plaza donde se reunían Oswaldo Trejo, José Ignacio Cabrujas, César Bolívar, Jacobo Borges y hasta el tristemente célebre Ítalo del Valle Alliegro, la Pérez Bonalde, rodeados por 16 esquina crispadas, atestadas de comerciantes informales y gente en el trámite cotidiano, Francisco Aguana confiesa que el trabajo de la crónica local es un trabajo arduo e ingrato “porque el pasado no es importante, ya sabes”. Pero, en todo caso, concluye que siempre han existido las eternas contradicciones en la que hemos vivido: para poner la luz, para asfaltar la calle, para que llegara el aseo, así, infinitamente. “Caracas se ha distinguido por ser la ciudad de la eterna coñaza”.

—¿QUÉ HAY QUE HACER POR LA CIUDAD, URGENTE?

Desde el punto de vista constructivo fijarse en los detalles, porque cada quien quiere dejar una huella eterna. La ciudad se volvió una especie de zoológico en el tiempo de la democracia puntofijista. Empezó con La Araña y siguió con El Pulpo, El Ciempiés, un zoológico de concreto. Como que obligaron a la ciudad a seguir esa línea de lo estrambótico. Se requiere es el detalle y el detalle está, fundamentalmente, en el barrio.

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