ÉPALE317-FRANTZ FANON

ILUSTRE VOCERO DE LA CAUSA DESCOLONIZADORA, CLAMÓ POR UNA GRAN REVOLUCIÓN EMANCIPADORA, PROTAGONIZADA POR EL SEGMENTO MÁS DESFAVORECIDO DE LA SOCIEDAD, LOS AUTÉNTICOS “CONDENADOS DE LA TIERRA”

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

En estos días anda nuestra maquinaria de producir teoría y pensamiento rezambulléndose en el concepto de descolonización. Habrá que decir en voz alta, todas las veces que se presente la ocasión, que ya en los años 50 del siglo XX andaba el martiniqueño Frantz Fanon haciendo exactamente lo mismo. Personaje fundamental entre nuestros intelectuales orgánicos, combatiente y militante de causas terrenales, llegó a la formulación de un pensamiento decolonial después de haber combatido en la II Guerra Mundial y en plena ebullición de su actividad en el Frente de Liberación Nacional Argelino.

De sus escaramuzas y batallas en la gran guerra europea se extrae uno de los momentos centrales de su formación, su choque de frente y sin cinturón de seguridad con una contradicción. Tenía 18 años de edad cuando fue a combatir con el Ejército francés a las tropas de la Alemania nazi. Él, negro de Martinica, formaba parte de un batallón que destacó en la defensa territorial; personalmente le había sido concedida la Cruz de la Guerra, una condecoración importante para los que creen en la gloria guerrera de Francia y ese tipo de pendejadas, pero condecoración al fin. Cuando los jefes del Ejército se percataron de que ya Alemania estaba derrotada, cercada por los aliados por un lado y recibiendo patada y kung-fu soviético por el otro lado, procedieron a “blanquear” el batallón en el que Fanon combatía. “Blanquear” significa agarrar a todos los negros y llevárselos para otra parte para que, a la hora de la celebración, solo hubiera soldados blancos recibiendo el agasajo y los honores.

Antes de ese revelador episodio ya había presenciado lo que es la prepotencia racista europea, en la piel de las tropas francesas destacadas en Martinica antes de la guerra. Aquella impunidad con que los militares abusaban del territorio y de las personas de la isla le fue construyendo las claves de lo que luego fue su discurso transversal, formulado por primera vez en su libro Piel negra, máscaras blancas (1953), el cual es su primer gran alegato en favor de una conducta más lógica que rebelde: por qué demonios un pueblo (los negros de Martinica) se fajan a pelear hasta la muerte para que los señores del imperio continúen su labor de expoliación racista. No deja de ser autocrítica esta posición; bien duro y con calidad peleó Fanon con el uniforme francés.

La otra clave que marcó su pensamiento, y el de toda la humanidad en rebelión desde los años 50 para acá, tiene que ver con la condición del colonizado. La opresión colonial, decía, es algo más que estar sujeto físicamente a una estructura de poder: es una sujeción cultural. La adopción del idioma del colonizador es la adopción de la cultura que se te quiere imponer. Hablar con el lenguaje del enemigo opresor es “absorber el contenido de una civilización”. ¿Por qué a los negros del Caribe les gusta tanto hablar francés?, se preguntaba Fanon; su respuesta era que el oprimido busca apartarse de su condición adoptando los códigos y valores de quien lo oprime. Cuando las militante feministas de este tiempo discuten acerca de si “la adopción de formas discriminatorias de relación social es producto de la expresión de nuevas formas culturales y políticas que aparecen entre los subyugados”, refiriéndose obviamente al patriarcado, deberían saber que fue Fanon quien aplicó estas teorías a su visión de las relaciones humanas y las cuestiones de género, hace más de medio siglo.

En 1945 había participado en un movimiento político en apoyo de la candidatura de su mentor, Aimé Cesaire, quien se lanzaba como asambleísta en la Cuarta República Francesa desde las filas comunistas. Por esos años se entregó, también, a una formación multidisciplinaria que lo llevó a obtener el título de médico psiquiatra. En tal carácter cumplió funciones de director de un hospital psiquiátrico en Argelia, justo cuando estallaba la Guerra de Liberación, y se incorporaba al Frente de Liberación Nacional.

A Frantz Fanon le fue diagnosticada la leucemia en 1960, después de una larga campaña por el Sahara que el Frente organizaba para reforzar la lucha independentista. Ya sentenciado a muerte por este enemigo biológico escribió y publicó su obra universalmente más conocida, Los condenados de la tierra; allí formula su propuesta según la cual el segmento más marginal (el lumpen proletariado y el campesino que no participa de la actividad industrial que configura a las ciudades) es el llamado a realizar una verdadera revolución de emancipación. Los demás, incluido al clásico proletario marxista, están alienados y no tienen una real motivación para liquidar la opresión. Fue tratado en la Unión Soviética y luego llevado clandestinamente a Estados Unidos, donde murió en diciembre de 1961.

Discípulo y amigo de Sartre, y antecesor en más de un aspecto del pensamiento de Foucault, es el pensador fundamental en temas como la descolonización y la psicopatología de la colonización, pero sobre todo es un ser humano que no extrajo sus teorías de los libros ni de las tertulias estériles de la intelectualidad, sino del haber vivido a la sombra de la humillación colonial.

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