LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Encuentro imaginario entre Franz Kafka y Albert Einstein.

El texto abunda, profusamente, en datos históricos y biográficos que, sin embargo, no dan cuenta de los personajes reales. Paradoja que luce como intencional en la estructura de la pieza. La obra apunta a que, desde el rango histórico de los personajes y de ciertos tópicos atribuidos a estos, se expresen posturas antagónicas con respecto al devenir de la humanidad.

El universo de la obra es completamente kafkiano. La visión de Einstein es expuesta pero no configura el entorno, cosa que es un acierto: es más teatral y más expedito para desarrollar la ficción.

Mientras Albert es optimista dada su percepción de la realidad y las posibilidades de la ciencia y la tecnología, Franz es pesimista, porque está abrumado por un orden demasiado estricto y estático. Albert cree que dentro de un marco inamovible del universo, todo es mutable, dinámico. Franz cree lo contrario, que el mundo exterior es inmutable y que en el mundo interior todo evoluciona hacia lo peor. Mientras uno ve la grandiosidad de las estrellas, el otro se tropieza con la inmediatez del individuo.

Aparte de algunos matices e intenciones que procuran contextualizar ciertos parlamentos a una visión de la actualidad venezolana, la historia describe con más propiedad la contemporaneidad de Occidente, tal como podrían vaticinar los personajes históricos y que reproducen los de ficción. El contraste con el hoy funciona en tanto lo acertado o fallido que fueron sus pronósticos. Una buena manera de vernos.

El nivel de actuación de Sciamanna y Delli es de altísima calidad. Sciamanna construye su personaje con un  trabajo de filigrana que supera con creces cierta superficialidad en la proposición del dramaturgo, cuyos rasgos son un tanto estereotipados y cuyos chistes rozan el lugar común.

La pieza de Mario Diament es muy atractiva, da la sensación de estar ante algo muy profundo. La puesta en escena que se desarrolla convencionalmente sorprende con una ruptura al final, cuando Franz se encarama sobre Albert y toda la historia da un giro, alcanza un nivel estético conmovedor y si se quiere trágico, en una especie de metáfora no del todo explicable pero sí entendible, que nos arroja todo el universo kafkiano y nos envuelve en una atmósfera metafísica. Bien por la puesta en escena.

Muy grato y enriquecedor disfrutar de una dirección y unas actuaciones que alcanzan una poco usual dimensión estética. A mi juicio le otorgan a la proposición dramatúrgica una significación mucho más importante que la que subyace en el texto.

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ÉPALE 207

 

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