ÉPALE280-MUAMMAR GADAFFI

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Llevaba 30 años como líder de Libia cuando, en 2009, Muammar Gadaffi, por primera y última vez, hizo aparición en la Asamblea General de la ONU. De aquel discurso queda el recuerdo de un mandatario que ventiló innumerables atrocidades cometidas, hasta entonces, por Estados Unidos en África y otras partes del mundo, recuento de innumerables guerras, magnicidios y demás calamidades perpetradas en el nombre de esa paz gringa que suena como un balazo.

Cualquier individuo medianamente atento habrá previsto el destino de Gadaffi al oírle recordar el asesinato de John F. Kennedy, acaecido en 1963: “La Asamblea General debe abrir el archivo del asesinato de Kennedy. Queremos saber por qué lo mataron. Fue asesinado por alguien llamado Lee Harvey, y un tal Jack Rubbi mató a Lee Harvey, el asesino de Kennedy. Queremos saber por qué este Rubbi Jack mató al asesino de Kennedy y por qué también murió en circunstancias vagas antes de su juicio (…). Kennedy decidió inspeccionar el reactor de Dimona de Israel para ver si tenía armas nucleares. Esa es la razón por la que se deshicieron de él”.

Libia, para aquel entonces, era el único país de África rebelde a los designios del imperio estadounidense. El alarmante brote de gripe porcina que azotaba a la población mundial de aquella época no le era indiferente: “Esto es un comercio: producen un virus que se extiende por todo el mundo para que las empresas capitalistas ganen dinero de la venta de vacunas. Es vergonzoso, las vacunas no son para ser vendidas. Los medicamentos no son para ser vendidos (…), así es como las empresas capitalistas trabajan, este es el enfoque equivocado. Ustedes tienen que declarar que los medicamentos son gratuitos y no para la venta. Incluso, si el virus es real, no deberían venderse las vacunas, ellas tienen que ser ofrecidas de forma gratuita”.

Sobre la causa palestina, aseguraba que era absurdo plantear la posibilidad de la división en dos Estados cuyo territorio estaba superpuesto, debía buscarse una solución democrática para la coexistencia de judíos y musulmanes. Todo esto, sumado a unas inmensas reservas de agua y otras riquezas en Libia, más un estado de bienestar molesto para los intereses gringos, fueron las gotas que derramaron el vaso: en 2011, tras una sostenida campaña de desprestigio internacional, de la cual fueron cómplices los medios masivos de comunicación, Muammar Gadaffi, acusado de poseer unas armas de destrucción masiva que jamás aparecieron, fue brutalmente torturado y asesinado junto a su hijo y su ministro de Defensa, haciendo de aquello un festín del sadismo comunicacional.

La OTAN se lavó las manos y los medios se encargaron de echarle el jaboncito, porque no hubo quien recordara que, capturado en video y protegida su vida por el derecho internacional, unas de las últimas palabras del Gadaffi capturado fueron “no disparen” y “tengan piedad”. Aquel día, en un hotel abandonado de Sirte, fueron ejecutados en masa más de cincuenta partidarios del líder libio.

El cadáver de Gadaffi fue expuesto durante días en el frigorífico de un centro comercial para que los curiosos se acercaran a constatar su muerte, y luego fue enterrado en secreto en algún desierto para que sus seguidores no pudieran convertir su lugar de descanso en un espacio de peregrinación.

ÉPALE 280

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