ÉPALE282-CAMBUR

POR MALÚ RENGIFO @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Vamos a lanzarnos el barranco de preparar estas galletas como quien se lanza a una piscina de agua helada: de chapuzón. Tápese la nariz, cierre los ojos bien apretados y ¡chupulum!: entregue tarjeta y cédula, diga “corriente” o “ahorro” según sea el caso, marque la clave con un nudo en el estómago y delicados temblores en los dedos titubeantes, y rece, pida mucho “padrenuestroqueestasenelcielo” durante los 40 minutos que tardará el punto de venta en decirle que sí, que se gastó usted tres millones de bolívares en ingredientes rarísimos que juntos no lograrán nada parecido a un buen pabellón criollo ni a ningún otro plato de comida seria, pero que, ya verá usted, le van a rendir para bastantes meriendas.

Después del golpe le costará unos segundos recordar en qué bolsillo se metió la bolsa reutilizable que debió llevar al automercado para no tener que volver a salir de él con los tomates dentro de la franela, los ajos en los bolsillos y la bandeja de sardinas destilando su juguito en la cartera o el morral. Saque la bolsa y estírela, mírela percudida, olorosa a pacusito pero fiel y cumplidora: ¡cuántas historias compartidas!, ¡cuántos kilos de mango trasladados!

Como perdió la noción de todo no pudo recordar en qué gastó ese montón de plata, pero tranquilo, que conforme introduzca los enseres en la bolsa va a tener una idea de cómo se está cotizando la vida. Cuenta: un kilo de cambures maduros, de los que ya tienen puntitos marrones en la cáscara y huelen bien dulcito; un cuarto de kilo de avena en hojuelas, 200 gr de ajonjolí, un coco seco, y ya. Sabe que va a necesitar un poco de azúcar o papelón, pero recuerda que de eso sí tiene en casa, y se va. Al llegar a su casa toma una perola, pela dos cambures y los aplasta como un puré, suavecito. Con el tenedor aún agarrado mira a través del puré de cambur un punto en el infinito y piensa, solo piensa: “¿Y si siembro una mata de cambur en la azotea?”.

Sale del letargo y comienza a agregar ingredientes al puré: tres cuartos de taza de avena, una fracción de la carne del coco rallada por el lado grueso del rallador ¿o a usted le gusta por el lado fino?, también se vale, un cuarto de taza de ajonjolí previamente lavado, porque siempre viene con tierra, y tanta azúcar o papelón como su conciencia se lo permita. Si le parece que la masa sigue aguada, agregará los mismos ingredientes a su gusto hasta llegar al punto ideal. En una bandeja forrada en papel de aluminio colocará circulares y aplastadas muestras de esta masa, distanciadas entre sí por uno o dos centímetros y procederá a hornearlas a 200 °C durante 50 minutos, o algo así. Esta mezcla rinde para una docena de galletas de buen tamaño, y todavía le quedarán ingredientes para dos bandejas más.

Nota importante: si le apetece ponerle otros ingredientes, otras semillas, chispitas de chocolate y cosas así, se puede. Si, por el contrario, no le alcanzó para todo lo que dice la receta, bástese con el cambur, la avena y el azúcar y, bueh, lo demás se lo imagina.

ÉPALE 282

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