ÉPALE313-LINAZA

POR MALÚ RENGIFO •@MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

Una persona, cuando no tiene nada que andar aparentando, puede permitirse muchos placeres pequeños que la gente chiquiluqui nunca en la vida osaría disfrutar por miedo al qué dirán. Como andar contenta en la calle vistiendo su franela favorita, regalo de fulanito en 1996, que hoy luce desteñida y con uno que otro hueco y argüir con desparpajo que es su sistema de ventilación. O sentarse en la grama, el suelo y cualquier superficie de dudosa higiene, sin miedo a percudirle el rabo a los pantalones. O comerse un chupi-chupi de limón y quedar con la jeta verde. Nada de eso hará mella en su imagen de persona buenavaina, que es la única imagen que medianamente nos importa mantener. Lo que sí, de verdaíta, no se puede permitir ninguna persona, por muy despreocupada que sea, es andar con los pelos paraos como un loco o una loca.

Lo digo por experiencia: uno puede andar percudío, tener las uñas negras, andar enchancletao o con los zapatos en el último estado y, aún así, apelar al estilo neojipi ambientalista para justificar el descuido. Puede estar pálido y flaco y ponerse una boina que lo identifique con la poesía y el cocuy y, aún así, quedar como el más introspectivo de los intelectuales. Pero estar espelucao, no: espelucaos andan nada más los locos.

Sabiendo esto, llamó mi atención el escuchar, hace muy poco, a una amiga de cabello rebelde quejarse porque los bachaqueros oportunistas, desgraciados, que ojalá les dé diarrea con tosferina, están revendiendo un pote de gel para el cabello a una descabellada suma que ni siquiera sé pronunciar. Cualquiera que acostumbre hacer uso de tal producto para el cuidado personal, preferiría ser pelón antes de tener que pagar semejante bicoca por una cosa que se echa en el pelo en las mañanas y se va por el sumidero del baño por las noches.

Pero no, compañeros. No tenemos que arrancarnos el cabello ni andar espelucaos por la vida por culpa de la gentuza que pretende hacer negocio con nuestra necesidad de una apariencia cabelluda, socialmente aceptable. Más saludable y económico que la gelatina jedionda que nos han acostumbrado a usar en el cabello (y que es culpable de unos cuantos casos de caspa y caída de nuestra preciada fibra capilar) es preparar en nuestras casas la gelatina soberana de linaza.

Sí, señor. Tan simple como hervir en una taza de agua dos cucharadas de semilla de linaza, dejar enfriar y utilizar como gel fijador, y conservarlo en la nevera hasta que se termine para mantenerlo en buen estado. Así de fácil es preparar en casa nuestra propia gelatina que, además, protege y nutre el cabello y carece de todos los efectos indeseables que tienen los productos químicos que nos venden por un ojo de la cara.

Si usted, además, quiere enriquecer su mezcla agregándole propiedades de aclarado del cabello, puede hervir la linaza junto a unas cucharadas de flores de manzanilla. Para oscurecerla, hiérvala con romero.

ÉPALE 313

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