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POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL / ILUSTRACIÓN RAUSSEO 2

Existen personajes que, tras su muerte, generan no pocas polémicas, unas a favor y aquellas que vociferan sus más abyectos detractores. Sin duda, Juan Vicente Gómez las tiene a granel, toda vez que se trata de la figura política más influyente del siglo XX venezolano. A raíz de su fallecimiento la historiografía venezolana —fundamentalmente la adeca— se dio a la tarea de demonizarlo hasta el paroxismo, dejando para los estudiosos de la Historia, si no una mirada más benévola, al menos una más imparcial, más objetiva. Una de las polémicas, si se quiere la más sutil, es aquella que gira en torno a sus fechas de nacimiento y muerte, puesto que coinciden con las del Libertador Simón Bolívar: 24 de julio y 17 de diciembre, respectivamente.

Con respecto a la primera el historiador Manuel Caballero, en su libro Gómez, el tirano liberal, sostiene que como hasta 1873 no se instaura el Registro Civil en nuestro país, dudar de la fecha de Gómez es igual que dudar de la de Bolívar. Pero el catedrático pasa por alto un pequeño detalle: en 1783, año de nacimiento de Bolívar, resultaría ocioso forzar su fecha de nacimiento ya que, a primera vista, no se ve ninguna figura histórica de la, para entonces, Capitanía General de Venezuela que naciera en esa fecha y la cual fuera referencial, un modelo a seguir. No así en 1857, cuando nace Gómez. Pese a que aún no se ha instaurado lo que algunos historiadores llaman el “endiosamiento” del Libertador, para ese año Bolívar ya goza del sitial que la Historia le reconocería: a él se debe la Independencia de Venezuela y la de otros cuatro países. Ergo, a la famila Gómez sí le convenía forzar el alumbramiento de su vástago a esa efeméride. Pero el único comprobante de su nacimiento es la palabra de sus padres en el momento de su bautizo y en una época en que el empadronamiento era precario o inexistente: la duda supera a la fe.

En lo que respecta a su deceso, el historiador tachirense Manuel Carrero sostiene que de su enfermedad el coronel Benjamín Velasco Ibarra llevó un registro pormenorizado y del cual hizo minuciosas anotaciones. Pero es menester señalar que más allá de la figura de Gómez como amo del poder en Venezuela, con él cohabitaba el gomecismo: una pléyade de acólitos, apologistas, recién vestidos e intelectuales que abrazaban la tesis positivista, quienes no dudaron en magnificar su figura para la posteridad, con datos reales o falsos. Notables figuras como Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, César Zumeta y José Gil Fortoul, de probada capacidad intelectual, no podían darse el lujo de ser los segundones de un campesino apenas alfabeto, por muy buen militar que fuese; y, para justificar la sumisión al tirano, se encargaron mediante excelsa prosa de edificar la leyenda. Es posible que en ese constructo cayeran en un pecadillo venial: coincidir la fecha de su muerte con la del padre Libertador. ¿Quién sabe? La duda persiste.

ÉPALE 257

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