ÉPALE 242 - DICHO TONTO

POR GUSTAVO MÉRIDA @GUSMERIDA1 / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

Si usted está leyendo esto pensando en el chisme de Lilian Tintori, es mejor que deje de leer.

Primero, convengamos en definir “marido” como el tipo que una mujer ama y que, a sin razón o por alguna razón, perdió su libertad (y otras cosas en ese 4% de cárceles que no ha tocado —a sin razón o por alguna razón— la Revolución Bolivariana) y no puede ir a la playa en Macuto, o sacar a sus hijos de paseo por el cortafuegos mientras mira esta o cualquier ciudad, o todos los larguísimos etcéteras que se sufren.

Esa mujer, en consecuencia, apenas puede lo visita y su gozo se convierte en una tragedia. A veces, quien ama a ese tipo no es su pareja sino su mamá, o su hermana, o la prima que se crió con él y en ninguna mujer de esas ese tipo piensa cuando, a sin razón o por alguna razón, hace algo (o deja de hacerlo) y termina en una cárcel, peor si es una de esas que conforman ese 4%. Pero eso es otro tema, como los dichos que son tontos, que son tantos que sorprenden. También puede ser que sea un tonto quien escribe y que alberga la tonta esperanza que alguna vez alguien se refiera a él como un dichoso tonto que escribía tonterías.

Gozar es más que solo eso.

Todas las circunstancias que rodean (nunca mejor dicho) al privado de libertad, pareciera que dicho privado de libertad —y de otras cosas—, seguramente sumido en sus propias circunstancias, las desconoce, las ignora. Tal vez sea bueno que imagine qué siente esa mujer mientras busca la comida, mientras se viste de ese modo, mientras hace otra cola más, mientras llora en silencio para que nadie la vea, mientras vive.

Entonces, no es mucho lo que puede gozar una mujer cuyo marido está preso, a menos que esté preso en su casa y “gozar” se reduzca a su tercera acepción.

En resumen, es un dicho que sugiere o invita a una mujer a disfrutar de la vida aprovechando que su marido no puede acompañarla.

¿Para qué coño lo escogió cómo marido? Eso no significa que una mujer deba gozar de la vida solo si su marido le acompaña; de hecho, sobran los ejemplos de maridos y esposas que gozan un mundo sin la compañía de sus parejas que, a su vez, gozan un imperio (a veces en decadencia) y todo ese gentío anda libre, paseando, gozando y, lamentablemente, a veces, mintiéndose.

Pero eso es otro tema.

El amor, ese sentimiento ausente en algunas calles llenas de violencia durante los últimos meses, anda rondando y, tal vez por la oscurana, por la desgana o por la urgencia, dejamos de verlo, de sentirlo, de acariciarlo. Nos vaciamos por tanto odio.

Es tiempo de ver bien que tan vacíos (o vacías) estamos y de ver mejor con qué carajo nos llenamos.

Y gozamos.

El próximo Dicho tonto, si lo hubiere, será “Un clavo saca a otro clavo”.

ÉPALE 242

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