Guri y la sequía

Casi siempre por esta época ya están cayendo los primeros aguaceros en todo el país. Este año han tardado, y eso nos pone a recordar cosas desagradables. Por ejemplo, que el suministro de electricidad depende en tres cuartas partes de un gigante idiota ubicado a unos 800 kilómetros de Caracas.

Por José Roberto Duque@JRobertoDuque / Ilustración Daniel Pérez

Gigante idiota: esa clase de bichos grandotes y agüevoniaos que parecen imponentes y muy sólidos, pero basta que medio lo tropieces para que se desbarate solito, y se lleve con él a un gentío que se le arrimó, o que le arrimaron. El sistema eléctrico nacional se alimenta de semejante estúpido, conformado por la represa del Guri y otros dos grandes generadores de electricidad. Orgullo de los adecos (y de las empresas gringas que diseñaron y decidieron cómo iba a funcionar), el sistema es un show y una sabrosura cuando el caudal de agua es grande. Pero basta que los chorros que alimentan al río Caroní se resientan, mermen o dejen de manar sus afluencias, para que empiece o se recrudezca la fiesta de los apagones.

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Entre 2009 y 2010 vivimos el más reciente de los momentos de casi colapso o generación mínima: la atmósfera respirable se llenó de unas humarazones muy propicias para sacarle fotos al sol anaranjado, pero fatal para las vías respiratorias. La calina o calima se hizo dueña del horizonte visual en muchos lugares de Venezuela no acostumbrados a tanta resequedad (vayan a hablarle a un llanero de sequías, incendios pavorosos y columnas y sábanas de humo). La sequía duró casi un año y se le atribuyó al fenómeno del Niño. Cuando la cosa terminó lo que se desató fue el vendaval y los aguaceros desproporcionados. Y entonces dijeron que era La Niña que había legado para sustituir al macho. ¿Quieren agua? Bueno, aquí tienen. Y hubo deslaves y derrumbes y miles de damnificados, y el presidente Chávez se sacó de la manga la Gran Misión Vivienda Venezuela. Esto fue en 2011.

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Volvamos a Guri. El estudio de factibilidad para construir esa represa con su planta fue realizado por una empresa norteamericana llamada Harza Engineering Company, la misma que construyó la presa de Derbendi Khan, en Irak. Irak, ese mismo país donde, previo a los bombardeos de 1991, hubo un gigantesco apagón: neutralizada Derbendi Khan, el país se quedó sin energía eléctrica.

En 1963 se adjudicó el contrato para la construcción de la planta a un consorcio norteamericano formado por Kaiser Engineering and Constructors, Macco International, Tecon International, Merritt Chapman & Scott Overseas, Christian Nielsen y Technical Building Construction.

El sistema ha sido objeto de modificaciones y ampliaciones, e incluso la incorporación de equipos y elementos alemanes y japoneses. Pero el espíritu y filosofía de la construcción (centralizar en un solo punto, lejos de Caracas y a más de 1.400 metros del punto más lejano alimentado por sus generadores) trae sello estadounidense. No es tan difícil suponer o entender cómo es que los creadores de un monstruo pueden prender y apagar ese monstruo según las conveniencias.

Pese a este dato cierto y verificable, seguiremos leyendo y oyendo otro tipo de diagnósticos: Guri está mal porque el Gobierno quiere que ande mal. Y siempre postergaremos la discusión-acción que nos exige entrompar el tema energético de otras formas, más audaces y menos sujetadas y dependientes del gigante bobo de Guayana.

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Lo seco y las sequías son momentos duros para la sobrevida, pero buenos para el entrenamiento más importante de este tiempo: nuestra preparación como individuos y como colectivo (como pueblo, como país) para el colapso que viene. La abundancia de agua generará siempre derroche de agua; se despilfarra lo que nos sobra o llega de manera mágica y sin esfuerzo. Colapsar significa llegar al momento en que ya no se puede disponer de lo que se te hizo costumbre, pero no significa que la única reacción ante el colapso tenga que ser el pánico o la rendición. El mayo caraqueño ha sido seco y los informes meteorológicos pronostican que la resequedad durará hasta mediados de junio; tenemos un mes para hacer ensayos, ejercicios o simulacros de colapso. ¿Qué tal irnos acostumbrando a la falta de agua y de energía eléctrica, para cuando nos toque en serio?

ÉPALE 373