ÉPALE284-BOLÍVAR

POR MALÚ RENGIFO •@MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Antes de la llegada de los mercenarios blancos los pueblos originarios, cuando no se valían del trueque para realizar sus intercambios, usaban el urao, la sal, el cacao y el algodón como divisas. Más tarde fueron las perlas y las pepitas de oro, codiciadas por los españoles vendedores de espejitos y cuchillos. Y así, sin ahondar en el asunto, podría decirse que la cosa funcionó por varios siglos, hasta que a principios del siglo XIX las provincias de Maracaibo, Guayana, Mérida y Barinas crearon sus propias monedas para facilitar las transacciones dentro de su territorio.

Fueron muchas, muy diversas las monedas que circularon en el territorio, que hoy se llama República Bolivariana de Venezuela, hasta 1879. Tal despelote de casi un siglo generaba frecuentes problemas para las transacciones que se realizaban en el país, de ahí que, aquel año, el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco creó la que fue verdaderamente nuestra primera moneda con identidad nacional: el bolívar, una serie de monedas de plata genuina “que cantaban al caer”, según cuenta cierto señor de la juventud prolongada a quien tuve el agrado de preguntarle sobre este tema.

La aparición del bolívar sacó de circulación la moneda de cobre, que hasta entonces circulaba, y marcó un cambio definitivo en el sistema monetario venezolano, que nos ha acompañado hasta la actualidad. La acuñación se hizo de tal manera que pudiera cubrirse la demanda en relación con la población del país en aquel momento, a razón de Bs. 6 por habitante.

Fue punto de honor para Guzmán Blanco la creación de una Casa de la Moneda en nuestro país, pues consideraba que, contando con los recursos minerales suficientes para la acuñación de manera soberana de nuestro cono monetario, no tenía sentido alguno que la tarea fuera encargada a otras naciones. Se dejaron circular por aquellos tiempos bolívares provenientes de Bélgica y Francia, pero una vez instalada nuestra Casa de la Moneda se sacó de circulación todo aquel metálico foráneo y fue reutilizado para la acuñación de piezas nuevas.

Con el estallido de la guerra civil vino también una desaparición del dinero circulante. Entró en juego, entonces, el níquel para la acuñación de monedas menudas: de 1, 0,50 y 0,25 bolívares. Poco después las monedas más grandes también fueron acuñadas en níquel, pero durante largos años circularon al mismo tiempo los rostros de bolívar grabados en altorrelieve sobre ambos metales.

Pese a que el nombre del Libertador en nuestra moneda respondía a un deseo de Guzmán Blanco de fortalecer nuestra identidad patria quedaron resabios que duraron mucho tiempo, hasta casi finalizar el siglo XX, como el nombre del real, que proviene de la época cuando aún servíamos al rey. El fuerte, la moneda de cinco bolívares. “La locha o el cuartillo eran dos centavos y medio, la moneda del niño; luego estaba la puya, un centavo, la moneda del niño pobre, con eso se compraba un caramelo.

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