Hablemos de salud mental

En estos días, en que los precios se disparan hasta la estratósfera y Guaidó insiste en agarrar el coroto, se hace imperativo hacer una pausa y evaluar cómo nos estamos comportando como sociedad y de qué manera el entorno nos afecta. ¿Realmente somos gente “chévere” o estamos ocultando actitudes enfermas? Consultamos a la comunidad de Épale CCS y a dos psiquiatras para saber sus impresiones

Por María Eugenia Acero • @andesenfrungen / Fotografías Michael Mata

Cuando se reactivaron las guarimbas en 2017 la violencia tomó un tono turbio. El asesinato de Orlando Figuera, en lugar de conmover a la población, más bien estimuló a un sector de la sociedad a destruir bienes públicos y a agredir a aparentes adversarios políticos. Los medios de comunicación y las redes sociales se encargaron de atizar el candelero y, así, se naturalizó el odio.

Llegamos a 2020 y, aunque no hay guarimbas, el ambiente en el Metro de Caracas es de tensión. La marejada de usuarios desesperados por entrar, o salir, de los vagones choca entre sí y se enfrenta. En algunos casos, los encontronazos terminan a golpes entre extraños. Se han suscitado fuertes accidentes, incluso muertes en los vagones, y la gente sigue su camino, indolente. No le importa lo que le suceda al prójimo, con tal de conseguir puesto.

La violencia naturalizada en el metro no es normal. Foto Enrique Hernández

La sociedad venezolana suele percibirse a sí misma como “chévere”: abierta a las fiestas, la alegría y la camaradería. Sin embargo, detrás de esta máscara se esconden vicios y temores debajo de la alfombra. Así, tenemos que en el país la tasa de mortalidad por violencia es elevada y que la violencia intrafamiliar es frecuente. Por otro lado, la hipersexualidad se mezcla con la pacatería, dando como resultado jóvenes desinformados en materia de educación sexual y un elevado número de adolescentes embarazadas. Es importante acotar, también, que las adicciones se han vuelto mayores y traen como consecuencia fuertes problemas en los enfermos y en sus núcleos familiares. Sin embargo, de nada de esto se habla. Es posible decir que nuestra sociedad vive de las apariencias y, en aras del qué dirán, la discriminación por imagen física y clase social es fuerte.

“Cuando se le dice a alguien que vaya al psicólogo, la respuesta suele ser a la defensiva: ‘Yo no estoy loco’”.

(Pedro Patiño)

¿Qué sucede cuando ya no es posible contener las emociones? En la actualidad, tener una enfermedad mental puede ser causal de despido en los trabajos. Además, tener una enfermedad mental puede ser motivo de rechazo social. Por otra parte, los pacientes mentales deben enfrentarse hoy en día a elevados costos en los tratamientos farmacológicos y deben controlarse con médicos privados a tarifas dolarizadas: el sistema público de salud mental presenta fuertes deficiencias, no sólo en la infraestructura de sus instalaciones, sino en la calidad del servicio.

Teniendo en cuenta estos elementos, ¿somos mentalmente sanos?, ¿cómo nos comunicamos y nos relacionamos con nuestro entorno?, ¿de qué manera medimos nuestra salud mental? Por otra parte, ¿cómo tratamos a los enfermos mentales?, ¿cómo se está manejando la salud mental en nuestro país?

Francisco Paredes fue director del Hospital Psiquiátrico Dr. Jesús Mata de Gregorio

Según el portal Psicología y Mente, la salud mental refiere al estado de bienestar subjetivo en el que la persona es capaz de hacer frente a las demandas psicosociales del día a día. De ahí, algunas de las características para tener una mente sana son: dominio del entorno, autonomía, propósito en la vida, relaciones positivas y crecimiento personal. Es importante agregar que la solvencia financiera y tener cubiertas todas las necesidades básicas contribuyen con una buena salud psíquica: sufrir de angustias por carencias varias puede agudizar una depresión o cuadros de ansiedad severa.

“Aún estamos influenciados por la visión del enfermo crónico de hace más de 100 años”.

(Francisco Paredes)

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La comunidad de Épale CCS compartió sus impresiones. Keyla Morales (quien en el Encuentro de Creadoras hizo el monólogo Tres veces feliz) afirma: “La salud mental es lo más importante y lo que menos se atiende. Soy sobreviviente de violencia de género y las terapias me han ayudado a salir del foso. Cuando se vive un episodio traumático te refugias en la depresión como si fuera tu cuarto favorito”. Felix Daniel Díaz Hidalgo afirmó: “33% de la población venezolana está bajo opresión, depresión, esquizofrenia, bipolaridad, histeria, embotamiento mental y otras afecciones”. José Roberto Duque añade: “Todas las ciudades industriales están enfermas, es imposible vivir en una de ellas y salir ileso. No es un fenómeno venezolano, la ciudad capitalista está destruyendo gente en todas partes”. Mauricio Vilas agrega: “Creo que estamos un pelo escoñetados, pero equilibramos la vaina ayudándonos. Un pedazo de pan, una mano, un trago de cocuy. A veces se trata de oír al otro, que está en plena hemorragia neurótica, y darle un poco de tiempo y silencio para su discurso. Solidaridad humana básica y consciente, pues. Entonces pasa una camioneta blindada subiendo por la Urdaneta y uno piensa, con ilusión renovada: No todos estamos escoñetados y zurcidos: ahí va un camarada feliz”. Leila Ordóñez Peña sostiene: “No creo que seamos una excepción para lo negativo. Estamos inmersos internacionalmente en una sociedad que tiene muchos problemas, y nosotros no escapamos de esa turbulencia. Podríamos decir que al venezolano le gusta quejarse, pero no es un ser amargado. Al contrario, muchas veces nos burlamos de nuestra desgracia”.

Los medios exacerban el morbo y la hipersexualización

Quisimos saber la impresión de especialistas. Así que consultamos a los psiquiatras Francisco Paredes (FP) y Pedro Patiño (PP).

—¿Qué opinión le merece el sistema de salud mental en Venezuela?

(FP) El Sistema de Salud Mental está actualmente organizado según la visión de hace casi 100 años, basado en la hospitalización de enfermos crónicos, en ambientes ubicados en la periferia de las ciudades (prácticamente por el resto de sus vidas); primero, en los centros vinculados de modo contractual con el antiguo Ministerio de Sanidad; y, posteriormente, hace unos 50 años, con los relacionados a través de convenio con el Seguro Social. La cobertura de ambas instituciones ha estado decreciendo con el paso de los años y la calidad de los mismos ha descendido a niveles muy bajos. Esto ocurre, en gran medida, por la ausencia de un programa de salud adecuado a nuestros tiempos, con objetivos claros; y los psiquiatras no hemos sido capaces de hacer propuestas acertadas porque aún estamos influenciados por la visión del enfermo crónico de hace más de 100 años.

(PP) Estamos más enfermos y con menos atención. La salud mental está enferma. La componen los componentes asistencial, terapéuticos y farmacológicos. No hay una articulación para el suministro de medicamentos ni la parte terapéutica. Ni si quiera me refiero a un aspecto manicomial, sino a la prevención mediante la orientación. En Venezuela hay mucha violencia intrafamiliar, y de eso no se habla. De ahí la raíz de las enfermedades mentales. Se solapa la autoridad, los límites no están presentes. Son familias con muchos problemas y poco espacio para comunicarse asertivamente. Si se coloca la lupa, hay una mecha a punto de explotar.

—¿Cómo ve la salud mental del venezolano?

—(FP) Esa es una pregunta más grande que el río Orinoco, demasiados factores en juego como para poder dar una visión más o menos objetiva. La gran capacidad de adaptación del venezolano te habla de que, en general, es buena, más en estos tiempos de bloqueo y agresión. Sin embargo, en el camino se quedan aquellos que presentan, por diversidad de razones, problemas relacionados con su salud mental como la aparición de enfermedades específicas de área, que en la actualidad, desde el punto de vista público, no cuentan con la atención adecuada ni con la medicación adecuada ni con otras herramientas necesarias para una evolución favorable. Pero la aparición de estas enfermedades y su incidencia se pueden ver aumentadas por las actuales circunstancias geopolíticas y su influencia en nuestra dinámica social actual. Sin embargo, lo que sí es preocupante es la dificultad para implementar los tratamientos pertinentes. En el ámbito privado esto cambia un poco en cuanto a la utilización de recursos psicofarmacológicos, pero no en cuanto la visión aún prevaleciente.

(PP) La salud mental está comprometida. Estamos más enfermos porque hay una ausencia de equipos multidisciplinarios para el abordaje de la salud mental. Si añadimos la violencia política, la alimentación y la migración, todo esto afecta la salud mental. La sola idea de pensar que un hijo se va altera la armonía familiar. La familia tiene a un miembro que se ha ido del país y hace crisis depresiva y de llanto cada vez que se le toca el tema migratorio, que se convierte en una materia emotiva. Hay familias con padres maduros, quienes también quieren irse para estar cerca de sus hijos.

Pedro Patiño fue subdirector del Hospital Psiquiátrico de Caracas. Foto Bernardo Suárez

—¿Qué elementos han sido los responsables de los trastornos que más afectan la salud mental del venezolano?

(FP) Son muchísimos y de diferentes ámbitos. La ausencia de programas preventivos en casi todos esos ámbitos es la mejor expresión de eso, en términos de identificación de una población susceptible y la implementación de medidas específicas para evitar males mayores; por ejemplo: en los ámbitos de consumo de drogas y alcohol, psicoeducación, educación especial, identificación de casos a nivel comunitario, etcétera.

(PP) La salud mental tiene que ver con un equipo multidisciplinario para su abordaje. También debe existir en los municipios espacios para que la gente pueda acudir a tratarse. Debe existir espacios para el disfrute, la alegría.

—¿Cómo ve la actitud de la sociedad venezolana hacia las enfermedades mentales?

(FP) La palabra clave es estigmatización. El diagnóstico de una enfermedad mental en la nuestra sociedad implica cierta exclusión progresiva de los diferentes ámbitos en que se desenvuelve la vida: laboral, académico, afectivo, social, familiar. Pero hasta ahora no hay, en realidad, una posición de atención pública que ayude a desenrrollar ese nudo: las políticas implementadas son de ayuda y solidaridad, pero enmarcadas en la visión prevaleciente.

(PP) La mayoría de la población venezolana, cuando se habla de salud mental, la ve como quienes están dentro de los manicomios, cerca de la locura. La salud mental abarca mucho más. Venezuela necesita desmanicomiar las enfermedades mentales. Para eso necesita equipos para poder atenderlas. Cuando se le dice a alguien que vaya a un psicólogo, la respuesta suele ser a la defensiva: “Yo no estoy loco”. Se debe educar a la sociedad venezolana para no estigmatizar. Una persona con enfermedad mental, no necesariamente está loca. Desde la comunidad se pueden hacer muchas cosas.

El sistema de salud mental en Venezuela excluye a los pobres

—¿Qué puede decirnos de los centros para hospitalizar pacientes?

(FP) Los centros públicos ahorita no tiene ninguna oferta válida de servicio. Algunos están prácticamente cerrados. El que más posibilidades de funcionamiento tiene, posee problemas de alimentación, psicofármacos, personal médico y paramédico; aun así, funciona. Sin embargo, su oferta real es muy pobre, no tiene agua ni capacidad para almacenarla, además. Los centros en convenio, en general, funcionan como depósitos de pacientes crónicos. Su población ha disminuido mucho debido a que los convenios no están actualizados o están suspendidos total o parcialmente, alimentación muy pobre y tratamientos inexistentes.

(PP) En Caracas no existen hospitales donde se impartan talleres formativos y preventivos. Lograr eso implica dejar de lado la atención hospitalaria.

—¿Es posible ser pobre y tener un trastorno mental en Venezuela?

(FP) Es probable. Lo que es difícil es ser pobre y poder tratarse. Es más difícil que con otras enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, la insuficiencia renal, donde también es difícil, pero no como en el caso de los trastornos mentales.

(PP) Sí, por supuesto. Las personas con menos salud mental son las más ligadas a la pobreza. Son quienes viven el día a día. El pobre es doblemente azotado por no tener los medios a la mano para solventar sus problemas

—¿Qué mensaje desea darle a la comunidad de Épale CCS?

(FP) La salud mental es un tesoro tan grande y tan amplio como el mundo. De hecho, nuestro mundo íntimo es nuestro perfil y, como todo perfil, es imperfecto, mejorable. Las adicciones, los enganches, los sentimientos como el odio, el miedo (en gran medida), la falta de proyectos, deseos, metas y el no reconocimiento de los propios logros (incluso, de la capacidad de lograr) están en contra de nosotros. ¡Cuidémonos!

(PP) Hagan énfasis en la formación y educación para la familia. Que hablen de la familia como ese grupo donde la gente pueda aprender, convivir, rescatar valores, comunicarse y, sobre todo, reírse para seguir disfrutando de este país. La familia debe verse hacia adentro para que renazca.

La cultura de la farra ha devenido en adictos y enfermos mentales. Foto Archivo

ÉPALE 364