ÉPALE 227 PICHONES

POR MARLON ZAMBRANO @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Hay días en que hacer de periodista gastronómico puede convertirse en una pesadilla en medio de una ciudad sitiada por el caos, y uno, cual embarazada, con un antojo de hamburguesas.

Era martes y el plan muy sencillo: visitar un establecimiento emblemático de la Caracas gastronómica que ha sobrevivido desde los días de Pérez Jiménez y que luego encontró asiento en la era yeyé, para convertirse, en pleno siglo XXI, en un rincón de la memoria culinaria.

EPALEN227_24.inddLlegar al sitio, en El Paraíso, ameritó atravesar la ciudad en moto y sortear barricadas llameantes, piquetes de la Guardia Nacional y un tráfico infernal para encontrar el local cerrado por falta de pan.

El plan B, que nunca falla, era elemental: remontar la avenida Fuerzas Armadas y al final, frente a la iglesia San José, probar un calzone de jamón y queso, en un insólito local atendido por una dependienta muda y una dueña rabiosa a punto de echarnos a patadas en medio de un ataque de histeria contra el Gobierno, hasta que repentinamente fue abordada por una comisión del Sebin y la Superintendencia de Precios Justos, supuestamente por estar acaparando harina.

El plan C, un exceso que en más de una ocasión nos ha dado resultados óptimos, era ramplón: comer perros calientes en una esquina del edificio El Universal, en plena avenida Urdaneta, un operativo que no ha dejado mal a nadie nunca, excepto a nosotros, pues no tenían cómo hacer facturas personalizadas, ¡y así sí no!

Finalmente, y casi arrepentidos de tener hambre y querer cumplir con la pauta, doblamos hacia el centro comercial Galerías Ávila, donde por fin, en un misterioso borde de su feria de comidas, hallamos Gourmet Burguer, un local de hamburguesas express que además de contar con pan, carne y no estar siendo intervenido por ninguna autoridad, ofrecía un servicio aséptico y solvente.

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La ciudad vibraba por el rumor de las marchas y las esquirlas de la guerra económica, mientras logramos ordenar una Bacon Chesse, elemental pero de buen sabor, aderezos de salsas, vegetales y pico ’e gallo al gusto y papelón con limón, sentados frente a una portentosa vista del Waraira que, a pesar de todo, infunde paz.

Nelis Figueroa, la bonita subgerente en trámites de irse a vivir fuera del país, nos atendió con un auténtico espíritu de venezolanidad: sonrió amablemente, le pidió al encargado de cocina resolvernos el pedido, nos explicó que ofrecen hamburguesas de 85 gramos, ¼ y ½ libra, doble queso, tocineta y pollo, nugget, choriburguer y perros calientes, además de raciones de papas, yuca, cebolla salteada, tocineta y huevo frito.

Comimos. A Mata, para cerrar como un príncipe, se le desparramó el vaso de papelón y fuimos medio felices comiendo acorralados.

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