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POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

EPALEN231_20.inddEl título que precede a estas líneas, paráfrasis de la célebre canción que popularizó la agrupación boricua Sonora Ponceña, no se refiere, en lo absoluto, a algún tipo de evento ígneo o balacera alguna; simplemente hace una sutil referencia al fuego más amable que pueda presentar cualquier hogar, aquel que abrasa el calor de la cocina. Y es que el restaurante El Coconazo es eso: un lugar cálido donde se puede disfrutar de la comida más casera que usted pueda imaginar.

El comedero está situado en la calle Ayacucho, casa N° 20-17, frente al Bloque 5 y a la escuela Diego de Losada de la combativa parroquia 23 de Enero. Mientras la encargada (y heredera) del lugar, la simpática y agradable Karem Kaffure, me proporcionaba los detalles de la ubicación, el señor Gerardo Aguilera, un asiduo comensal, adyacente, cercano, interviene: “Disculpe que me meta, pero el mejor punto de referencia es que se encuentra a 300 metros del Cuartel de la Montaña”. Providencial intervención que me hizo pensar en que el fuego, el calor, la calidez del sitio se fusiona, se amalgama con el calor humano tan característico de nuestro pueblo, ese que no repara en hacer camaradería con un desconocido en el lugar y el momento menos pensados; ese calor que pretende ser arrasado por el fuego de las balas. Apropiándose de la entrevista, Gerardo agrega, cual accionista del restaurante: “El mondongo de los sábados no tiene padrote, y los callos de los jueves son los mejores de la ciudad.

Además de encargada, Karem también es chef profesional y su contribución culinaria al negocio familiar es encargarse de los postres. Para no quedarse atrás, parafrasea al señor Gerardo: “El roll de chocolate que hago es el mejor de Caracas”. Al decirlo no puede evitar mostrar una pícara sonrisa, ese alegre mohín de la femineidad venezolana: otra calidez que la violencia pretende defenestrar.

La oferta es a la carta.Digamos que la misma es de una soberbia simplicidad. Todos los días ofrecen lo que podríamos denominar los “caballitos de batalla”, a saber: milanesa de pollo, chuleta ahumada, carne guisada, carne a la jardinera, etc., acompañados de tres contornos. Junto a estos, todos y cada uno de los días cocinan un plato y postre especiales. Por ejemplo: los jueves hay callos, pasticho y minestrón; el sábado, como ya se mencionó, es del mondongo. Karem recomienda llegar temprano para poder degustarlos; caso contrario habrá que conformarse con cualquiera de los “caballitos de batalla”, los que, en todo caso, siempre son una buena opción. De hecho, por llegar tarde me tocó comer chuleta ahumada. Una próxima visita es imperativa. Tengo en la mira el mondongo y el roll, a ver si es verdad que el plátano verde mancha.

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