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LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

El asunto de “irse del país” se ha convertido en una situación que marca nuestra cotidianidad. Hay quienes “se irían demasiado”, es decir, en función de una postura preestablecida y asumida por jóvenes de la clase media alta a partir de ciertos tópicos, en la que se plantea la imperiosa necesidad de salir de nuestras fronteras de manera de dar una respuesta “política” y al mismo tiempo identitaria en el marco de rasgos como la edad y la condición económica. Otra gente “se va pa’l coño” o “se quiere ir pa’l coño” sin importarle a dónde y con un porqué un tanto manido y abstracto. Otro grupo quiere migrar porque siente presión y requiere de seguridad no solo frente al hampa, sino en relación a un futuro en el que pueda acceder a una vivienda y algunas otras propiedades que garanticen confort para ellos y sus hijos, siempre en el marco de una clase media que no se siente atendida por las condiciones en las que se desenvuelve el país. El abanico de razones es amplio y se devanea entre un universo más o menos coherente según el razonamiento que impulsa la desdichada decisión.

Aníbal Grunn escribe y dirige la pieza Hecho en Venezuela, que trata este asunto de manera directa y, si se quiere, valiente. Una pareja que salió del país a raíz de que él participó en el paro de Pdvsa y con el fracaso de esta acción se quedó sin empleo. Todo el confort y la posibilidad de seguir avanzando en la escala social se fue por la borda, así que se sintieron obligados a migrar. Después de sacrificios y penurias, logran estabilidad económica y regresan a Venezuela para asistir a una boda y visitar a unos parientes que los ayudaron con dinero para salir.

El conflicto dramático se sostiene de manera conmovedora e inteligente en la contradicción que existe entre ese impulso por irse del país y la necesidad espiritual de quedarse. Los argumentos se pasean por todos los tópicos, hay que decir que de manera respetuosa y dinámica.

Más de tres cuartas partes de la pieza se sostienen en el argumento de la necesidad de irse, con tanta contundencia que pareciera que ese es el único camino. Un giro dramático perfectamente bien construido abre el espectro, dando cabida a una visión distinta.

Es sorprendente la actualidad del drama, de la argumentación y de los personajes.No hay distancias con la realidad que nos circunda cada día. Aún así no se pierde el carácter teatral, estético, rítmico, reflexivo que debe tener una pieza teatral.

Grata y sorprendente experiencia. Cuando llegue a Caracas no se la pierda.

ÉPALE 205

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