POR ANDER DE TEJADA @EPALECCS / ILUSTRACIONES RAUSSEO 2

ÉPALE254-MITOS 2La literatura pulp, o el pulp fiction, no se trató de un género literario, a pesar de las características que, evidentemente, cohesionaban las publicaciones. El nombre lo lleva debido al material en donde se imprimía esta ficción: una pulpa restante de la madera trabajada. Esta se transformaba en un papel amarillento y de mala calidad que, a su vez, se convertía en una revista de relatos o en una novela. Las portadas, fáciles de identificar, se construían de imágenes con características similares en donde solían figurar mujeres en peligro, hombres posicionados desde la altura o seres inclasificables como la amenaza de aquellos. Las publicaciones surgieron en la década de los 20, suplantando a los llamados
penny dreadful y a los dime novel (novelas de a céntimos), y su auge terminó en la década de los 50 debido a la subida de precios de la producción de papel y a la popularización de las novelas radiofónicas, los shows televisivos y las tiras cómicas.

Sus temáticas variaron con los años. Primero hubo una muy buena acogida debido a la inclusión de westerns, cosa que para los estadounidenses constituía parte importante de su cultura. Es después, con la consolidación de esta producción, cuando se comienzan a tratar otros temas, no tan anclados en la ideología estadounidense pero igual de suculentos para el público. Esto, sin embargo, no parte de la nada: la escogencia o el posicionamiento de los temas venía influenciado, a su vez, por aquellos presentados en el siglo XIX en una literatura más compleja: la ciencia ficción de Julio Verne, de R. L. Stevenson, el horror de
H. P. Lovecraft o Edgar Allan Poe, como también la temática policial inglesa.

Siendo una adaptación del mercado al nuevo pueblo alfabetizado, hecho para el consumo de la clase trabajadora, respondía, en cierto modo, a sus demandas y a los reflejos de cómo funcionaban culturalmente para entonces. La literarura pulp era la literatura del machismo de entonces, de la figura del hombre rudo, fuerte, a veces heroico; al mismo tiempo era la literatura de lo desconocido, de lo sórdido, de lo impensable; era la literatura para satisfacer algo que se gestaba en las mentes del proletariado. No se pedían problemas existenciales, no se estancaba de forma alguna en personajes con complejidad psicológica. El pulp respondía pragmáticamente: satisfacía el morbo, explotaba la curiosidad del pueblo.

El tratamiento estilístico era básico. Se utilizaba un lenguaje sencillo y los argumentos no eran muy enrevesados. Consistían en la resolución de un conflicto de estructura simple aunque construido con elementos y situaciones sensacionalistas. Lo que predominaba, lo verdaderamente importante en el proceso de escritura era la acción. El conflicto simbólico sobre el que descansa la actividad humana no se enfocaba con profundidad sino que el esfuerzo se decantaba, más bien, en la creación de imágenes potentes que sacudieran a los lectores. Todo por el mínimo contacto, en aquellas épocas de rigidez y de conservadurismo, con lo más oscuro del ser humano.

A pesar de que haya quienes, hoy día, reivindican el tratamiento, no suele figurar el pulp como algo prestigioso dentro de la institución literaria. Pero como lo hermoso surge del trabajo, y en todos lados se trabaja, este tipo de ficción tuvo sus momentos de grandeza. Ahí se foguearon algunos grandes. En ese establo de sementales, en ese criadero de sujetos rudos, interesados por lo misterioso de la vida, por lo intocable, por lo que, políticamente, podía ser lo peor, se entrenaron algunos de los mejores de la historia. Entre ellos, Raymond Chandler, Dashiel Hammet, Philip K. Dick y Charles Bukowski. En cierto modo, hijos de la pulpa, aunque padres del libro.

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