ÉPALE296-LA VIDA ES JUEGO

POR GERARDO BLANCO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

La batalla de los atletas negros contra el establishment de Estados Unidos vive, desde hace dos años, otra contienda política. La mayoría, y los más destacados, jugadores de la National Football League (NFL), el deporte más popular y más estadounidense de todos, son de raza negra. De allí que, en protesta por la violencia policial contra los afroamericanos, el mariscal de los 49 de San Francisco, Colin Kaepernick, decidió solidarizarse con sus compatriotas muertos y hacer visible su oposición a estos ataques hincando una rodilla en el suelo cuando se entonaban las notas de “La bandera adornada de estrellas”, el Himno Nacional de su país.

El gesto de Kaepernick, marginado de la NFL al terminar su contrato en 2016, ha sido imitado por otros jugadores, y esta actitud de rebeldía ha llegado hasta la Casa Blanca. En otra muestra racista, propia del supremacismo blanco, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a los jugadores de la NFL que se arrodillaban o se quedaban sentados durante el Himno Nacional de “hijos de putas” y pidió que los sancionaran.

No es la primera vez que los atletas negros de EEUU se enfrentan al poder establecido. El boxeador Jack Johnson fue el primer símbolo de la lucha de los afroamericanos para que se les reconocieran sus derechos. Aunque era el mejor peso pesado de principios de siglo XX los campeones mundiales blancos se negaban a pelear con él, hasta que le dio un paliza al canadiense Tommy Burns en Australia, en 1908, y se convirtió en el primer símbolo de la rebelión negra en el deporte.

Décadas después, en los Juegos Olímpicos de México 1968, los velocistas
Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce respectivamente en 200 metros planos, bajaron la cabeza, cerraron los ojos y levantaron el brazo empuñando un guante negro en la ceremonia de premiación para expresar su protesta por la discriminación racial en Estados Unidos. Y el gran Muhammad Alí no solo abjuró de su nombre bautismal, de raíces esclavistas (Cassius Clay), sino que llevó las banderas del pacifismo y la objeción de conciencia al negarse a combatir en la Guerra de Vietnam, acción que lo mandó a la cárcel y lo sacó tres años del boxeo, pero lo convirtió en un símbolo mundial de la resistencia a la política guerrerista de su nación.

En la NFL los dueños de equipos, ricos empresarios blancos que apoyaron con sus jugosas contribuciones a que Trump fuera electo presidente, amenazaron con multar a los futbolistas que no escuchen el himno de pie. Pero los jugadores se siguen hincando en una rodilla porque nada se ha hecho para poner fin a la brutalidad policial, y el canto patrio de “La bandera adornada de estrellas” es un símbolo del que se abrazan los supremacistas, como Trump, para imponer “su libertad”.

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