Hollywood: Esa entrañable fábrica del horror

Aunque son bellos, seductores e impecables, los miembros del star system de la principal industria cinematográfica del mundo ocultan un estercolero. En la reciente entrega de los Premios Globo De Oro las denuncias sobre pederastia y acoso sexual se hicieron bandera. De cara a los Oscar del próximo 9 de febrero, nos paseamos por las catacumbas 

Por Marlon Zambrano / Fotografías Archivo

Tan aséptica la Meryl

Hollywood, además de una factoría de ilusiones, es una maquinaria industrial asociada con muchas cosas más allá del entretenimiento. Por ejemplo: drogas, prostitución, trata de blancas, pederastia, esclavitud, etcétera.

Sí, puede que en las primeras de cambio a algunos se les haga agua la boca y a otros les parezca un razonamiento apresurado y excesivo, y habrá quien señale que en casi toda actividad humana existen estos factores de riesgo. El detalle está en la bandera de pureza que iza el show business a partir del aura celestial que terminan adquiriendo sus conspicuos integrantes, plagados de doble moral.

Freeman: un dios de pacotilla

Los gringos no inventaron el cine ni, mucho menos, son los más interesantes exponentes del llamado séptimo arte. Buen cine se hace en muchas partes del mundo (Irán, China, Argentina, Corea), donde la autoría lleva autografiada la firma de auténticos maestros universales como el iraní Abbas Kiarostami, el español Pedro Almodóvar, el ruso Andrei Tarkovski y, ¡cómo que no!, nuestro Román Chalbaud. Eso sí, en otras partes del planeta no se cuenta como en EEUU con una parafernalia empresarial de las dimensiones del conglomerado corporativo de Los Ángeles (California), donde realmente se puede vivir del cine y de sus servicios conexos (putas, curda, coca, menores, etcétera.).

El estilismo marca la diferencia. La asepsia de Meryl Streep con su aspecto de matrona acaudalada de El Cafetal, el aire cosmopolita de niño enchufado de Leonardo di Caprio y la apariencia de dios barloventeño y bonachón de Morgan Freeman no permiten distinguir la oscura trama de perversión que se esconde bajo de la impoluta alfombra roja.

Ojo, no estamos cuestionando el valor artístico de muchas de las figuras del cine norteamericano, pero cada vez que se asumen como modeladores del comportamiento de la sociedad, guías intachables del mundo occidental y ejemplo a seguir para las nuevas generaciones (como cada vez que dan un discurso en contra de Maduro o a favor de Obama) se nos cae la cara de pena ajena.

¿Cómo que no? Chalbaud, uno de los grandes

La puñalada de Gervais

Pidiendo excusas por nuestro pobre castellano, el comediante británico Ricky Gervais se los “pegó” a todos durante la reciente entrega de los premios Globo de Oro que se escenificó en Los Ángeles, cuando se burló mordazmente de todas las estrellas presentes con un humor corrosivo, al advertir: “Vamos a reírnos a vuestra costa. No están en posición de dar lecciones de nada. La mitad de ustedes ha pasado menos tiempo en el colegio que Greta Thunberg. Si ganan, acepten su premio, agradezcan a su agente la suerte que tienen, y fuera”.

Además, puso el dedo en la llaga más purulenta de las catacumbas de Hollywood al hacer chistes a mansalva sobre la complicidad, o mirada indiferente, de los presentes en los graves casos de pederastia y acoso que han salido a la luz pública recientemente, donde se involucran a figuras y figurines, productores, actores y directores en monstruosas tramas que estiran sus tentáculos hasta las altas esferas del poder político.

De Niro: el duro que encaró a Trump

“Gervais sumó, luego de su presentación, más de 350.000 seguidores en Twitter, la gran mayoría apoyando su valentía de decir verdades incómodas a esos hipócritas de joligud. Bravo, Ricky, lanzaste una bomba varias, de hecho que tendrán repercusiones por muchísimo tiempo en la industria cinematográfica”, refirió el comentarista cinematográfico Mauricio Sánchez, administrador del grupo Música y cine de Facebook.

Las caras de asombro de estrellas como Brad Pitt o Robert de Niro resultaron, por lo menos, embarazosas cuando Gervais, excusándose en que era su quinta y última vez que moderaba la gala, expuso nuevamente el reino de terror de Harvey Weinstein, el icónico productor señalado por decenas de actrices como acosador y quien, finalmente, enfrenta juicio por estas denuncias luego de haber regido a sus anchas los destinos de muchas de estas ilusas (y no tanto) mujeres, quienes debieron prestar favores sexuales para poder ascender al estrellato.

Otro de los trapos sucios que Gervais blandeó con descaro fue el reciente suicidio del financista Jeffrey Epstein (amigo de presidentes como Donald Trump y Bill Clinton), hallado muerto en su celda en agosto del año pasado tras ser encerrado por un escándalo de tráfico de menores que involucraba a la élite del negocio del entretenimiento y la política norteamericana. “Ya sé que era vuestro amigo”, le dijo al auditorio.

Durante la entrega de los premios que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, el comediante afirmó sobre el debut de la empresa Apple en el mundo del streaming: “Apple ha entrado en el sector de la televisión con The morning show, un excelente drama sobre la importancia de la dignidad y hacer lo correcto; hecho por una compañía que dirige talleres de explotación laboral (sweat-shops) en China”, corriendo la cortina del histórico uso criminal que hacen las corporaciones transnacionales de menores, mujeres y empleados subpagados en países del llamado Tercer Mundo.

El pederasta Jeffrey Epstein con su influyente amigo, el muchacho de la película

La historia sin fin

Shirley Temple esquivó miembros

Casi desde sus inicios (1911, cuando se fundó el primer estudio) Hollywood descolló por sus excesos. No se imaginaron los franceses hermanos Lumière que tras su rudimentario invento para recoger estampas familiares por allá, por 1895, entre Lyon y París, crecería una industria allende los mares con un alcance tremendamente poderoso, universal y desbordante, que tendría al oeste de Estados Unidos como meca y se ensamblaría, como una pieza muy bien aceitada, a una maquinaria mundial que maneja millones de dólares e intereses.

Según la  Unesco, Hollywood produce, al menos, 85% de las películas que se exhiben en todo el mundo, con todo su poder de seducción y su implacable capacidad de penetración cultural, afianzando una serie de preconceptos y estereotipos de belleza y del estilo de vida (el american way of life) que parecen modelar gustos y saberes en la mayoría de las sociedades, donde tiene un peso incuestionable. Es el principal estandarte de lo que algunos analistas han denominado el “imperialismo cultural”.

Según la Unesco, Hollywood produce, al menos, 85% de las películas que se exhiben en todo el mundo

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Cosby y sus 40 violadas

Pero sus fauces están llenas de estiércol. Desde la simpática Shirley Temple, la recordada niña de risos platinados de la edad dorada de Hollywood, quien en su autobiografía cuenta cómo a sus 12 años un productor de la Metro Golden Mayer le ofreció sus genitales para “impulsarla” al estrellato. Pasando por el “Papá de América”, el comediante Bill Cosby, famoso por el show donde encaraba a un cariñoso padre de familia, acusado de violador por más de 40 mujeres. Hasta llegar a Harvey Weinstein, creador, junto a su hermano, de la poderosa productora de cine independiente Miramax que catapultó al genio creativo de Quentin Tarantino, recientemente indiciado por abusar sexualmente de, al menos, ocho mujeres, mientras Hollywood en pleno sabía de su despotismo y se lavaba las manos, como denunció el periodista Ronan Farrow, hijo de la actriz Mia Farrow y del director Woody Allen.

Entretanto, a Kevin Spacey, célebre por sus papeles en Belleza americana y Sospechosos habituales (ganador del Oscar como actor en ambas), y afín a las ideas políticas de izquierda, le pasaron por encima con su aplanadora hipócrita de falsa moral al ser acusado por acoso sexual hacia un joven actor 30 años atrás, por lo cual lo desterraron hacia el ostracismo absoluto de su cosmogonía.

La caída de Kevin Spacey: ¿por gay o por rojo?

Con todo y su Netflix

Advierte la contratapa del libro Historia negra de Hollywood, de Kieron Connolly: “Con 100 años de vida, Hollywood representa el mayor negocio cinematográfico mundial y sus películas fascinan al mundo entero. Pero las historias que hay detrás de las cámaras a veces superan a las de la pantalla. Desde Fatty Arbuckle y Charlie Chaplin hasta Errol Flynn, y desde Lana Turner e Ingrid Bergman hasta Roman Polanski, la historia de Hollywood rebosa de escándalos amorosos, adicciones, sobredosis, muertes misteriosas e incluso asesinatos. Hollywood crea estrellas y a veces las controla y protege de sí mismas y del público. Pero, ¿cómo ha sido en realidad la vida privada de Judy Garland, Marilyn Monroe, Clark Gable, Frank Sinatra y Tom Cruise?, ¿tenían realmente los estudios a la prensa y a la policía en el bolsillo?, ¿cómo influía la mafia en los sindicatos y cómo extorsionaba a los estudios?”.

“… Hollywood crea estrellas y a veces las controla y protege de sí mismas y del público”.

(Kieron Connolly)

En plena era de Netflix, del imperio de series y películas para TV de la cadena HBO y del dominio de la opinión pública por parte de los “youtubers”, el sino desenfadado, limítrofe con lo criminal, del star system norteamericano no parece tener fin. Al contrario, quizás encontró formas más estilizadas, un maquillaje que, sin embargo, no esconde su trasfondo de terror.

“Por cierto, este año ha habido muchas películas de pervertidos: Leaving Neverland (el documental sobre Michael Jackson), Los dos Papas (protagonizada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce)…”, sentenció Ricky Gervais mientras introducía otra temática de rabiosa actualidad: la Iglesia, su grosero poder de manipulación y su oscura aproximación a la sexualidad.

Hollywood, una industria que alcahuetea a sus hijos, y a veces se los devora

ÉPALE 355