ÉPALE 241 LA TRAMA COTIDIANA

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

 

En más de una calle de Praga se puede leer, en la típica plaquita pegada en un rincón de la pared de una edificación: “Aquí vivió Franz Kafka”. Uno podría pensar que tantos carteles son producto de algún tipo de viveza dirigida a cazar turistas. Sin embargo, más bien son un testimonio de la inestabilidad económica de uno de los escritores más emblemáticos de la literatura contemporánea.

Su poética se cimienta en el tema del orden interno y opresivo de la sociedad, cuyos personajes están inmersos en una situación en la que el desasosiego es estructural. En un primer momento uno califica su trabajo como de un nihilismo puro, sin salidas. Sin embargo, con una lectura más reposada o más acuciosa, comenzamos a comprender la gran carga de humor, de sarcasmo y de ironía que transversa toda su obra. Y allí reside lo subversivo y profundamente innovador de sus escritos.

Llevar a escena algunos cuentos y su obra cumbre (La Metamorfosis) es, a mi juicio, una tarea complicada y altamente riesgosa si se quiere hacer un trabajo que dé cuenta del espíritu del autor y, al mismo tiempo, alcanzar claves teatrales con sentido y calidad.

Marisol Martínez y su equipo logran ese cometido a cabalidad. Se siente esa permanente ironía que subyace en toda la obra de Kafka y, al mismo tiempo, no deja de expresarse una tormentosa manera de ver el mundo.

Un logro que se puede destacar de Hotel Kafka es que toda esa complejidad se expresa con frescura y un claro estilo juvenil.

El espectáculo está estructurado como un recorrido que se lleva a cabo en dos segmentos, marcadamente diferenciados. Una primera parte conformada por los relatos “Un informe para la academia”, “Un artista del hambre”, “Un artista del trapecio”, “La ley”. Y una segunda parte con La Metamorfosis.

Esta división tan acentuada luce como una debilidad de la puesta, ya que se resiente la homogeneidad del espectáculo global. Pero, dado que es un recorrido por diversas situaciones independientes dentro del hotel, la falta de unidad no termina de ser una falla, aunque extrañamos la unidad conceptual y estilística entre los dos grandes segmentos.

Celebramos Hotel Kafka. Lo entendemos como un acierto teatral y una muy buena interpretación del discurso de Franz Kafka, en el que la distancia y la crítica a la convención social está más cerca de la ironía y el sarcasmo que del nihilismo y la tristeza. Esto, tal vez, explica que las carencias económicas que lo obligaron a cambiar de residencia tantas veces, tuvo que ver más con ser un anticonvencional que con un deprimido y arruinado ciudadano de Praga.

 

ÉPALE 241

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