Hotel y restaurante Ávila

Publicado en Épale 145 el 6 de septiembre de 2015

Por Mercedes Chacín • @MercedesChacin / Fotografías Jesús Castillo

Si usted piensa en hoteles y conoce la parroquia San Bernardino, ubicada en Caracas, es posible que piense en el Hotel Ávila. Pero si usted piensa en restaurantes, es posible que Hotel Ávila no se le presente como una opción. Y es normal. Está en una zona residencial fuera del bullicio del centro y de la diversidad gastronómica que caracteriza a otros sectores de Caracas, más alejados del “mundanal ruido” del centro de la capital de la República Bolivariana de Venezuela.

Pero resulta que sí hay un hotel y allí hay un restaurante que casi tiene tantos años como el hotel: el Ávila. Fundado en 1942, lo cual quiere decir que tiene 73 años, fue diseñado por el arquitecto estadounidense Wallace Harrinson, quien resulta que es el mismo de los edificios del Rockefeller Center y de la sede la de la Organización de las Naciones Unidas, ubicados en Nueva York.

El capitán de mesoneros, José Enrique Andara, con 22 años trabajando en este restaurante de 52, nos cuenta que en la cocina trabajan 15 personas lideradas por la chef Christianne Hernández, quien ha tenido especial interés en incursionar o desarrollar platos de la cocina venezolana. No obstante, la carta de este restaurante tiene sus peculiaridades: en ella predomina platos italianos y gringos. La carta de pizzas y hamburguesas es especialmente extensa, trabajan con horno de leña y tienen un servicio grill de carne de res y pollo, que preparan a la vista de todas y todos, pues está integrado al ambiente de la piscina.

La carta de hamburguesas tiene nombres alusivos a lugares que en su mayoría se encuentran en el Waraira Repano. Son seis tipos de hamburguesas: Naiguatá (pico), Humboldt (hotel), Oriental (pico), Galipán (pueblo), Picacho (pico) y Bolívar. Cuenta Andara que allí nació la idea de una cadena de tiendas de hamburguesas con el nombre del hotel. Nos decidimos por la Hamburguesa Galipán con topping de queso azul y tocineta. Las sirven con papas y/o yuca frita y una ensalada rallada sin pretensiones de ganar un concurso gastronómico.

Las pizzas forman parte importante del menú. Ahí nos encontramos con las tradicionales, entre las que contamos la marinera (camarones, pulpo y calamares), que ese día no contó con uno de los tres mariscos
prometidos: le faltó el pulpo. La masa delgada y crujiente satisfizo paladares, al igual que la sopa de pescado.

El pollo grillet y Toscana, la punta trasera, el solomo y la curvina son los platos más pedidos después de las hamburguesas. “Viene mucha gente de las o_ cinas a comer acá al mediodía”, precisa Andara, y pensamos que la gente para comer allí debe pagar un promedio de 1.200 bolos por hamburguesa, lo cual es demasiado por tratarse de un pan redondo con un tolete de carne adentro, por más topping que tenga.

Trabajan todos los días desde la 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, que así debe ser si es un hotel cuatro estrellas que se precie de tal.

ÉPALE 382