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POR MALÚ RENGIFO •@MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Cuando se dice Playboy es común imaginar una bella mujer famosa protegida de la intemperie por unas orejitas de conejo y un pompón en el medio de las nalgas. O un viejito sadicón en la decadencia del lujo excesivo, cubierto por una bata de satén rojo, y con una pipa apagada entre los labios. Está bien: esas son las dos imágenes que más se difundieron acerca del trabajo y de la vida de Hugh Hefner, pero hoy no vamos a hablar sobre orgías y excentricidades acerca de las cuales no tenemos pruebas, sino sobre algunos datos que hacen de este hombre un personaje interesante de conocer.

El interés por el mundo editorial apareció a muy temprana edad. A los 18 años ya publicaba caricaturas en un diario y a los 20 estaba encargado de la revista de humor publicada por la Universidad de Illinois.

No era un hombre de familia adinerada. A inicios de los años 50, habiendo dejado varios trabajos atrás, su futuro tendía hacia lo incierto, excepto por el hecho de que una idea novedosa se le había sembrado en la cabeza: producir una publicación que pudiera satisfacer los intereses masculinos luego de la guerra. Pidiendo dinero prestado a su familia y empeñando los muebles de su casa, reunió lo suficiente para comprar una vieja fotografía no publicada de Marilyn Monroe en tetas, y colocándola en el interior de la revista como afiche desplegable, dio inicio a una publicación que lo convertiría en uno de los hombres más ricos e influyentes del mundo entero. El primer número de Playboy, contaba Hefner, se produjo en el mesón de la cocina de su casa.

Con el tiempo el éxito de la revista se consolidó y personalidades como Gabriel García Márquez, Truman Capote, Margaret Atwood, Jackn Kerouac y muchos otros y otras grandes fueron convocados a nutrir con su pluma las páginas de Playboy. 13 de los escritores que publicaron textos en Playboy fueron más tarde ganadores del premio Nobel de literatura, el último artículo publicado por Martin Luther King antes de ser asesinado había sido incluido en la revista Playboy, y las conejitas se hicieron a un lado para dejarle espacio a la publicación por entregas de la famosa novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, cuando ya varias editoriales le habían dado la espalda al autor.

Hefner es visto por millones como un hombre comprometido con la libertad, un apasionado activista por los derechos civiles. Contrario a lo que era costumbre en los Estados Unidos de los años 60 y 70, el magnate puso a la orden sus espacios para la difusión del trabajo de artistas y personalidades afrodescendientes. También se interesó por los derechos de la población LGBT, la discusión acerca del aborto, la píldora anticonceptiva y los derechos reproductivos de la mujer en general.

“El sexo es un buen negocio siempre que sea una transacción de mutuo acuerdo entre adultos”, decía Hef. Mis amigas feministas se van a enojar conmigo.

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