Incitatus

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

Calígula, la primera obra teatral que Albert Camus escribió, trata sobre el poder y su capacidad de incidir en la psiquis de quien lo detenta y sobre quien se ejerce ese poder. Calígula queda trastornado cuando muere su hermana-amante. Pasa de ser un emperador justo y bondadoso a un tirano cruel y nihilista, quien demanda de su imperio cosas absurdas e imposibles de realizar.

Cualquier luto, cualquier despecho causa sobre quien lo padece arrebatos de locura, nihilismo, tristezas, ganas de destruirlo todo; tal vez ganas de llorar, de emborracharse o de tirarse por un puente. La gama es más amplia y cada quien tendrá una expresión de ello. Lo malo es que si la persona que lo sobrelleva tiene mucho poder, las consecuencias no solamente lo lesiona a él, sino que pueden perjudicar a mucha gente.

Aunque la intención de Camus se decanta por presentar el poder desde una perspectiva existencialista, esta pieza nos sirve para abordar las consecuencias del poder desmedido. No basta con la bondad, o la inteligencia, o la buena voluntad, o el carácter de quien detenta el poder, es necesaria una estructura que esté muy por encima del gobernante; es decir, todos bajo el imperio de las leyes. De manera de que si al poderoso le da una puntada, que con su pan se lo coma, pero que deje en paz a su prójimo.

El caballo preferido de Calígula, Incitatus, encierra un anecdotario que cabalga entre la leyenda y la Historia. En los dos casos, el carácter despótico, cruel y perversamente desquiciado de Calígula parece ser el eje central de su historia personal y el de la Roma que gobernó.

Calígula amaba a su caballo pero despreciaba a la ciudadanía y a las instituciones romanas. Eso lo llevó a investir de cónsul a su caballo. Porque le era fiel, le ganaba carreras. Pero tal designación también le servía para humillar a la gente y demostrarles que él podía poner a gobernar a quien quisiera.

Es evidente que no importa la época ni el nombre del gobernante que maneje un poder desmedido. Si existe alguien, en pleno siglo XXI, en Occidente, que detente un poder similar al de Calígula, es perfectamente posible que cualquier anomalía espiritual, intelectual, psicológica que sufra tal gobernante pueda tener expresiones análogas.

Si Calígula le dio la jerarquía de cónsul a un caballo, nada tiene de raro que el presidente de un país imperialista, que desprecia a un país ubicado en lo que él considera su patio trasero, designe a un burro como su candidato a gobernarlo.

Por cierto, cuando Incitatus perdió su primera carrera Calígula lo mando a sacrificar, prodigándole una larga y tortuosa muerte. Así tratan ellos a sus equinos.

ÉPALE 365