TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE289-TRAS EL DISCURSOHace 21 años el director norteamericano Gus Van Sant rodó el filme Good Will Hunting (EEUU, 1997), el cual en nuestras carteleras tuvo la inverosímil traducción de En busca del destino. Nos encontramos ante un filme sobrio, con un guión equilibrado y con un corpus histriónico respetable, donde la actuación del desaparecido Robin Williams descolla. Sin embargo —como suele suceder, incluso en las mejores muestras cinematográficas—, su contenido rezuma aspectos típicos de la sociedad gringa, como lo son el éxito como resultante obligatoria de la formación académica clásica y aquello que marcó toda una era: la New Age y su inherente carga pseudoterapéutica. En primera instancia, se nos presenta como contexto al Instituto de Tecnología de Massachusetts y todo el narcisismo científico e intelectual que este trae consigo: fiel representante de la Ivy League, donde solo una reducidísima élite puede osar pisar sus aulas tras cancelar la cuota total de más de 180.000 dólares. A esta fábrica de arrogantes arriba el buen Will Hunting, quien posee una mente privilegiada, en condición de conserje. Tras ser descubierto por un laureado catedrático Will, y para no ir a la cárcel por problemas de violencia, colabora con este en el desarrollo de avanzados modelos matemáticos, solo que su actitud es de total displicencia, opera como un resentido con una inteligencia que va más allá de lo comprensible. Dicho resentimiento y desdén obedecen a que Will no es más que un amasijo de miedos: miedo de amar, miedo de ser aceptado, miedo de encontrarse consigo mismo. Entonces, quedas expuesto el nudo gordiano de la trama: una mente infinitamente brillante es incapaz de ver hacia adentro, de identificar “su problema”. En lo sucesivo, la línea narrativa dicotómica compuesta por la erudición y el conocimiento experimental de la vida es lo que mantiene la tensión dramática del guión. No obstante, como el filme tenía que terminar en una gringada más, el irreverente, genial y “outsider” Will termina arrastrado por la centrípeta fuerza del sistema: la terapia del psicólogo Sean Maguire (Robin Williams) lo ayuda a “encontrarse a sí mismo”, es decir, a ser “un ciudadano modelo”. Al parecer, las “mejores universidades del mundo” están diseñadas para que sus alumnos aprendan a pensar… a pensar en cómo adecuarse al sistema.

ÉPALE 289

Artículos Relacionados