POR TATUN GOIS • @LASHADAS1974

ÉPALE271-SOBERANÍAS SEXUALES¿Quién no se ha interesado en alguien con quien estudia o trabaja? ¿Quién no ha sentido, tras la más ardiente pasión envolvente, que el amor eterno caduca al año y medio? Creo, sin temor a equivocarme, que ninguno de nosotrxs escapa de esa malvada alquimia, y la pregunta que me estoy haciendo desde hace meses es ¿qué hacer? ¿Cómo se enfrenta el hecho de que tal vez inicias una relación con alguien muy cercano, con toda la ilusión de que se cristalice pero que termina en un mal sabor de derrota en la boca?

Será que definitivamente eso de formar parejas felices no tiene nada que ver con el amor, y el éxito de estas radica en la negociación de los participantes, quienes ejerciendo sus soberanías deciden, así como cuando hay elecciones, seguir juntxs en un proyecto de vida común.

La verdad es algo que descoloca, que desinfla el ánimo y el alma, sobre todo porque la relación comienza como a secarse y muchas veces uno se acomoda a eso. Como que se asume que debe ser así y se valoran otras cosas. “¡Hey! ¿Qué pasa? ¿Te estás oyendo?”, grita una voz en mi cabeza mientras escribo, y yo intento hacer “alarde de madurez” y contesto: “Claro, una aprende a valorar la compañía, la carga compartida, el sexo de vez en cuando y, como tampoco es algo que provoca uno, hasta agradece la escasa demanda”. Acto seguido, caigo en cuenta y me pregunto: “¿Qué mierda es esa?”. Porque es mentira que el deseo se extingue a los 40 años, sobre todo cuando, de pronto, un día cualquiera, sin avisar ni mucho coqueteo previo, alguien llega y te estampa un beso que te estremece todo, no por bueno sino por furtivo. Entonces caes en cuenta que permitir ese aletargamiento en la vida de pareja te aletarga la vida misma.

Es mágico de pronto descubrir cómo, sin importarles para nada la edad cronológica, tus venas se pueden transformar en una pista de fórmula 1; cómo ese beso furtivo, corto e irrepetible te sacude como una varita mágica y te arranca el hastío de encima como una mala yerba.

Entonces te sientes mala persona y te avergüenza pensar en la persona con quien iniciaste un proyecto que no se consolidó por, precisamente, no comprender que una relación de pareja debe forzosamente estar llena de amor todo el tiempo, que el amor se debe acabar como las neuronas: muy poco a poco para que la lucidez te acompañe hasta en la vejez. Que solo se vive una vez y que los amores se llaman, te rondan, que tu vibra atrae tu tribu y que vale la pena defender tu derecho a las cosquillas en el bajo vientre, frente a una mirada con la misma intensidad de la primera vez cada vez que sea posible.

ÉPALE 271

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